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BANCO HIPOTECARIO

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Dólar, inflación, tasas e YPF: la brecha cambiaria y por qué febrero no será igual a enero

 Por Julián Guarino

Primero y principal, si está esperando una suba de tasas para hacer un plazo fijo porque la velocidad que marca la inflación le está comiendo el poder adquisitivo de sus pesos argentinos, ponga agua para el mate, siéntese un momento, seleccione con cuidado la yerba que piensa cebar, y respire hondo. Pocas vacaciones ha tenido el ahorrista y pocas tendrá de aquí en adelante. Nada de sueños húmedos. Más bien lo contrario. El dato duro a vencer sigue siendo la inflación (4% en diciembre), que ha deparado no pocos desafíos en tiempos donde los precios aventajan de forma sustancial a las tasas de interés que pagan los bancos y donde la velocidad a la que se mueve el premio de las entidades financieras para aquél que deposita sus pesos ya da negativo. Mejor que nada, pero así y todo, mal negocio.

Para el lector de Ámbito, la información puede decir que el BCRA no piensa, por ahora, acomodar las tasas de interés hacia arriba. Fuentes de la entidad, importantes, quieren ver qué pasa con la economía argentina en las próximas dos semanas. Consideran que en diciembre y los primeros días de enero ha existido cierta anomalía que no necesariamente pueden arrojar la velocidad crucero a la que se supone que viaja la inflación, en detrimento de las tasas. Basan este análisis en el reacomodamiento de precios relativos, sobre todo en cuestiones tan sensibles como los combustibles, la carne y los granos. La hipótesis marca que si bien esas materias primas han subido en su cotización internacional, tampoco lo harán con la misma fuerza de ahora en adelante.

Entra también allí el caso YPF. Las olas de incertidumbre y versiones de estatización que impactaron negativamente en los mercados bursátiles para la compañía tendrían que pagar derechos de autor. No por nada, el papel de YPF ya venía recibiendo un castigo durísimo dado el proceso de reestructuración de su deuda externa de 6.600 millones de dólares. Eso, a pesar de que la gestión de Sergio Affronti ha mejorado sensiblemente los números y las proyecciones de la compañía.

El problema también es que ese golpe de mercado se trasladó, por elevación, a otras compañías que también se encuentran en conversaciones para reestructurar sus deudas, hace ruido y desde el BCRA han comenzado a monitorearlo en detalle. Sabido es que hay fondos de inversión, también bancos que tienen en sus carteras deuda de YPF y que además de negociar todos los días en la bolsa, también se sientan a renegociar cómo la compañía pagará sus bonos de ahora en adelante. Una baja pronunciada de la acción por algunos días no sólo le resta capitalización a la empresa, sino que también hace zozobrar a los inversores, aumenta el riesgo y pone un piso más alto para lograr un acuerdo. Por eso hay rumores que no han caído bien en Hacienda. Uno de ellos, el fondo Gramercy, vinculado a Marcelo Etchebarne y amigo de José Luis Manzano. Pero hay una pregunta más ácida: cuántas acciones de YPF vendió el fondo Blackrock en las últimas semanas. Cuántas acciones recompró en el peor momento de la cotización. Más preguntas. Cuáles son los hilos invisibles que unen a los halcones de Cambiemos con las propaladoras electrónicas de versiones malintencionadas que arrojaron la ecuación especulativa que llegó a Wall Street, y que proponía que la salida de Guillermo Nielsen de YPF y el ingreso del ex vicegobernador de Santa Cruz, Pablo González, era la decisión política de estatizar la petrolera.

Volviendo a las tasas del BCRA, el 38% que se paga en el sistema a los bancos (Leliq) parece poco si, como proyectan, la inflación estimada por el sector privado rondará el 50%, con algo de elasticidad porque a eso habrá que agregarle aumentos vinculados a precios que hoy están aún regulados.

Pero hay también otro parámetro de luz naranja. La velocidad a la que viaja el dólar oficial. En diciembre, ese recorrido se hizo a un 47% anual. Remite, claro está, a otra definición que acunan en el despacho de Miguel Pesce, hombre fuerte de la economía argentina. Esto es la convicción de que pase lo que pase, no habrá el descuido de atrasar el dólar, mucho menos cuando aún el cepo camina en sentido contrario, es decir, cuando no se ha movido una coma para ir desarmándolo. Nadie piensa en el Gobierno que el cepo vaya a ser levantado, más bien, que se trata de algo que ha llegado para quedarse, con todas las mejoras que puedan hacerse incluidas. Para ponerlo en criollo, 2021 será año de cepo cambiario reforzado. La mecánica aparece bastante simple: sólo se liberan los dólares que se correspondan con el ingreso efectivo de la mercancía en rubros que sean considerados relevantes para no frenar la actividad.

En el mercado hay, desde hace varios días, una presión creciente. Es casi un mantra que dice “suban las tasas, muchachos”, pero en el BCRA por ahora no van a ceder. Si la tasa crece, señalan, se convalidan velocidades crecientes para el resto de los relojes de la economía. Y lo que se quiere es tranquilizar a los actores que, traducido, podría también significar que la brecha entre el oficial y el blue se mantenga o disminuya.

Curiosamente ahí también entran otros sospechosos. Los hacedores de olas de YPF, bueno, también seguirían esmerilando en tierras del contado con liquidación. Molestan al BCRA los fondos que siguen presionando para salir de sus inversiones en pesos, a pesar de los mecanismos ideados por el ministro Guzmán. Dos más dos, los monitores del BCRA pasan la cinta cuadro por cuadro una y otra vez y, aunque no quieran admitirlo, lo que observan es que los muchachos de Wall Street siguen haciendo liqui de forma sostenida. Es decir que las licitaciones no habrían dado todo el resultado esperado. En esa línea, que no sería extraño que se piense en nuevas alternativas para llevando a los brokers a otras tierras.

Pero la presión también, como todo, es de pinzas. Por derecha y por derecha (la izquierda de la derecha), el propio FMI ha liberado definiciones y pedidos. Uno de ellos es que se preste atención a la inflación y tasas, menos emisión, más orden en las cuentas. Pero en el Gobierno responden que no es momento para encarecer el dinero, justo cuando toca el rebote y los dólares del agro van a llegar porque aún quedan 15 millones de toneladas por liquidar y por ahora, no está instalada la idea de que Pesce avalará una devaluación sustancial, más bien lo contrario. Además, en año electoral, difícil que sea el propio presidente el que avale una orden política de ajuste. Los hechos dicen que si el blue baja y el liqui sube, entonces el problema tiene dirección en Estados Unidos y Europa.



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