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Los dólares no son del Estado, son de los que crean riqueza

Las declaraciones de altos funcionarios alimentaron la incertidumbre de quienes tienen posibilidades de ahorro

En el final de la semana anterior hubo declaraciones poco felices o incoherentes por parte de encumbrados funcionarios del Gobierno. Por un lado, el Presidente dijo, textualmente: “Seguimos hablando de cuarentena sin que en Argentina exista una cuarentena”. Y agregó: “La actividad industrial está por encima del 90%”, precuarentena.
También Alberto Fernández afirmó el sábado por la mañana que en el Gobierno estaban estudiando limitar la compra de los USD 200 mensuales que permite el actual control de cambios. A eso se sumaron declaraciones de la vicejefa de Gabinete de Ministros, Cecilia Todesca: “No podemos seguir gastando dólares en ahorros que van a parar al colchón, y que se necesitan para producir”. Pero por la tarde, el Ministerio de Economía desmintió que se fuera a limitar la compra de USD 200 mensuales para ahorro, al menos por ahora. Es decir, dos opiniones diametralmente opuestas, con las autoridades del BCRA que se mantuvieron en silencio.
En lo que hace a las declaraciones del Presidente sobre la cuarentena dudo de que los dueños de bares, restaurantes, hoteles, profesores de tenis, gimnasios, shoppings centers, etc. Concuerden, y tampoco el conjunto del sector industrial, que según los datos del Indec registró en abril bajas interanuales que llegaron a superar 33,4%, y en junio la disminución fue de 6,6% en comparación con igual mes del año previo.
Si el 90% de la industria estuviera trabajando como afirmó el Presidente, debería explicar las fenomenales caídas interanuales que se producen bajo su política económica. Es más, de acuerdo con los datos del Indec, el uso de la capacidad instalada promedio fue del 53%, seis puntos por debajo del nivel de febrero, previo al comienzo de la cuarentena en el último tercio de marzo.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), es un anticipo mensual del comportamiento del PBI, muestra que en los primeros 5 meses del año cayó 13%, la construcción viene en picada libre con un derrumbe del 38% en el primer semestre de 2020 respecto a igual período de 2019.
Y si se toma el período febrero-junio hay 15.663 empresas privadas menos que presentaron declaraciones juradas en la AFIP por liquidación de aportes y contribuciones de su nómina salarial y 19.739 desde el inicio de la gestión de Alberto Fernández. En definitiva, si la cuarentena no existe, eso quiere decir que la política económica del Gobierno es un fracaso por sí misma.
Si el 90% de la industria estuviera trabajando como afirmó el Presidente, debería explicar las fenomenales caídas interanuales que se producen bajo su política económica
Respecto a los amagues para restringir la venta de dólares a quienes quieren comprar los USD 200 mensuales permitidos, el argumento de Cecilia Todesca es realmente sorprendente, porque los dólares no son del Gobierno, son de los que producen algo que luego exportan y reciben divisas a cambio de su producto.
Controversias sobre el control de cambios
Y si como parte de su giro comercial luego decide vender los dólares en el mercado interno y alguien comprarlos y ponerlos bajo el colchón es porque se tiene miedo a que el Estado los confisque. Y tiene razón el que tiene miedo porque la expresión de Todesca ya refleja intenciones confiscatorias.
Por ejemplo, si José exporta soja y recibe dólares y el Estado lo obliga a vendérselo al BCRA a un tipo de cambio por pesos artificialmente le está confiscando parte de sus ingresos. Lo que pretende Cecilia Todesca es que el Estado se quede con los dólares y al que genera riqueza entregarle unos papeles impresos llamados pesos que no tienen ningún poder de compra.
Si José exporta soja y recibe dólares y el Estado lo obliga a vendérselo al BCRA a un tipo de cambio por pesos artificialmente le está confiscando parte de sus ingresos. Lo que pretende Cecilia Todesca es que el Estado se quede con los dólares
Lo que ocurre con el mercado de cambios es muy elemental. Es de introducción a la economía, como explico en el siguiente gráfico:
Por un lado, muestra dos simples curvas. Una de oferta oferta O y otra de demanda D. El mercado actuando libremente está en equilibrio en el precio P1 y gente hace transacciones en la cantidad C1. Aparece el Estado y pone un precio máximo para el dólar en P2. A ese precio, la oferta se contrae a C2 y la demanda se expande a C3. Se contrae porque nadie quiere vender sus dólares artificialmente baratos y se expande porque todos quieren comprar dólares a precios artificialmente baratos.
La diferencia entre las cantidades ofrecidas C2 y demandada C3 la cubre el Estado vendiendo reservas del Banco Central mientras tenga, o bien el mercado ajusta por precio en el mercado negro dado el cepo imperante.
Lo que parece no entender Cecilia Todesca es algo muy elemental en economía: no hay suficientes dólares al precio artificialmente fijado por el Estado. Es más, no es que falten dólares, lo que sobran son pesos que la población no quiere. ¿Por qué la gente quiere dólares y no quiere pesos? Porque el peso se derrite como barra de hielo en el desierto y, en cambio, el dólar es reserva de valor. Es más, la ciudadanía confía más en las instituciones jurídicas, políticas y económicas de EE.UU. como respaldo del dólar que en la dirigencia política y las instituciones jurídicas y económicas de Argentina para respaldar su moneda.
¿Cómo la gente no va a demandar dólares si desde que comenzó el actual Gobierno la emisión monetaria para financiar al Tesoro representó el 66% de los ingresos tributarios? Seguramente la gente no sigue los indicadores monetarios, pero en el supermercado comprueba cómo se derrite el poder de compra del peso, no porque aumente los precios, sino porque el peso vale cada vez menos dada la expansión monetaria.
Un Estado con tradición de confiscación de activos líquidos (Plan Bonex en 1989; corralito a fines de 2000; corralón y pesificación asimétrica, a comienzos de 2001; y confiscación de los ahorros en las AFJP 2007) explica por qué la gente no quiere ahorrar en el sistema financiero y atesora dólares en el colchón como forma de defender el fruto de su trabajo.
Y como frutilla del postre, la vicejefa de Gabinete afirmó: “el cepo no es un castigo, es condición para la estabilidad macroeconómica”. Cuando uno lee estas declaraciones de una funcionaria del Gobierno, entiende perfectamente que es el mismo Estado el que le da combustible a la carrera para huir del peso y refugiarse en el dólar, poniendo esos ahorros lo más lejos de la manos de quienes tienden una profunda vocación para que el Estado se apropie del fruto del trabajo honesto.
Roberto Cachanosky