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REFLEXION

El gobierno y el Presidente en particular casi a diario nos dicen que la profundización de la crisis económica esta dada por la pandemia,  ignorando que la misma esta potenciada por la extensísima cuarentena que con medidas desordenas y arbitrarias tratan de sobrellevar,  creen que están controlando la inflación sin aparentemente advertir que solo esta contenida por la extrema pobreza que alcanza hoy con total dureza a toda la clase trabajadora y con inédita  intensidad a la clase media hoy devastada y  sumida en el desconcierto, que su mentado programa de redistribución de ingresos es solamente  administrar con desigualdad  una creciente  pobreza.

Diariamente  nos mienten, y limitan la libertad de cada ciudadano atacando a periodistas y a la prensa independiente, insisten con una reforma judicial que solo tiene por propósito ocultar,  absolver y dar impunidad a los responsables de la  mayor corrupción que sufrimos en la historia, soslayan, encubren y pretenden olvidar el ataque terrorista más grave de toda América Latina, sistemáticamente tratan darle marco legal a un acuerdo espurio con Irán que el mismo Presidente denunció en su momento, simulan y ocultar el presunto crimen de Estado que fue el de un fiscal de la nación para presentarlo como un suicido cuando el Presidente también en su momento pidiera una profunda investigación.

Sr. Presidente sus dichos y escritos cuando estaba en el llano son antagónicos  y opuestos a su accionar de  hoy como Presidente,  esto nos desorienta y nos llena de incertidumbre. El país es un navío que se encuentra al garete en medio de una tempestad, usted es el capitán ¿No le parece que debería darnos señales claras?

Nos preguntamos: ¿Sr. Presidente a quien debemos creer  y ayudar?  Dado a que usted diariamente da mensajes contrapuestos que solo dejan como evidencia incontrastable que quien decide y manda  es Cristina Fernández de Kirchner ya que su opinión o parecer es lo que prevalece.  Olvida usted que más del 70% de la población la repudia, olvida usted que la paciencia de los pueblos tiene limites, olvida usted la cruenta experiencia que nos deja la historia cuando los gobernantes desoyen a sus pueblos, no tomo conciencia que la pobreza hoy es una calamidad que alcanza a más del 50% de los argentinos, que suman miles las Pymes quebradas, que vivimos en la inseguridad,  que la educación de nuestros niños y jóvenes hoy es una burla a lo que promovió y ejecuto Sarmiento, que usted tiene por ejemplo a gobernadores y gremialistas que son los emblemas más notorios de la corrupción, que hace meses que negocia una deuda externa que esta en virtual default y que si se concreta será acrecentar la crisis, que no tenemos presupuesto, que no podemos a seguir viviendo sin consecuencias con eterno  déficit fiscal, que no podemos vivir más de prestado porque no hay más quien nos preste, que debemos dar seguridad jurídica y certeza al capital no especulativo  porque es quien invierte y da trabajo,  que no tiene plan alguno a exponer a  al país para salir de esta catástrofe.
 
¿No comprende usted Sr. Presidente que esta sumatoria de calamidades  se termina  indefectiblemente en  aciagas definiciones?

Sr. Presidente si usted me permita haré una referencia histórica que creo oportuna hoy rememorar: Durante el Gobierno del General Juan José Viamonte el país se encontraba sin rumbo y se dirigía desordenadamente hacia la dictadura que se corporiza en la persona de Juan Manuel de Rosas.  San Martín desde Francia donde se había retirado en su autoexilio,  en carta del 1° de Febrero de 1834  a su amigo el General Tomás Guido advierte con brillante percepción el anticipo de la dictadura.

Decía San Martín:

“…Sin duda señor don Tomás ésta es mi opinión, por el principio bien simple que el título de un gobierno no esté asignado a la más o menos liberalidad de sus principios, pero sí a la influencia que tiene en el bienestar de los que obedecen: ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades: los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos. ¿Qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de Libertad, si por el contrario se me oprime? ¡Libertad! Désela Ud. a un niño de dos años para que se entretenga por vía de la diversión con un estuche de navajas de afeitar y Ud me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor sea atacado por una prensa licenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de industria venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un bocado de pan a mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de  especulación hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad! Para que sacrifique a mis hijos en disensiones y guerras civiles.¡Libertad para verme expatriado sin forma de juicio y tal vez por una mera divergencia de opinión.¡Libertad! para el dolo y la mala fe encuentren una completa impunidad como lo comprueba lo general de las quiebras fraudulentas acaecidas en ésa.  Maldita sea la libertad, no será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona.  Hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja contra los bienes que me brinda la actual libertad.  Tal vez dirá Ud que esta carta esta escrita de un humor bien soldadesco,  Ud tendrá razón pero convenga Ud que a 53 años no puede uno admitir de buena fe el que se le quiera dar gato por liebre
 No hay una sola vez que escriba sobre nuestro país que no sufra una irritación.  Dejemos este asunto y concluyo diciendo que el hombre que establezca el orden en nuestra patria, sean cuales sean los medios que para ello emplee, es el solo que merecerá el noble titulo de su libertador.”

¿Sr. Presidente no encuentra usted en la carta de San Martín similitudes y coincidencias con en el momento que hoy nuevamente vivimos los argentinos?   Cuidado porque la historia se repite,  esta vez tratemos que no resulte así.



Diego Lo Tártaro Presidente IADER