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Argentina, líder en tecnología aplicada a los seguros para el Agro


 

Big data, Analytics y algoritmos ayudan a calcular los riesgos climáticos con mayor precisión.

Mayor certeza sobre el riesgo climático real en cada lote, mejor previsibilidad, mayor productividad sobre los lotes futuros y mejores coberturas determinan una gestión más eficiente, menos riesgosa y un mayor respaldo por parte de entidades financieras.

 

Persona con barba y bigote

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AutorJuana Capdepont – Gerente Agro (DDN Central de Seguros)


El agro no paró y no para, estamos entrando en la recta final de una campaña distinta marcada por el COVID, la pandemia y el fenómeno climático de “La Niña”.  Un escenario de muy buenos precios, con valores superiores a los de meses anteriores y hasta de las últimas campañas, con lluvias muy diversas y situaciones dispares, donde todavía el clima sigue marcando el posible resultado final de la campaña, ya que estos últimos días de tanto calor afectan las situaciones de los cultivos de segunda.

Si uno le pregunta a un productor agropecuario -sin importar su escala- cuál es en su percepción unos de los riesgos más importantes y que más le preocupa, siempre aparecen los riesgos climáticos en los primeros puestos, aumentando su incidencia sobre aquellos productores más pequeños.  Es fundamental poder transferir estos riesgos a través de seguros climáticos que permitan estabilizar los ingresos a lo largo del tiempo.  Nos encontramos con la “fábrica a cielo abierto”.

En cuestiones de seguros climáticos siempre hubo cierto grado de incertidumbre sobre el riesgo real en el lote, sobre todo en lo que se refiere a sequia e inundación, ya que no existía la posibilidad de cubrir esos riesgos o bien las percepciones del riesgo por parte del productor agropecuario y de la compañía estaban muy lejos. 

La buena noticia es que en la actualidad la tecnología está permitiendo un gran avance en todo lo que es gestión de datos, ya sea en la toma de información (satélites, radares, drones, sensores) avalados por estaciones espaciales, como en la posibilidad de ordenarlos, procesarlos y generar algoritmos para poder calcular con mayor precisión los datos climáticos y productivos más reales de un lote o zona.  Por otra parte, el poder retroceder aproximadamente 20 años en el registro de datos, permite tener historia para generar índices o parámetros para armar nuevas coberturas, trasferir los riesgos climáticos y estabilizar ingresos.

 

Seguros paramétricos y Seguros índices

Hoy en día contamos con alternativas de seguros paramétricos reales basadas en índices que surgen de la data sciences.  Se desarrolla un índice (con historial de los últimos 20 años), se lo correlaciona con datos de rendimiento y, finalmente, se construye un umbral para determinar daños y anomalías. 

En nuestro mercado existe la tecnología para realizar seguros paramétricos que tienen en cuenta el Índice Verde o NDVI (Índice de Vegetación Diferenciada Normalizada); un indicador simple de biomasa fotosintéticamente activa que permite identificar el cultivo, conocer su estado de desarrollo, calcular su tasa de crecimiento y estimar su rendimiento.  Se ofrece a través de S4 index de la Compañía de Seguros El Norte. También existe el índice TVDI (Temperature Vegetation Dryness Index), un índice satelital de déficit hídrico que combina el índice Verde NDVI con la temperatura de la superficie del suelo; al determinar el estado de la humedad -o sequedad- del sistema suelo/planta, establece una relación entre las altas temperaturas y la sequía.  Vale destacar que el impacto de esas temperaturas altas en la humedad del suelo depende de la cantidad de cobertura (biomasa) que presente (a mayor biomasa, menor incidencia de las altas temperaturas, y viceversa).

Sancor Seguros ofrece esta posibilidad de cobertura para los cultivos de soja, y se encuentran trabajando sobre el desarrollo de maíz y sobre otro índice de exceso de agua también. 

Más tímidamente se viene asomando la posibilidad de asegurar índice de milímetros de lluvias para periodos críticos como, por ejemplo, en caso de falta de lluvia en el verano y exceso de lluvias en el otoño para soja y maíz, como es el caso de Agriclime de Syngenta o como sucede en otros países con los certificados de mm de lluvias para esos periodos. Actualmente, gracias a tecnología de radares meteorológicos, estaciones meteorológicas y sensores, se pueden obtener online los datos de mm de lluvia.

Gracias a la tecnología, algunas compañías de seguros -el caso de Sura- han desarrollado distintas alternativas como Geosura, que es una plataforma para prevenir riesgos climáticos de un campo asegurado. Realizan seguimiento del cultivo, intensidad de tormentas y probabilidad de granizo, ocurrencia de granizo y cantidad de precipitaciones, heladas y bajas temperaturas.  Esta tecnología le permite a Sura armar también seguros índice como es el caso de un programa de Cebada que tienen en Uruguay, donde armaron un seguro índice de milímetros de lluvia.

