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Dólar quieto y shock de emisión, el “Plan Verano” que esboza Alberto Fernández

Economistas cercanos al presidente consideran que los riesgos de una disparada del dólar o de los precios están acotados. Del repunte del consumo a la alerta por la deuda en pesos.

Quien se menciona en las últimas horas como el candidato más firme a conducir el Palacio de Hacienda a partir del 10 de diciembre fue contundente al advertir sobre el problema más urgente de la economía que viene.
Guillermo Nielsen, de él se trata, alertó en Estados Unidos que "el primer camión que se nos viene de frente es el de la deuda en pesos" refiriéndose al importante monto de vencimientos que se concentran en la primera parte de 2020.
Las necesidades de financiamiento de la Argentina el año próximo alcanzan en números redondos a US$ 30.000 millones casi en partes iguales de compromisos en dólares y en pesos.
Pero la particularidad es que, en el caso de las obligaciones en pesos, el grueso está concentrado entre enero y mayo y representa un riesgo potencial tanto en el caso de cumplir como el de no hacerlo por parte del Tesoro.
Seis son los números que dan la idea de la magnitud del problema para un Estado que tiene el crédito cortado y cuyas posibilidades de refinanciación están juego a partir de que los inversores acepten o no una tasa de interés compensatoria.
Los vencimientos son, en millones de pesos son los siguientes: enero: 25.342; febrero: 141.197; marzo: 256.897; abril: 104.256 y junio: 206.931.
Las cifras, contenidas en un informe de la consulta Eco Go cobran relevancia al consignar que "los vencimientos de pesos del Tesoro en 2020 son equivalentes al 80% de la base monetaria (pesos en circulación más dinero encajado en los bancos) y 50% en los primeros cinco meses del año".
Pero esos datos constituyen sólo una parte del "camión de pesos" sobre el que estaría alertando Nielsen, un economista experimentado que tiene en claro los riesgos de los shocks de emisión monetaria.
Los cálculos privados sostienen que sólo en diciembre el Banco Central tendrá que emitir unos $ 250.000 millones para cubrir las necesidades del Tesoro y sobre ese punto giran distintas visiones sobre las posibles consecuencias.
Para los economistas ortodoxos toda emisión de pesos que pueda resultar excedente se traducirá en un aumento del dólar o de la inflación y más aún en un contexto en el que los argentinos dieron muestras en los últimos meses de querer demandar más divisas que pesos.
La respuesta de los heterodoxos, muchos de los cuales como Mercedes Marcó del Pont o Matías Kulfas son cercanos al presidente electo, Alberto Fernández, es que con cepo cambiario y demanda reprimida de pesos por la política de contracción monetaria llevada a cabo por Hernán Lacunza y Guido Sandleris, los riesgos de disparada del dólar o de precios están acotados. También los de hiperinflación como alertó desde Estados Unidos Guillermo Calvo, un gurú siempre dispuesto a adelantar posibles catástrofes.
El punto es sensible, aunque al decir de un experto operador del mercado: "Mientras esté el cepo y el Central compre dólares como lo viene haciendo, la sensación de calma se puede prolongar por un tiempo".
Sobre esa base se apoyan las expectativas de empresarios y comerciantes ligados al consumo que especulan con que Fernández arranque, como lo viene diciendo, con un aliento fuerte a la demanda de bienes y servicios.
El dólar quieto permite fantasear con un shock de emisión que, entre otras cosas, incluya una mejora de las jubilaciones y los salarios que, a su vez, le abra la puerta a un repunte del consumo en lo que ya se esboza como "el Plan Verano" del arranque de la gestión Fernández en el convencimiento de apostar a un cambio de ánimo de los consumidores. Bajo el paraguas, además, de que en la visión del oficialismo entrante la elevada inflación responde, en parte, a una "autoconstrucción psicológica".
Es ahí donde engarza "el camión de los pesos" en lo que respecta a si el estado va a cumplir con esos vencimientos de letras y compromisos en pesos (de Capital, Lecaps, Lelink, Lecer y el plan gas) o va a reprogramarlos incluyéndolos en una negociación global de la deuda.
El punto sensible con las letras emitidas "Bajo Jurisdicción Nacional" es que en una alta proporción están en poder de tres organismos clave del Estado argentino: ANSeS, Banco Central y Banco Nación.
Para el Tesoro, una reprogramación de esa deuda podría ser equivalente a tirarse un tiro en el pie. O es que alguien podría llegar a pensar que el Estado podría no pagar las jubilaciones porque se quedó sin pesos en la caja.
El sendero es estrecho y con el dólar quieto, una vez más, resurgen los proyectos para dinamizar la demanda y favorecer el consumo apostando a que el futuro Banco Central, bajo la conducción de Miguel Pesce (ya fue vicepresidente y sería el principal candidato para reemplazar a Guido Sandleris) aplicará una fuerte baja de la tasa de interés (de 60% a 40% anual) para bombear el "Plan Verano" aspirando a que pueda durar seis meses.
La política deja volar sus fantasías, pero entre el "camión de los pesos" que viene de frente y la amable pero firme sugerencia de Kristalina Georgieva, titular del FMI sobre que "el Gobierno debe ver la manera de vivir con las limitaciones presupuestarias" se abren abismos en la visión sobre cómo encarar un futuro viable para la economía argentina.

Daniel Fernández Canedo