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Con Macri en las plazas, la campaña se juega en varios frentes

La campaña electoral está sumando día tras día nuevas paradojas. Una de ellas es que Mauricio Macri, el derrotado en las primarias, aparece liderando manifestaciones de una dimensión y un entusiasmo inesperados. Y Alberto Fernández, el sorprendente vencedor, no consigue abandonar los salones del establishment. Macri, el repudiado, compone la imagen del líder aclamado por la gente. Y Fernández aparece como el candidato de las corporaciones.



Entre esas manifestaciones populares, algunas tienen rasgos enigmáticos.


La que ocurrió en Tucumán el lunes pasado, por ejemplo, además de llamar la atención por su caudal, asombró por la composición social de los participantes. Sectores postergados cuya representación, se supone, monopoliza el peronismo. Que el fenómeno se haya producido en esa provincia también es relevante. Allí gobierna el controvertido Juan Manzur, que se propone como padre fundador de un todavía imaginario albertofernandismo. Anoche la misma vibración que se verificó en las calles tucumanas sorprendió a los misioneros en Posadas.


Macri y su jefe de campaña, Marcos Peña, apuestan a potenciar el impacto simbólico de esta liturgia el sábado 19 en el Obelisco. Las consecuencias electorales de estos actos son impredecibles. Los mismos organizadores se preguntan si servirán para aumentar el número de votos o si se trata de una reacción endogámica del núcleo más fervoroso de la coalición.


Con independencia de su impacto sobre las urnas, el ritual pretende influir sobre la vida interna de Juntos por el Cambio. No solo por lo que esté inspirando en la psicología política de Macri. Los resultados del 11 de agosto desataron allí una disputa sucesoria que la Casa Rosada logró bloquear en homenaje a la salud electoral de los propios contendientes. Una deliberación anticipada sobre el futuro liderazgo dañaría la campaña de quienes resolvieran provocarla. Sea la conducción de la UCR, Horacio Rodríguez Larreta o María Eugenia Vidal. Más allá de este giro táctico, el Presidente aspira a sofocar cualquier germinación de posmacrismo. El argumento de su entorno es sencillo: "Es evidente que quien convoca a nuestra base electoral es Macri".


Las exteriorizaciones callejeras del oficialismo condicionan también a Fernández y a su grupo. Resaltan el estereotipo construido sobre el candidato kirchnerista: un burócrata sin votos, encargado de hilvanar factores de poder. Fue Cristina Kirchner, mucho antes que Macri, quien colabora con esa caracterización. Mientras su ungido consume litros de café con dirigentes, ella solo aparece rodeada de feligreses en las masivas presentaciones de su libro. Misterios de esta saga electoral: los dos líderes que más rechazo registran en los sondeos de opinión son los únicos que congregan multitudes. No debería asombrar tanto. Uno de los factores que enfervorizan a cada minoría es el repudio al jefe de la otra.


Hay un aspecto más de las movilizaciones por el que Alberto Fernández se debe sentir interpelado. Quienes reciben con algarabía a Mauricio Macri en las 30 ciudades de su marcha levantan las banderas que más incomodan al kirchnerismo. Transparencia administrativa, independencia de poderes, pluralismo ideológico, respeto a la libertad de prensa. La agenda republicana.


La contradicción que plantea este movimiento hunde sus raíces en la historia. Con modulaciones distintas, se la puede identificar en la Marcha de la Constitución y la Libertad de septiembre de 1945, contra el régimen militar de Farrell y Perón, o en las concentraciones que rodearon en 1983 a Alfonsín, que había superpuesto la imagen de la conducción del PJ con la de la dictadura militar que se estaba derrumbando. En todos los casos, el mismo contrapunto: república o justicia social.


El mensaje para Alberto


El reclamo de las plazas de Macri es especial para Fernández. Él no es un peronista cualquiera. Es un peronista de la Capital Federal, que, como observó con cierta melancolía Horacio González, no solo "se viste como un porteño viejo". Reclama, además, ser abogado e hijo de un juez. Desde esa plataforma existencial, Fernández se propone como el garante de que el kirchnerismo no involucionará hacia su etapa autoritaria. Como Macri, pero sin poder decirlo, él también pide el voto para asegurar "que no vuelva Cristina". Esta es la razón por la cual desde la campaña del PJ, que tiene una de sus unidades básicas en Comodoro Py, se movilizan denuncias y expedientes que demostrarían la defección de Macri frente a esos valores. En esta línea están las revelaciones del sitio El Disenso sobre sociedades offshore inauguradas en Miami por la subdirectora de la AFI, Silvia Majdalani, junto a su familia, nueve días después de las primarias. En la misma línea que la denuncia contra Majdalani, otra página ligada al kirchnerismo, El Destape, informó sobre las pesquisas que el juez Rodolfo Canicoba Corral habría realizado sobre operaciones de inteligencia del actual gobierno contra jueces federales. Uno de esos expedientes se basa en investigaciones de LA NACION, que, a diferencia de las de Canicoba, fueron publicadas cuando la derrota de Macri era inimaginable.


