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Sin disciplina no habrá paraíso

Durante la reciente visita del presidente Alberto Fernández a Francia, al exponer en una conferencia magistral que ofreció ante estudiantes del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), afirmó que la deuda "es insostenible e imposible de pagar en estos términos" y por eso el Gobierno argentino está iniciando un proceso de conversación y discusión ya que Argentina necesita reordenar esa deuda en acuerdo con el FMI y los acreedores, motivo de esta gira para conseguir apoyo de varios países europeos.

Varios participantes de la conferencia le preguntaron sobre cuál es el "plan económico" de su nueva gestión, a la que respondió que el próximo 12 de febrero el ministro de Economía, Martín Guzmán, va a explicar todo lo necesario para que todos entiendan de qué se trata para hacer sostenible la deuda, en otras palabras, para que nuestro país pueda pagar y empezar un proceso de crecimiento. No hay certezas en el Congreso de que Guzmán explique cómo van a pagar y qué piensan hacer para crecer.
Fernández afirmó: "No es verdad que no tenemos un plan. No lo contamos porque estamos en plena negociación y contarlo sería mostrar las cartas, y estamos jugando al póquer y no con chicos". Es decir, hasta ahora, "síganme, no los voy a defraudar".
El presidente advirtió que "el plan es poner en funcionamiento a la Argentina", para seguir respondiendo al auditorio afirmó: "Tampoco quiero que la solución sea la eterna ayuda a los sectores desfavorecidos, necesito que trabajen y generen sus propios ingresos", también reconoció que la "desigualdad "es el principal problema de América Latina, ya que no es un problema de ideología, sino que se trata de un problema ético que padecemos como sociedad. Lo cierto es que los tenedores de títulos de la deuda demandan un plan económico para evaluar la reestructuración propuesta por el Gobierno, ya que es muy poco convincente que el Gobierno solo exprese su voluntad de pago cuando el presidente afirma que no puede haber plan sin reestructuración de la deuda, una disyuntiva difícil de resolver.
Nuestros acreedores exigen un plan económico completo que demuestre cómo, cuándo y cuánto va a crecer la economía para poder cobrar sus acreencias y cómo hará para bajar la inflación.
El nudo de la cuestión
Aunque la deuda es la causa de los desvelos -y que el traspié infantil de Axel Kicillof la ubique como una verdadera trampa-, los problemas de la economía real tienen origen en el tamaño del Estado, el nivel de gasto público y la magnitud de la presión tributaria. "Argentina tiene un tamaño de Estado y un nivel de gasto público que corresponden a países con cuatro veces la capacidad de generación de riqueza de Argentina. En otros términos, Argentina tiene un PBI per cápita muy bajo para poder sostener el actual nivel de gasto público y tamaño de Estado”, opina al respecto el último informe de la consultora Economía & Regiones. "La presión tributaria asciende al 35,4% del PBI, pero dejando de lado la economía informal, la presión tributaria efectiva para las empresas y los agentes económicos que están "en blanco' asciende aproximadamente a entre 55% y 70% de la generación de ingreso. De hecho, si medimos la presión impositiva que enfrentan las pymes como porcentaje de las ganancias netas, Argentina está totalmente descalzada de la realidad internacional y regional, enfrentando una presión tributaria entre dos y tres veces mayor que los países con el mismo nivel de ingreso per cápita".
El silencio
Probablemente, la necesidad de realizar un intenso ajuste fiscal como el que debe hacerse explique por qué no se anuncia este plan integral para salir de la crisis, ya que el costo político será asumido por el presidente Fernández; quizá no quiera anunciar que busca el superávit fiscal con lo que ello significa y que para lograrlo exigirá mayor sacrificio de la sociedad y en particular de sus votantes. Sabemos que para lograr superávit primario y secundario se debe bajar el gasto público y para ello tendrá que realizar reformas estructurales que en su mayoría quedaron pendientes de otros gobiernos.
Por ejemplo, el expresidente Macri realizó una baja de la presión tributaria especialmente con el agro, que no fue acompañada con una reducción del gasto público, razón por la cual el déficit primario aumentó, su gobierno seguía tomando deuda que solo sirvió para continuar financiando el gasto en vez de realizar las reformas pendientes, y así le fue, ya que terminó en una crisis y la pobreza siguió aumentando. A modo de propuesta y coincidiendo con varios analistas, señalemos las más urgentes reformas estructurales pendientes para que nuestro país inicie el tan ansiado proceso de crecimiento de nuestra economía.
* Ajuste. La reforma del estado reduciendo en forma ordenada el gasto público y la presión tributaria exigiría que se incentive al sector privado para que absorba los desocupados y también a empleados públicos para achicar la cantidad en este sector.
* Reforma laboral. Modernizar la legislación laboral; desde 2011 nuestro país no logra crear significativamente puestos en el sector privado productivo. Esto exigirá modificar la indemnización por despido por un seguro de desempleo, entre otras cosas.
* Desburocratización: la cantidad de trabas burocráticas y regulaciones para emprender cualquier actividad son una barrera para los inversores y habrá que buscar la forma de disminuirlas.
* Reforma previsional: el sistema jubilatorio está quebrado; actualmente no llegan a 1,5 los trabajadores aportantes activos por cada jubilado cuando en realidad se necesitan -para que sea sustentable- 4 aportantes por jubilado. Si todos los trabajadores informales y los famosos ni-ni aportaran, pasarían a ser 2,5 x 1, por lo que tampoco se solucionaría el problema.
Dolarización
Se ha escuchado decir que si dolarizamos nuestra economía se terminaría la inflación. La experiencia argentina nos remonta a recetas anteriores como el Plan de Convertibilidad llamado también “del 1 a 1”, es decir “un peso valía un dólar”; como sabemos, por falta de conducta, todo voló por los aires en la famosa crisis del 2001.
No obstante, veamos cuales serían las variables a considerar si se utiliza la moneda estadounidense como unidad de cambio, es decir, si se anulara nuestra moneda para realizar todas las transacciones en dólares.
  • Podemos afirmar que la dolarización vence a la inflación, pero no es automático; la estabilidad se logrará después de un largo tiempo, no menos de 3 a 4 años.
  • Si no hay disciplina fiscal, es decir que se gaste menos o igual que los ingresos, la dolarización, no puede funcionar”.
  • La dolarización sola no impulsa el crecimiento; se deben acompañar con medidas como disminución de la tasa de interés, las reformas que anunciamos anteriormente, entre las más importantes, para lograr que nuestra producción sea competitiva internacionalmente.
  • La dolarización haría que la economía en nuestro país sea más vulnerable a las crisis y propenso a la volatilidad.
En los países que emiten su propia moneda, ante cualquier cambio en las reglas de juego internacionales, el tipo de cambio se deprecia (devalúa) y esta es una herramienta que se perdería al dolarizar, ya que actuar de esta manera podría cambiar los precios relativos beneficiando a la producción y las exportaciones realizadas en Argentina.
La historia económica de estos últimos años de Argentina está asociada a los persistentes déficits fiscales, ante cualquier plan económico que implemente el gobierno deberá sanear esta mala conducta, porque de no ser así será un nuevo fracaso.

Julio Moreno