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PARA EL DÉFICIT: MÁS BIENES PERSONALES

El impuesto sobre los bienes personales volvió a ser eje de debate durante esta semana a raíz de los dichos del candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, quien cuenta con las mayores probabilidades de ganar las elecciones de este mes y se pronunció a favor del aumento de este impuesto.
La buena noticia es que los dirigentes vuelven a velar por alcanzar el equilibrio fiscal (por lo menos en sus dichos), algo de lo que el país carece desde hace ya 9 años. La pregunta que surge es cómo se alcanzará y la respuesta de la probable próxima administración apunta a conseguir ingresos más que a reducir sus gastos. Para ello, el mismo espacio realiza una comparación con Uruguay, afirmando que el país vecino realizó una suba en el impuesto sobre el patrimonio de las personas físicas que lo llevó a recaudar lo suficiente para tender al equilibrio primario de sus cuentas. Sin embargo, esto muestra algunos matices que es importante resaltar.
El impuesto a los bienes personales se instala en Argentina el 31 de diciembre de 1991 a modo de emergencia y dura hasta el día de hoy, mientras que su plazo sería solamente hasta el 2001 en una primera instancia. En Uruguay, rige desde el mismo año. Este impuesto recae sobre las personas físicas domiciliadas en el país y en el exterior y sucesiones indivisas radicadas, que tengan bienes en el país. Respecto al diseño del impuesto, se tiene en cuenta el valor de la propiedad al momento de la operación o bien el valor fiscal fijado para el cobro de obligaciones fiscales locales (de los dos, el más alto), menos un coeficiente de amortización, que dependerá de cuál sea el bien, y se lo ajustará año a año. En tanto, en la gestión kirchnerista, el impuesto había mantenido durante varios períodos el monto no imponible de $102.300, recién en 2007 una ley dispuso elevar esa cifra libre del impuesto a $305.000, base que rigió hasta 2015. Durante ese período, la alícuota aplicable iba desde un mínimo de 0,5% hasta 1,25% para los montos mayores.
El actual gobierno quiso eliminar el impuesto a los Bienes personales para todas las personas en 2019, sin embargo, esta medida quedó en el camino durante el tratamiento que tuvo en el Congreso. Los nuevos mínimos se ubicaron en $ 800.000 y la tasa de impuesto del 0,75% en 2016, en $ 950.000 y con la tasa del 0,50% y $ 1.050.000 con la tasa del 0,25%. La última reforma, la de la ley 27.480 de 2018, elevó el monto libre del impuesto, para este año, de $1.050.000 a $2.000.000. Y en un cambio bastante más significativo, se dejó fuera del alcance del tributo a la vivienda del contribuyente, por un valor de hasta $18.000.000 (unos US$300.000). Actualmente, la mayor alícuota es de 0,75% por sobre el mínimo no imponible más el fijo que se le cobre según el escalón, que en esa instancia es de $82.500.
Cabe ahora preguntarse cual es el impacto del impuesto, tanto aquí como en Uruguay, país al que se hizo referencia como ejemplo a seguir. En primer lugar, cabe destacar que la base imponible a partir de la cual se empieza a tributar está por encima de los US$100.000, mientras que en la Argentina ronda los US$33.000 actualmente. Sin embargo, en ambos casos recaudan lo mismo en términos de PBI, el llamado “Impuesto al Patrimonio de Personas Físicas” arrastra un promedio de recaudación de 0,2% del PBI desde 2005 hasta acá, mientras que en Argentina ese resultado es levemente superior (0,27%). Con la actual administración el impacto de ese impuesto se redujo notablemente, y hoy representa 0,091% del PBI, disminuyendo mucho su peso a raíz de la reducción progresiva.
A pesar de que en ambos países el peso es muy bajo en términos de PBI, cabe analizar que la presión tributaria en nuestro país, que hasta 2007 era menor que la uruguaya, hoy se encuentra casi 3 p.p. por encima, con la diferencia de que las cuentas fiscales argentinas se encuentran lejos de conseguir un equilibrio primario, mientras que la economía uruguaya convive hace años con el mismo.
Realizando un ejercicio que nos lleve a los niveles de 2009, cuando el impuesto a los Bienes Personales tuvo su mayor impacto (0,32% del PBI), debería incrementarse el impuesto en el orden de 4 veces lo que es el día de hoy, muy por encima de los niveles que se observaban incluso previo a esta administración y no lograría llevar las cuentas al equilibrio, quedando en un déficit de 0,5% aproximadamente. A su vez, si se quisiera sanear el total de las cuentas fiscales, que rondará en 0,7% del PBI, el impuesto debería ser 10 veces más alto, algo que parece inconcebible. Ergo, no parece ser la solución a los problemas fiscales de la economía. Por último, y no menor, el impuesto en sí tiene un problema de raíz y es que es de fácil manipulación, asignándole valores irreales a la propiedad en donde el tributo queda subvaluado, problema que debería atacarse.



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