Hay otra derivación de las manifestaciones de Juntos por el Cambio, sobre todo si a través de ellas comienza a definirse el liderazgo de esa alianza. Para Fernández, si triunfa el 27 de octubre, esa disputa puede ser crucial. No es lo mismo que la estrategia opositora sea diseñada por Macri que el hecho de que tenga la impronta de una alianza entre la UCR -donde despunta la posible jefatura de Enrique Nosiglia-, Larreta, Vidal y una reconquistada Margarita Stolbizer. Una diferencia notoria tiene que ver con el protagonismo de Elisa Carrió, convertida hoy en la principal aliada interna del Presidente. Desde esa condición impone un tono al proselitismo que se prolongaría en las relaciones con un nuevo gobierno. Basta con consignar la caracterización que hizo de dos aliados principales de Fernández, el gobernador Juan Manzur y el empresario farmacéutico Hugo Sigman, durante una entrevista con el periodista tucumano Federico Van Mameren, hace tres semanas: "Manzur sabe que el mayor exportador de efedrina e importador en la Argentina es Hugo Sigman. Que reconocen que Hugo Sigman financia la campaña. ¿Cómo puede ser que el 40% de los fondos de la campaña de Alberto Fernández provenga de Tucumán?". ¿Influyó Mario Quintana en este enfoque? Quintana es el alter ego de Carrió, quien atribuyó su desplazamiento del Ejecutivo a presiones de la industria farmacéutica.


El balance interno de Juntos por el Cambio tendrá un impacto más concreto sobre un eventual gobierno de Fernández que la mayor o menor dureza discursiva. Tiene que ver con el grado de cooperación que encuentre el eventual presidente kirchnerista en un oficialismo que comenzaría a retirarse.


En la dirigencia radical, pero, mucho, en el gobierno porteño, se pretende que, en caso de perder, los funcionarios de Macri se pongan a disposición del nuevo oficialismo.


Este espíritu supone una decisión política: compartir algunas operaciones que deberá afrontar cualquier administración futura. Larreta y Vidal no descartan que las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional y los acreedores privados para una reprogramación de los vencimientos de la deuda se inicien antes del 10 de diciembre, con la participación del equipo entrante y del saliente. Los interlocutores que destacó Fernández frente al Palacio de Hacienda -Matías Kulfas, Cecilia Todesca, Guillermo Nielsen, Emmanuel Álvarez Agis- ya recibieron ese mensaje.


Una colaboración similar podría ocurrir frente a decisiones desagradables que habrá que adoptar después de las elecciones. Una de ellas es el descongelamiento del precio de los combustibles para los particulares. Está previsto para el 13 de noviembre. Si fuera por Larreta, quien se imagina conviviendo con Fernández cuatro años, y Vidal, la gestión actual debería anunciar los nuevos valores. La posición de esos dirigentes es decisiva: son los padrinos de Hernán Lacunza, el ministro de Hacienda y Finanzas.


Otro frente conflictivo es el de los impuestos. Aquí hay otro actor atrapado en la polémica: la Corte. Macri resolvió pedir explicaciones a los máximos jueces por la cautelar a favor de los gobernadores peronistas que no quieren recortes en su recaudación por la rebaja del IVA en alimentos y la postergación del adelanto de Ganancias.


El escrito presentado por Lacunza y Dante Sica expone inconsistencias en el pronunciamiento de los jueces. E incomoda con una pregunta: ¿cuál sería el monto de la compensación que la Nación debería girar a las provincias? Anteayer se reunieron los fiscales de Estado de las jurisdicciones que hicieron el reclamo y no pudieron despejar la incógnita. Macri disfruta dejando a los jueces en una posición antipática frente a quienes festejan el recorte impositivo. Está convencido de que ese anuncio cambió en su favor el clima electoral. Ricardo Lorenzetti, a quien se atribuye la jugada judicial, le hizo conocer su enojo a través de su interlocutor más habitual.


La pregunta clave es si, entusiasmado por las movilizaciones antikirchneristas, Macri estará dispuesto a compartir costos políticos con su eventual sucesor. Para contestarla hay que recordar que el Presidente reprocha a Alberto Fernández haber conspirado en su contra frente al Fondo Monetario Internacional y con sus declaraciones sobre la cotización del dólar y la reestructuración de la deuda.


La buena o mala disposición de Macri es cada día más importante para Fernández. Quienes dicen apoyarlo potencian demandas imposibles de satisfacer. Alcanza con leer la propuesta de gobierno elaborada por los equipos del PJ que condujo Ginés González García, padre político de Manzur y, como él, adalid de los laboratorios nacionales. Sólo el gasto que supone, y el nivel de intervencionismo que recomienda, sobre todo en el área energética, dinamitarían cualquier acuerdo económico y social antes de que Fernández reúna a los sectores. Además de bloquear las negociaciones con el Fondo. Cuando lea el documento, el candidato tendrá derecho a repetir lo que solía decir Phillip Hammond, el ministro de Hacienda de Theresa May, cuando explicaba cómo funciona el Parlamento: "Adelante están tus rivales. Detrás, tus enemigos".


Carlos Pagni