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Economía en terapia intensiva: no se vende, no se cobra, no se paga

Tras una videoconferencia efectuada el miércoles pasado entre los principales CEO's de las empresas que operan en la Argentina, se efectuó una encuesta reservada sobre el impacto de la crisis actual: el 4% de los presentes confesó que tiene "riesgo alto de no sobrevivir" y otro 11% señaló que tiene "impacto estructural", es decir con restructuración de la empresa, fusión y adquisición, etc.

El dato es preocupante al tomar en cuenta las empresas, tanto locales como multinacionales, que estaban participando del cónclave virtual: telefónicas, bancos, petroleras, distribuidoras de electricidad, automotrices, compañías de seguro, laboratorios. ¿Si el 15% de las grandes compañías tiene esa sensación, cuánto mayor será el pesimismo entre las pymes? El 74% en esa videoconferencia confesó que la crisis generada por la pandemia tendrá un "costo alto pero sobreviviremos". En tanto que un 13% señaló que cree que "saldrá fortalecido de la crisis".
Se viene esta semana, en teoría, la oferta de la deuda a los bonistas con papeles emitidos bajo legislación argentina. En teoría porque los tiempos con el ministro de Economía, Martín Guzmán, son muy elásticos. Estuvo habiendo diálogo intenso en los últimos días a través de videoconferencias entre los ejecutivos de Lazard, los principales fondos de inversión norteamericanos, y funcionarios de Guzmán. Las tres partes se mantienen bajo alto hermetismo lo cual es buena señal. El silencio es positivo. Todos ganan con un acuerdo.
Atrás quedó la idea del ministro de Economía de hacer una oferta unilateral, o sea lanzarla sin chequear la profundidad de la pileta en su salto del trampolín. El presidente Alberto Fernández es consciente de la importancia de cerrar un entendimiento. Repite siempre que no estar en default es clave para el "pos coronavirus".
Empresas como YPF además tienen altos vencimientos de deuda en los próximos trimestres y requieren que el país no esté en default. Lo mismo si se anhela en algún momento verse beneficiados de alguna postergación o desembolso del FMI y otros organismos. Un dato a tener en cuenta es que el próximo vencimiento por u$s 2100 millones con el Club de París, el sindicato de países acreedores es el 30 de mayo. La oferta a los bonistas debería extenderse por dos semanas. En teoría. Por ende, se llegará a ese vencimiento sabiendo si hubo acuerdo, default o se sigue negociando. En el generoso acuerdo firmado por Kicillof en 2014 se habilitó la posibilidad de efectuar un pago mínimo al Club de París del 50%, y pasar el otro 50% al 2021 con mayor tasa de interés.
Otra fecha importante en el calendario de Guzmán es el próximo 22 de abril cuando vencen u$s 500 millones en bonos emitidos bajo legislación extranjera. De nuevo, en medio de la oferta, no tendría sentido no pagarlos. En teoría. ¿Y si no los pagan y hacen uso de los 30 días de plazo adicional antes de ser declarado en país en default? Todo es posible en el planeta Guzmán.
El desplome de la actividad económica se siente más allá de las encuestas entre empresarios. Acuerdos de pago de salarios pasaron en varios sectores del 75% al 50% y hasta el 25%. No se puede despedir, en teoría, pero varias grandes empresas y pymes pagan menos o no pagan. Latam por ejemplo no tiene demasiado margen de liquidez adicional siendo el transporte en general y el turismo, los mayores afectados y los que probablemente más demoren en salir de la crisis. Ahí se juega en gran parte la supervivencia. Concursos de acreedores y quiebras lamentablemente serán moneda común. ¿Hasta dónde llegará el auxilio del Gobierno? ¿Cómo incidirá la política en la definición del otorgamiento del "Programa de Recuperación Productiva" o "Repro"? La quiebra o no de algunas grandes empresas estará en manos del Gobierno.
El corte de la cadena de pagos es tan alto como preocupante. Un banquero presente en la videoconferencia de CEOs arriba mencionada declaró que el rechazo de cheques asciende al 20%. Una situación delicada se da en las empresas de servicios públicos como electricidad y gas. Hay una caída en la cobranza del 70%. Incide la prohibición de cortes dispuesta por el gobierno (algo testimonial porque el cese del servicio es lo último que se hace por su costo), el cierre poco entendible por cuarentena de la mayoría de los Pago Fácil y Rapipago (detentan del 50% al 90% de los pagos de los medios presenciales) y la sensación de "nada se paga" imperante en la crisis.
El festival de emisión de pesos aún no comenzó. Se aguarda que la base monetaria aumente casi 50% entre abril y junio: 1 billón de pesos. En tamaña recesión como atraviesa la economía, el traslado a precios no será inmediato. Pero lo hará más tarde que temprano. El otro costado de la recesión es que las importaciones con la economía casi parada en su totalidad se van a desplomar en los meses venideros y por ende se mantendrá o crecerá el superávit comercial. No sería de extrañar ver nuevamente al Banco Central (BCRA) comprando algunos dólares en las próximas semanas. Este miércoles el INDEC dará a conocer la inflación de marzo. Más que el nivel general de precios hay que comenzar a ver la evolución del rubro alimentos. Esparcimiento, turismo y gran parte de los sectores estuvieron y están cerrados como para mostrar aumentos de precios. El nivel general puede dar menor al 3%. Marco Lavagna, titular del organismo estadístico, aprovechará difusión para dar a conocer cambios menores en relevamiento de datos ante imposibilidad de concretar algunas mediciones.
El BCRA a cargo de Miguel Pesce mantiene en este contexto el dólar oficial rezagado. Pan para hoy y hambre para mañana. Pero es cierto que hoy se hace, con mucho criterio, más política calórica que monetaria. Mientras menos suban los precios de alimentos hoy, mejor. ¿A quién le importa hoy lo que puede pasar en tres o seis meses? Hoy en materia económica, empresas y personas están en modo supervivencia.

Guillermo Laborda