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Múltiple mensaje de Alberto puertas adentro y afuera

El Presidente salió a mostrar un gobierno con una agenda que va más allá del coronavirus.


¿Continuará la vida después de la cuarentena? Seguro que sí; aunque el problema será saber cómo. Parte de ese razonamiento puede leerse en las últimas definiciones que Alberto Fernández dio en el reportaje a C5N. El Presidente, por primera vez desde hace tiempo, pareció comenzar a hablar más de una agenda para lo que será su gobierno en un futuro incierto, que de la crisis en que está metido el país y el mundo por el Covid-19.
El coronavirus incendió la vida sanitaria y económica del país, como lo viene haciendo a nivel global; pero al mismo tiempo cubrió hasta ahora ausencias y faltas, como, por ejemplo, las que le reclama el mundo económico-financiero al Presidente sobre un plan para adelante.
Nadie puede jurar que la salida de la cuarentena seguirá el ritmo que se anunció esta semana o algún rebrote obligue a dar marcha atrás como está sucediendo en varias ciudades del mundo. Mientras tanto por aquí Alberto F. plantea una agenda para retomar la iniciativa con mensajes específicos hacia afuera y adentro.
La renegociación de la deuda forma parte hoy de la única batalla concreta y con fechas que el gobierno tiene por delante en materia económica. El resto (inflación, recesión y salida) forman parte de interrogantes que pocos se animan a ahondar. Mostrar un gobierno con agenda que no solo corra atrás del coronavirus y que muestre el frente interno controlado es esencial en este momento para Alberto F. El presidente aparece ahora, tras el primer vencimiento del plazo para la oferta argentina de reestructuración y la magra aceptación de bonistas, como el principal garante de esa negociación. El futuro dirá por qué debió hacerlo personalmente. “Si tienen una contraoferta, que digan cuál es”, fue el pedido del Presidente a los acreedores que, seguramente, tienen ese cálculo desde antes que Argentina hiciera su oferta inicial y ahora se preparan para presentarla, en privado o público. Son las reglas básicas de toda negociación.
Allí aparece el Alberto Fernández moderado como cabeza del gobierno: “Nosotros queremos buscar un acuerdo y que la Argentina no vuelva a caer en default". Intenta tranquilizar afuera y adentro por lo menos hasta el 22 de mayo, fecha en la que aparece nuevamente la dureza presidencial al anunciar que no se aceptará nada incumplible.
En ese mensaje, en el que se muestra calentando motores para un futuro impredecible, la clave es mostrar fortaleza ante acreedores. Una fortaleza que hasta ahora no aparecía claramente, mucho menos en un país con economía devastada y que casi no tiene palabra ante el mundo.
Hacia adentro el Presidente tiene frentes múltiples. Obviamente mantener el equilibrio entre su promesa de priorizar la salud de los argentinos y tratar de salvar lo máximo que pueda del aparato productivo, está en primera línea.
La oposición, no parece un inconveniente ya que por ahora mira desde Twitter y su máximo referente, Horacio Rodríguez Larreta prefirió como estrategia mantenerse con sus preocupaciones de gobierno en torno al impacto porteño del virus y en esta instancia no disputar, adentro o afuera de Cambiemos. Por otra parte, esa ubicación lo confirma en el rol de primer opositor.
La apertura de la cuarentena fuerza una mayor apertura de la política. Cristina de Kirchner ya empezó ese ejercicio y, con o sin sesiones, el Congreso se vuelve escenario clave, después de haber estado dormido desde el principio de este mandato.
Hacia allí fueron buena parte del resto de los anuncios de Alberto Fernández. La reforma de la Justicia que el presidente avisó que está lista remite a la agenda del 1 de marzo (fecha que parece hoy haber pasado hace décadas) cuando una iniciativa similar, o la misma, estaba en condiciones de llegar a los recintos. El anuncio de esa reforma judicial, más el proyecto que crea el Consejo Económico Social y el que legaliza el aborto le dan aire y manejo al Congreso.
No es el único mensaje que le envió a Cristina de Kirchner, con quien repaso durante 3 horas las líneas centrales de la realidad hace menos de una semana. El anuncio de un pedido forzado de un aporte a quienes el gobierno considera millonarios también es un guiño al palacio legislativo. Tanto que lo repitió dos veces en menos de una semana: “Lo que se está planteando no es un impuesto, es un aporte por única vez. Afecta a 11 mil personas que tienen, en conjunto, alrededor de 1.300 millones de dólares”. La efectividad de esa idea aún está por verse, tanto como el articulado del proyecto como en el cálculo de ingresos, pero no era ese el tema central del mensaje presidencial.


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