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Un listado interminable: el misterio de los ministerios

 Tenemos 20 Ministerios, y es un misterio qué es lo que hacen y cómo aplican sus fondos.

Téngame paciencia en este párrafo, que agota de sólo leerlo. En realidad, tenemos Presidencia de la Nación, 1 Jefatura de Gabinete de Ministros, 20 ministerios, 109 Secretarías y 179 subsecretarías. Hay que sumarles los miembros de ADP (Alta Dirección Pública) y APN (Administración Pública Nacional), que juntas suman 23 Unidades de auditoría interna, 523 direcciones nacionales o generales, 296 direcciones de primer nivel operativo, subdirecciones nacionales, o auditorías adjuntas, 849 direcciones de segundo nivel operativo y supervisiones, más 750 coordinaciones o responsables UAI.

Por ejemplo, la Jefatura de Gabinete tiene 307 y el Ministerio de Economía tiene 289 cargos de Alta Dirección. El recientemente creado ministerio de Mujeres, Género y Diversidad tiene 60

Hay unidades sustantivas, de apoyo y de control. Es un misterio por qué no se pueden centralizar varias de esas áreas. Otro misterio es porqué hay unos 70 Entes y Organismos, con funciones importantísimas como el INTA o Senasa y otras muy difusas (cada lector tendrá su ejemplo favorito). Hay 26 Fondos Fiduciarios, museos, institutos y fundaciones.

Uno de los elementos básicos de una organización es la confianza, la creatividad, la posibilidad de evolucionar y coordinar sus actividades. Es un misterio cómo coordinan entre sí los ministerios. Debe ser por eso que ahora se están firmando convenios y/o acuerdos entre distintas áreas del Poder Ejecutivo, con fotos y anuncios en redes sociales. Cada gobierno ha intentado adaptar el funcionamiento de tantas áreas, pero como la mitológica Hidra de Lerna de varias cabezas, cuando se le cortaba una, crecía otra.

Sabemos la edad promedio y el género de los miembros de esta Hidra de casi 2500 cabezas, pero son un misterio sus objetivos, sus presupuestos ni sus resultados. Otro misterio es cómo se asignan los presupuestos (además de los sueldos, claro). Imposible que haya criterios generales para definir elementos básicos.

En todas partes del mundo, por definición todo gasto público es más caro y lento que si fuera realizado por el sector privado. Hay que definir prioridades, en qué se gasta, cuándo y cómo. Luego hay que realizar licitaciones, controlar lo realizado y el gasto. Participan auditorías y sindicaturas.

Esas etapas con las normales, sin considerar ineficacias ni corrupción. En el sector privado esos procesos tienen menos etapas y son más ágiles, por lo que el Estado sólo debería limitarse a aquellas tareas que el sector privado no puede o debe realizar. Y por supuesto, no debería sustituir al sector privado porque -en definitiva- es más caro.

El presupuesto de la Nación distingue correctamente entre gastos corrientes y de capital. El total previsto (aunque será muy difícil que se cumpla) son aproximadamente $ 8400 billones. La inversión real directa es solamente $284 billones, es decir, menos del 3,5%. El resto son gastos corrientes (quiere decir que no tienen una contrapartida en activos: salarios, prestaciones, subsidios, jubilaciones, etc.) Considerando los aproximadamente 45 millones de habitantes, el funcionamiento del Estado Nacional representa un costo un poquito menor a $196.000 por habitante.

Tenemos un Estado nacional enorme, con pocas funciones. Recordemos que Educación, Justicia, y Seguridad son mayormente gastos de las provincias y no están incluidos en esos $ 8400 billones. Hay que sumar el gasto de cada provincia para cada uno de nosotros.

Aunque el Estado nacional fuera eficiente, eficaz, transparente e incorruptible, su costo es monumental. Debe racionalizarse imperiosamente. No es ningún misterio que, así como está da pocos y malos servicios.

Diana Mondino