En cuanto a los seguros de índice es importante que el índice sea autónomo, independiente, y que determine si se produjo un evento o no, por ejemplo, si hay sequía y cuál es su intensidad. En el caso del TVDI de Sancor Seguros la entidad que publica el índice es la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales). El siniestro no depende del ojo del perito, y permite reducir costos dando transparencia; además, la data satelital admite llegar a lugares a los que antes no se podía acceder, transformando la cobertura en algo más masivo.

 

Las nuevas tecnologías permiten cotizar Seguros a Medida aun en escenario de cambio climático

Qué es el cambio climático. Según la definición de las Naciones Unidas, se tiende como cambio de alguno de los componentes del clima (precipitaciones, temperatura, presión atmosférica, etc.), atribuido -en forma directa o indirecta- a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que suma a la variabilidad natural del clima.

A su vez existe una diferencia entre lo que es Clima y Tiempo, términos que suelen confundirse. Ambos se refieren a condiciones locales de temperatura, precipitaciones, vientos, etc., pero la principal diferencia es la duración. El clima incluye periodo de tiempo de por lo menos 30 años mientras que el tiempo es actual.

Desde hace algunos años se están percibiendo las consecuencias del cambio climático.  Uno de los efectos es que se generan anomalías o inestabilidades en los patrones que -hasta ahora- conocemos; esto genera situaciones denominadas tiempos o pulsos extremos.  Los Tiempos Extremos tienen mayor frecuencia e intensidad a causa del cambio climático.  Por ejemplo, las olas de calor se volvieron más asiduas, suelen durar más y alcanzan valores extremos; las lluvias se presentan más espaciadas, pero exhiben una intensidad creciente y con distribución dispar y, por otra parte, emergencia de fenómenos dramáticos como pueden ser los incendios. Esto hace que el clima y el tiempo tengan mayor inestabilidad, generando una mayor necesidad de transferir los riesgos que existen y, por consiguiente, mayor demanda de seguros climáticos.

Afortunadamente, en nuestro mercado contamos con herramientas para poder armar índices paramétricos basados en tecnologías satelitales sumado a la gestión de datos con sus algoritmos.  Más tecnología para predecir y seguir datos climáticos a nivel de lote, es decir, tenemos la mirada desde el aire.  Para poder calcular bien el riesgo faltaría, entonces, la “última pata”: la mirada desde el lote, la Agricultura Digital aplicada a los seguros.

Hoy nuestro país cuenta con distintos sistemas de Agricultura Digital en donde el productor agropecuario vuelca su gestión a campo, protocolizando y ordenando su recolección de datos a campo. Esto genera un sinfín de ventajas: mayor conocimiento de su lote, mejor productividad, mejor sustentabilidad y responsabilidad de producción al incorporar menor cantidad de agroquímicos -de acuerdo con la necesidad real del lote, cuidando el ambiente-, mayor trazabilidad sobre su producción generando datos que le permiten vender en mercados donde ya piden identificación y trazabilidad de alimentos y, por último, genera información muy valiosa para las compañías de seguros para que -en un futuro- puedan armar coberturas a medida y según las necesidades reales de cada productor agropecuario.  Existen varios ejemplos: SIMA (Sistema Integral de Monitoreo Agrícola), con monitoreos protocolizados que permiten generar distintas alertas, ya sea de malezas o insectos, etc., lo que significa una gestión de datos a campo más eficiente.

La tecnología proporciona una mejor “radiografía” de cada productor para poder armar seguros a medida, especialmente cuando se trata de sequía o inundación. O bien, nos permite detectar zonas con distintos riesgos climáticos.  Estamos en el camino  para hacer pólizas de riesgos climáticos a medida. 

En el tercer milenio la dinámica del negocio del agro a nivel global está dada por la digitalización del management de la producción, a lo que se suman la tecnología digital, las posibilidades de las ciencias de datos, la biotecnología, la nanotecnología e Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés).

Se pueden establecer alianzas estratégicas para integrar la información desde diferentes puntos de vista según los players del mercado.  Esto, definitivamente, beneficia a todos: productores agropecuarios, empresas con distintas tecnologías, brokers y aseguradoras. La utilidad de estas herramientas para la determinación de daños en los siniestros es clave.

En particular en lo que hace a los brokers, nos permite llevar una mejor gestión sobre nuestros clientes, adelantarnos y tener alertas de posibles granizos o heladas, así como informarles de siniestros. Tener información para pedir prórrogas de coberturas o -en casos de años secos y complicados- acreditar la situación del productor. Incluso para poder realizar un análisis de riesgo climático de nuestros clientes.

Hay que seguir avanzando en la tecnología aplicada para medir riesgos.  Subirnos a la Era Digital en los Seguros de Agro nos permite dar servicios de valor agregado a los clientes a partir las predicciones que se infieran según la información que brindan las nuevas tecnologías, seguir de cerca al cliente y sus cultivos.  En nuestro rol de brokers esto es fundamental.  Es la forma de trabajar en seguros en el siglo XXI.