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De la calle al escritorio: Alberto prepara una profunda reforma de la Policía Federal

Los equipos técnicos pretenden una profunda revisión de la misión del cuerpo, que dejaría de enfocarse en el territorio para redoblar su misión como auxiliar de la Justicia. Habrá un profundo contraste con el enfoque de Patricia Bullrich.

Atravesados los primeros cien días de gobierno, donde el foco estará puesto en contener la situación social en un contexto de caída de la actividad económica con inflación, el gobierno que encabezará Alberto Fernández planea llevar a debate una profunda revisión del rol que tendrá hacia adelante la Policía Federal Argentina (PFA), un cuerpo cuya misión está "desdibujada" según los ideólogos de la nueva política de seguridad, y que prometen someter a reforma.
Si bien los cambios profundos requerirán tiempo, la cartera que hoy conduce Patricia Bullrich bajará drásticamente el perfil a partir del 10 de diciembre. La sede ministerial de Gelly y Obes será ocupada por alguien con baja exposición mediática y dedicada a trazar una agenda de trabajo hacia adentro, que empezará por retocar los protocolos de actuación de las fuerzas federales, y bajar drásticamente la confrontación frente a la protesta social.
Entre los principales ejes que los equipos técnicos de seguridad llevaron al ahora presidente electo se incluye el desafío de reformar la Policía Federal Argentina (PFA). No será una tarea fácil dada la natural resistencia de los efectivos a los cambios, que saltaron a la luz y provocaron roces con las autoridades hace apenas tres años, cuando más de 20.000 agentes dejaron la Superintendencia de Seguridad Metropolitana para integrarse a la Policía de la Ciudad.
El traspaso de las competencias de Seguridad a la ciudad de Buenos Aires dejó prácticamente sin misión clara a los efectivos que permanecieron bajo la conducción política del Gobierno nacional. También el equipo de Alberto piensa que es prescindible que la fuerza cuente con una División de Operaciones Urbanas de Contención de Actividades Deportivas (Doucad), y otros cuerpos asociados al despliegue en la calle.
Lo que recibió Alberto y avaló es una reconversión de la Policía Federal en una fuerza de seguridad dedicada a las investigaciones, que se repotencie como auxiliar de la Justicia. Para eso, descuentan que será necesario debatir una ley orgánica de la Policía Federal, y una cúpula al interior de la fuerza comprometida con el cambio que se propone. El actual jefe del cuerpo, Néstor Roncaglia, avisó que presentará su renuncia ante el recambio de gobierno.
El proyecto apunta a modernizar el cuerpo policial, y en parte colabora con un plan más amplio acercado por el exministro de Justicia, Gustavo Béliz, de apartar a los efectivos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) de sus nexos con el Poder Judicial.
Acaso para seducir a los efectivos, el nuevo gobierno está dispuesto a establecer una política de bienestar para los efectivos, y sin llegar a una sindicalización, darles lugar para discutir sus haberes a través de un “consejo del salario”.
Aunque las comparaciones sean odiosas, esa “Policía de Investigaciones” de la que habló Alberto Fernández se inspira en el rol que cumple el FBI en los Estados Unidos. En menor medida, otros agentes podrán seguir ligados al territorio o en escuadrones hiperprofesionalizados, como el Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF).
Aportes y nombres en carrera
Estos son algunos de los planes que se debaten entre las diversas figuras que aportan ideas en la materia al presidente electo, y se perfilan para incidir en el Consejo de Seguridad Nacional que Béliz acercó a Fernández.
Entre las figuras preponderantes de la formulación de la política de Seguridad aparecen el exlegislador y defensor adjunto porteño, Gabriel Fuks, quien negoció en nombre de la oposición la ley de creación de la Policía de la Ciudad; la académica Sabina Frederick, coordinadora del Grupo de Estudio sobre Policías y Fuerzas de Seguridad (Gepyfs) y exsubsecretaria de Formación del Ministerio de Defensa durante la gestión de Nilda Garré.
También la exministra de Seguridad, Cecilia Rodríguez, es una voz escuchada por los equipos de Alberto Fernández y de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires; al igual que Silvia La Ruffa, el exdiputado Franco Caviglia, el investigador Marcelo Saín, y el massista Diego Gorgal. Entre estos nombres se debate la conducción de la cartera de seguridad.
Ezequiel M. Chabay