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Argentina, entre el ruido declarativo y el avance de las medidas de fondo

Más allá de intercambios verbales entre dirigentes para entretenimiento mediático, se negocia con discreción la agenda de reformas en economía y negocios


Asombra ver que la gente se interesa más por el fuego fatuo del mar en la lejanía que el incendio próximo de los bosques. Por lo tanto, la primera sugerencia es comenzar por las pavadas efímeras que atraen la atención y, luego de esa distracción lumínica, pasar a la ferocidad del campo quemado. Empecemos con el humo.
•1) La pelea entre Alberto y Mauricio sobre el contenido de una conversación telefónica apenas empezó la pandemia. Raro que no la hayan grabado: ambos son expertos en la materia, uno fue jefe de gabinete de Kirchner —quien exigía la transcripción y el cassette correspondiente a la SIDE de quienes mandaba escuchar— y el boquense fue culpado en una causa y ahora tiene pendiente otra por la costumbre de espiar a propios y ajenos. Ambos se acusan por mentir sobre esa charla y Macri decidió anticipar su regreso de Suiza (iba a volver cerca de fin de mes, ahora lo hará el próximo 3 de septiembre) quizás para trompearse con su sucesor en la Casa Rosada por una cuestión de honor. Exageración periodística: ninguno de los dos aprecia tanto el respeto por sí mismo.
•2) Se discute con fervor el agregado del senador Parrilli en la reforma judicial que salió del Senado induciendo a que los jueces denuncien a medios o periodistas que los presionen con sus artículos. Objeciones escandalosas al artículo: afecta la libertad de prensa. Pero, en rigor, es una tontería del autor que, sin duda, no debe ser Parrilli. A veces, dicen, una risueña Cristina disfruta con estas provocaciones.
•3) Otro entretenido y siniestro barullo mediático produjo Eduardo Duhalde, quien pronosticó olor a sangre en la Argentina por la crisis, la suspensión de las elecciones del año próximo y un golpe de Estado, seguramente inspirado por una visita a los bomberos de Valentín Alsina, algo indignados por la baja presión del agua. Solo con ese elemento debe haber imaginado un putsch.
Hubo todavía una propuesta más esotérica del oráculo de Lomas de Zamora: volver a la venta de alimentos a granel (de harina a galletitas, de yerba a aceite), como en los años 50 se realizaba en los almacenes. De ese modo, entiende, los precios bajaran a la mitad. Puede aspirar al Nobel con esa iniciativa. El gobierno, aunque lo ha recibido varias veces, se molestó con sus manifestaciones, sospechan que es producto del duelo por su mudanza: dejo el country donde vivía con su esposa, hija y nietos, según él porque Chiche fumaba mucho.
Otros entienden que su disparada a un departamento porteño fue una exigencia familiar: no lo soportan o temen que mantener tantos contactos políticos podía contagiarles el virus. También hay quienes señalaron un eventual gagaísmo en el ex mandatario, pero lo cierto es que desde hace casi un año mejoró su memoria (decía entonces “no me acuerdo ni el nombre de mis nietos”), también su dicción que le impedía ir a los programas de TV. Cambió gracias a bajar la cantidad de medicamentos que consumía, lo que no significa que le aclarara los pensamientos y la información.
Mientras tanto, las movidas de fondo
De ese mundo de esparcimiento mediático, casi gracioso, a otra realidad más espesa y dramática. Con estos condicionamientos que ya perfilan un tipo de economía dispuesta a que el Estado disponga y administre una eventual recuperación. Con el dinero de otros, claro.
•1) El empoderado Guzmán, a cargo ahora de áreas que ignora (Energía) y con funcionarios que no le son propios, exhibirá el acuerdo con los bonistas y el envío del Presupuesto al Congreso como forma de tranquilizar el mercado del dólar y desalentar la brecha. Difícil tarea: el goteo de reservas persiste y nadie puede vender lo que no tiene. De ahí que siempre, por esa situación de carencia, se asustan los que tienen depósitos en dólares.
•2) La Argentina es categoría B para las consultoras, el quinto descenso empezando por la triple B. Hoy se celebran apuestas sobre la futura tasa de créditos y los empresarios compiten para conocer la tasa de los bonos post canje. Es su preocupación y el gran negocio para el consejo los expertos, quienes ganan tanto que tal vez el gobierno disponga que los economistas parlantes son servicios públicos y sus honorarios merecen ser controlados.
•3) Se viene el inicio de una larga, según el ministro, negociación con el FMI. Rara aspiración: hoy, a instancias de Trump, el organismo internacional está a punto de cerrar un acuerdo súbito con Ecuador. Se supone que la rapidez vale oro para las naciones en tiempos de pandemia, pero el dúo presidencial argentino—se rumorea— reclamaría una supresión política al organismo: no aplicar en el país el artìculo cuarto del FMI, rehusar a que se monitoree su economía, siempre los Kirchner consideraron esta inspección general como una intrusión. No debe ser esa la única demanda de Guzmán para demorar el entendimiento.
•4) Poca atención se le brindo a declaraciones de Mercedes Marcó del Pont anticipando una reforma tributaria que no promete bajar los impuestos a pesar de que el propio gobierno los considera excesivos. Poco favorable para atraer inversores. Pero el virus todo lo puede, ya se descuenta una contribución obligada a las grandes fortunas y hasta hablan de un "exit tax" para aquellos que se les ocurra cambiar de residencia fiscal. No es nueva esta versión.
•5) Mientras, para sorpresa de los medios afectados, se paralizo el aumento de la telefonía y el cable al mismo tiempo que se consideraba esenciales estos servicios, a los que le revisaran la rentabilidad. Y quizás los contenidos. Ya lo había advertido el sindicato telefónico: elaboren un bono mínimo para los más carenciados antes de que el gobierno se despache con un sartenazo.
Para muchos, la medida tiene el tinte de la pugna entre Cristina y el Grupo Clarín —uno de los más dolidos por la invasión—, aunque nadie le resta responsabilidad al propio mandatario: dicen que se había hastiado del volumen de críticas personales recibidas. No debe ser cierto, ya que dijo que su pretensión es más benéfica: apunta a que nadie pierda por precio un servicio ahora considerado esencial. Habrá que creerle. Un dato a tomar en cuenta: entre las empresas y cámaras que reniegan de la decisión de los Fernández apareció firmando la protesta la cámara argentina-norteamericana. No suele participar de estas manifestaciones.
•6). Queda un interrogante sobre el lanzamiento de las nuevas 60 o 70 medidas que ofrecerá el gobierno como muestra de su preocupante celo por la brutal caída del PBI, en su mayoría recolectadas por el ministro Kulfas (al que Cristina objetaba por impedir ciertos emprendimientos en Energía, avances que ahora se verá si prosperan con el elegido Martínez y la bendición de Guzmán, con quien la Vice se ha encandilado, como alguna vez lo hizo con Lousteau y también con Boudou).
El "paquetazo", como en otras décadas se llamaba a esta reunión de medidas, está dirigido a sectores —construcción, agro, energía, habría precio sostén de 3 dólares por btu— y, por supuesto, implican subsidios y ventajas impositivas, a solventar por el Estado. Con cierta expectativa se aguardan los números de esa ayuda reactivadora, a cuánto ascenderá el costo para el déficit fiscal del Presupuesto. Los contribuyentes querrán saber si además de pagar más impuestos, tendrán que soportar una inflación adicional por el excesivo "paquetazo" del gobierno.
Roberto García