BANCO HIPOTECARIO

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Una apuesta de Alberto a que Guzmán tranquilice al dólar, mientras el mercado ve señales preocupantes

La argumentación del ministro fue crucial para frenar el cierre cambiario total. En tanto, los empresarios ven un deterioro del escenario para los negocios

Nadie imaginaba que Martín Guzmán se vistiera de Domingo Cavallo, con menos enjundia, claro, y que en el fin de semana detuviera lo que era un fait accompli para el Presidente, la vicejefa de Gabinete y el titular del Banco Central: la eliminación o poda para comprar 200 dólares por mes al valor oficial (cuatro millones de almas lo hicieron el mes pasado, este agosto iban en pos de unos mil millones de reservas). Nunca se había visto, en la funambulesca historia de suba del dólar en la Argentina, una cumbre de esas características por una medida casi menos del Banco Central. Aunque lo minúsculo, hoy en la Argentina, se vuelve gigantesco de un día al otro.
El surrealismo se advirtió por el atrevimiento de Alberto Fernandez para instalar esa revisión, sugerida por Pesce y crudamente apoyada por Cecilia Todesca, quien señaló la imposibilidad de permitir que la gente adquiera dólares para guardarlos en el colchón. Como si ella fuera Warren Buffet para aconsejar dónde colocar los ahorros, una idea tan posesiva de los fondos ajenos que ni se le hubiera ocurrido a Rosa de Luxemburgo.
En rigor, la aparición del ministro logró un retraso para la unanimidad de la medida: supone que al protocolizar el acuerdo con los bonistas externos y presentar a mediados del mes próximo el Presupuesto —lo que vendría a ser su plan económico futuro—, las revueltas aguas financieras habrán de sosegarse. Debe haber sido convincente: el mandatario le cedió la derecha a pesar del miedo a una corrida y de que el turbión marino no ha cesado.
Aun con señales favorables como el convenio con los acreedores que neutralizan la posibilidad del default, la negociación inmediata con el FMI (en apariencia más blando con sus exigencias, a menos que sus accionistas se rebelen), los pagos mínimos que oxigenan a los Fernández hasta el fin de su mandato y el considerable superávit comercial que este año rondará los 20 mil millones de dólares. Sin embargo, la confianza no germina. Y el trío Fernández-Pesce-Todesca no para de temblar. 
El ministro Guzmán logró persuadir a Alberto Fernández, que ya había tomado la decisión de suprimir el cupo de 200 dólares
El ministro Guzmán logró persuadir a Alberto Fernández, que ya había tomado la decisión de suprimir el cupo de 200 dólares

Si uno consulta a un banquero veterano para entender la situación, se sorprende: "Raro que el dólar no haya bajado en la semana en que confluyeron todos los impuestos y, en muchos casos, los que pagaron han debido vender activos externos para afrontar esas obligaciones. Ni aun así cayó".
—Un pecado para el gobierno, además, ya que se encuentra en los tres peores meses hasta que empiece la cosecha de trigo.
—Sí, además no llueve. Es que abundan los empresarios preocupados, casi en resignación: el desaguisado institucional los pone nerviosos, desconocen también el rumbo, no ayudó la ley de teletrabajo, tampoco la de alquileres. Por no hablar de otras situaciones. En la crisis del 2001, una mitad del sector privado pensaba que habia que vender todo y, la otra mitad, razonaba al revés.
Hoy es diferente: mucha gente preguntando por consultorías para irse del pais, se imaginan en paz tomando el té con Antelo y Galperin en Punta del Este. Pocos son los que piensan en ganar mercado con la caída de los precios o por quedarse con alguna empresa extranjera que al valor simbólico de un dólar te entrega su compañía mientras te hagas cargo de los pasivos y el personalExiste la sensacion del mago fallido con el gobierno, que si te toca con la varita mágica te convierte en Vicentin.
—¿Eso es lo que determina la pasión psicológica por el dólar, según el jefe de gabinete Cafiero?

—En lugar de trastornarse con los 200 dólares mensuales, las autoridades debieran observar que todo aquel que tiene un vencimiento de créditos en dólares se esfuerza para cancelar esa obligación. Ni piensa en renovarlo: nadie quiere quedarse en pesos.
Aunque más de uno estima que Guzmán salvará la valla con el FMI por el reclamo de modificar la previsión social (el nuevo índice de ajuste jubilatorio parece satisfacer al organismo), por la reforma laboral con alguna corrección (único pais donde no se puede echar personal o se debe aplicar la doble indemnización) o por cambios menos confíscatorios en el sistema tributario.
—Pero si en el gobierno se empuja el impuesto solidario, más conocido como la extracción a los más ricos...
—Eso no ayuda para convocar inversores, de afuera o de adentro. Es cierto. Pero creo que esa iniciativa estará incluida dentro del proyecto impositivo, colada de rondón en el paquete, para no derrumbar la propuesta de los Kirchner, madre e hijo. Y, por supuesto, como siempre se dice, planteada excepcionalmente. Vuelve a ser parte del trilema que el gobierno no alcanza a resolver para lograr confianza, con la amenaza de devaluación pendiente o el riesgo de eliminar los 200 dólares que se pasarían al blue aumentando la brecha. Ahora,como a Fernandez le gusta trasladar responsiblidades, la solución a trilema se la deja a un Guzmán consolidado por el dúo gobernante y el cierre con los fondos.
—Nadie más habla de cambios?

—No, porque si no cambian al ministro de Economía, el resto poco importa. Por más que resten dudas sobre Energía, área que para Cristina está escriturada a su nombre como si fuera el Ministerio de Justicia en el reparto del poder. En Energía siguen a los tropiezos y se va imponiendo Basualdo para reemplazar quizás a Lanziani, una designación que ha sido una falla exclusiva de ella. También en ese enjuague, Alberto se vuelve Pilatos.
—Pero Ella le echa la culpa del fracaso de Lanziani a Kulfas, y sospecho que los posibles sucesores, la gente de Bernal y Basualdo, también. Me dijeron que hasta entraron en conflicto por las denuncias judiciales que le hicieron al ex de Macri, Aranguren, en materia de tarifas.
—Es cierto, y por segunda vez. Pero, mire, Kulfas es una extensión mecánica del brazo de Alberto, hará siempre lo que él le diga. Y poco le importa si lo echan a Lanziani y si convierten a Energía en Ministerio, más bien se saca un problema de encima y se lo pasa a Guzmán, como hace su jefe. Mientras tanto ha frenado varios proyectos millonarios, una avidez general por lo faraónico que fluye en el instituto Patria. Ni que fueran militares.
Habrá que ver cómo sigue la historia, esa ficticia estabilidad, fíjese que el 7 va a Salto Grande el Presidente Lacalle Pou y muchos aguardan que tambien viaje Alberto Fernández para el primer encuentro presidencial entre ambos. Se lo deben, se conocen, el propio Alberto durmió, antes de asumir, en la casa delembajador oriental en Madrid, hoy canciller de Lacalle. Es extraño que permanezcan sin verse. Aunque, después de lo que dijo el uruguayo de Cristina, sospecho que la cita no se concretara.
—Y qué dijo?
—Algo parecido a lo que había dicho Jorge Batlle sobre los argentinos en tiempos de Duhalde. Algo así a que los argentinos eran todos ladrones. Pero, en este caso, Lacalle Pou personalizó el agravio. Y, seguro, no pedirá perdón.


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