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Adiós al apretón de manos

El coronavirus cambió tanto al mundo que hasta el saludo en el ámbito de los negocios se ha visto afectado. El tradicional gesto para saludar ahora te pone en aprietos, por lo que el toque de los codos se convierte en el nuevo contacto físico permitido.
¿La TRADICIÓN del apretón de manos para saludar o pactar un acontecimiento importante va
camino a desaparecer?
El actual distanciamiento social que se ha impuesto ante el avance del coronavirus ha obligado al mundo a prescindir de algo tan elemental, espontáneo y muchas veces de gran significado para un determinado contexto histórico. Y si bien es cierto que en algunas culturas el contacto físico en un saludo no está permitido, en otras va más allá del simple apretón de manos al incluir besos en la mejilla.
En este contexto hace su entrada triunfal un gesto corporal que tiene sus orígenes en las prácticas defensivas: el uso del codo, y que el mundo ha tenido que adoptar como sustituto del tradicional apretón de manos. Su significado en el día a día se reivindica, y ahora se asocia a una práctica
tan común y necesaria como lo es saludar. Existe mucha documentación que describe las formas y normas de los diferentes saludos, así como sus contextos, que han acompañado a las sociedades a través del tiempo. En la actualidad, los esquimales siguen frotándose mutuamente la nariz,
y en el Oriente la inclinación de cabeza es la forma correcta del saludo; y, para citar dos casos ancestrales, los árabes preislámicos saludaban a un superior tocando el suelo con la mano derecha, mientras que en las Islas Marianas la forma más común entre sus habitantes era pasarse la mano por el vientre.
Los antropólogos creen que la costumbre de darse la mano con un apretón seguramente proviene de pueblos primitivos guerreros, quienes para demostrar que no portaban armas ocultas extendían brazo y mano en señal de cordialidad y paz. Otro caso sobre el origen del saludo, perfectamente documentado, es el mostrado en un relieve asirio del siglo IX antes de Cristo, que presenta al rey Salmanasar III saludando con un apretón de manos a un súbdito. Historiadores aseguran que ese antiguo pueblo tomó la costumbre de Babilonia, donde los reyes daban la mano pero solo a la estatua de alguna deidad como muestra de gran devoción.
Estudiosos, analistas y cronistas de la antigüedad, como Heródoto, nos han ayudado a entender de manera más directa por qué el apretón de manos es una tradición en Occidente, cuando narraron que en Grecia se daban la mano, que los romanos preferían tomarse de las muñecas, y que en Persia los ciudadanos de una misma clase social se saludaban con un beso
en la boca.
Famosos apretones de manos han quedado ampliamente registrados en la historia, porque han simbolizado pactos que cambiaron el destino del mundo: los de José Stalin, Harry Truman y Winston Churchill en la Conferencia de Potsdam, Alemania, en 1945; el apretón de manos entre el presidente egipcio Anuar al Sadat y el primer ministro israelí Menahem Begin, que preparó el terreno para los Acuerdos de Camp David, el tratado de paz entre ambas naciones, firmado en 1978 en Estados Unidos con la mediación del presidente Jimmy Carter; el que tuvo como protagonistas a Yitzhak Rabin, primer ministro israelí, y el líder palestino Yaser Arafat, en 1993, ante la presencia del presidente Bill Clinton, en la Casa Blanca, o el histórico momento vivido en Sudáfrica, cuando
Nelson Mandela y Frederik de Klerck pusieron fin a la segregación racial que sufría el país.
La política, sin dudas, ofrece uno de los escenarios idóneos para que las manos de poderosos se estrechen, pero el mundo de los negocios tambián es otro ámbito donde, cada día, se cierran acuerdos y pactos. Para citar algunos donde hubo fuertes apretones de manos están la adquisición de Mobil Corp por parte de Exxon Corp, en 1998, dando como resultado ExxonMobil Corporation; AT&T y BellSouth Corp., en 2006, y el caso de la británica SABMiller, cuando aceptó en octubre de 2015 la oferta de compra de la belgo-brasileña AB InBev.
El panorama actual muestra cómo el distanciamiento social y las normas de higiene impuestas para prevenir el avance del coronavirus han adoptado el uso del codo. El mundo lo ha tenido que usar como sustituto del tradicional apretón de manos, porque en los negocios o en la política, la cortesía
no ha cambiado y seguirán cerrándose grandes pactos.


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