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La oposición de ahora en más

Muchos se preguntan cuál será el futuro de Juntos por el Cambio, ahora que la campaña terminó.

Otros hacen extensiva esa curiosidad al porvenir del presidente Macri.
Son, efectivamente, dos interrogantes inquietantes.
Está claro que el 40% largo de los votos obtenido en las elecciones presidenciales del 27 de octubre no se mantendrá monolíticamente unido si la fuerza que lo obtuvo se deshace o no logra componerse como un espacio formal.
Dicen que el presidente ya adelantó su decisión de trabajar en ese sentido, después de regresar de un descanso, a fines de enero.
Hace unos días el afamado director y cineasta Juan José Campanella dijo que “aquí hay un montón de hinchas que no tienen cuadro, que quieren hacerse socios y no tienen club”.
Se trata de una buena imagen (propia de un maestro cuando tiene que crearlas) que resume la necesidad que siente mucha gente que no es radical, del PRO o “lilista” de adherir su voluntad a algo con lo que se sienta identificado.
Esa gente presume, con toda razón, que sin una estructura formal fuerte, institucional y ordenada, ese mensaje que dieron en las urnas se disipará.
Obviamente, en estos casos, se requiere mucha grandeza y magnanimidad de parte de los protagonistas.
Si sobre estos objetivos mayores se pretenden hacer valer estupideces personales, la gente habrá tenido razón en sus temores. Y, lo que es peor, las fuerzas del fascismo se envalentonarán.
Por lo tanto, es absolutamente imprescindible que todos esos egos se depongan de inmediato. Desde aquellos que pueda tener el actual presidente a otros que den vueltas por las acaloradas cabecitas de algunos otros.
Si me preguntan en lo personal, creo que el primero que estaría dispuesto a correrse si lo convencieran de que es un obstáculo, es el presidente. Ya demostró en muchas ocasiones que no es un “voraz” del poder.
De modo similar creo de aquellos que integran la CC. Pero no me animaría a decir lo mismo de algunos dirigentes de la UCR.
Este partido es raro. Siempre lo fue. En guerra interna entre la liberalidad política y el intervencionismo económico, no logra darse un marco de coherencia mínimo que lo deje tranquilo con su conciencia.
Ese puede ser un problema en todo este proceso.
La plataforma política de esa nueva agrupación debería ser la Constitución de 1853. Si como dijera Alfonsín en sus célebres cierres de discursos, “alguien distraído al costado del camino (les) preguntara, por qué luchan”, por qué se unen, para qué forman esta estructura nueva, la respuesta debería ser “defender esto”, al mismo tiempo que se le alcanza al curioso un ejemplar de la Constitución.
El formato jurídico de ese nuevo “partido” debería ser el de una confederación, al estilo de la Concertación chilena que, una vez constituida, nunca se deshizo y llevó a La Moneda a cuatro presidentes.
Su nombre podría ser Confederación de Partidos por La República (CPR) y debería contar con un presidente y una junta directiva.
Las personas podrían afiliarse directamente a la Confederación, sin afiliarse a ninguno de los partidos que la integran, porque esa Confederación tendría una personería jurídica propia. Los afiliados serían similares a los socios de los clubes de fútbol que son socios de la institución aunque no formen parte de las filas de ninguna agrupación interna. Esos socios elegirían las autoridades y los candidatos a cargos electivos en primarias propias, fuera de las PASO.
Esta nueva institucionalidad formalizaría la identidad de muchos de los ciudadanos que votaron el 27 de octubre. Y me animaría a incluir allí a muchos que incluso no lo hicieron por Juntos por el Cambio.
Esta debería ser la primera tarea de la nueva oposición. Para eso debería preparase porque para completarla se necesitará verdadero patriotismo y una visión del país que supere la coyuntura y sea capaz de imaginarlo como lo hicieron los constituyentes después de Caseros, que visualizaron una tierra grande llena de progreso, riqueza y abundancia para ellos, para su posteridad y para todos los hombres del mundo que quisieran habitar el suelo argentino.
Carlos Mira