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"La Fed evita el dolor que incentivaría que China y EE.UU. llegaran a un acuerdo"

No son perspectivas muy halagüeñas las que presenta Rubén Segura-Cayuela, nuevo economista jefe para Europa de Bank of America Merrill Lynch Global Research. La síntesis es la siguiente: la economía presenta un crecimiento débil, la probabilidad de shocks es muy elevada, desde la guerra comercial hasta un Brexit sin acuerdo, y ello tiene lugar en un momento de gran complacencia en los mercados. 
Precisamente, esta última supone, a juicio de Segura-Cayuela, un gran inconveniente para que se resuelva la guerra comercial, para que China y Estados Unidos lleguen a un acuerdo. Al no haber presión de los mercados, ni Donald Trump ni Xi Jinping tienen ningún incentivo para poner fin a su conflicto. Si el mercado está anestesiado es por el importante cambio de sesgo del discurso de la Reserva Federal norteamericana: la Fed, con su aproximación más dovish a la economía y con sus promesas de bajadas de tipos, evita que el mercado sufra el dolor que presionaría para poner fin a la guerra comercial. El peligro que anticipa Segura-Cayuela es que, para cuando el mercado se dé cuenta de los riesgos a los que se enfrenta, el dolor puede ser permanente. Pero pronostica que podríamos contar con un acuerdo parcial este verano, siempre sujeto a que el mercado presione para que así sea. En las próximas semanas o meses, por tanto, podríamos asistir a las turbulencias que avisen a los líderes de las dos superpotencias de que los riesgos que están ocasionando son muy peligrosos y de que hay que ponerles coto. Quizás ello venga motivado porque, al fin y al cabo, la tregua que se derivó de la última cumbre del G-20 es temporal, no definitiva. En cualquier momento podrían volver a saltar las hostilidades. Pero el acuerdo que anticipa Segura-Cayuela que podría llegar este verano será parcial, aunque incluya cuestiones relativas a la propiedad intelectual, el tema más espinoso que enfrenta a China y a Estados Unidos. 
"En todo caso, éste, el enfrentamiento entre las dos superpotencias es sólo un episodio de la guerra comercial", avisa Segura-Cayuela, que advierte de otros tres focos de riesgo: la lista de potenciales productos que el Departamento de Comercio de Estados Unidos tiene en el punto de mira para aplicar tarifas es muy grande; los aranceles contra China están provocando que parte de la producción se esté deslocalizando a otros países, como Vietnam, y, dado que la Casa Blanca está obsesionada con las balanzas comerciales bilaterales, es posible que Trump empiece a apuntar a otras economías contra las que establecer aranceles; además, señala el riesgo de guerra de divisas: Donald Trump ya ha avisado en varias ocasiones de que el euro está anormalmente débil contra el dólar y que ello es perjudicial para Estados Unidos; y, por último, no hay que perder de vista la posibilidad de que Donald Trump ponga aranceles a las importaciones de automóviles: la decisión está prevista que se tome el próximo noviembre y, aunque parece que la Administración estadounidense está evitando que las tarifas sean visibles para el consumidor final, no hay que dar por hecho que no llegarán a aplicarse sobre los coches. 
En un contexto en el que la zona euro crece a ritmos débiles del entorno 1,2%, cualquier shock puede ser fatal para el crecimiento. Así, de acuerdo con Bank of American Merrill Lynch Global Research, en el caso de que Estados Unidos termine aplicando el arancel del 25% sobre China y el gigante asiático contraataque, el crecimiento medio del PIB de 2020 para la zona euro podría quedar reducido al 0,5% y ello, con recesión técnica en la primera mitad del año. Si además se aplicaran las tarifas sobre los automóviles, entonces la expansión media de la zona euro el año que viene se vería mermada hasta el 0,2%-0,3%. "Cualquier golpe de viento nos rompe la vela", es la metáfora que usa Segura-Cayuela. 
Limitaciones en política fiscal y monetaria
¿Qué se puede hacer en este contexto? Segura-Cayuela se muestra escéptico respecto a la disposición europea a aplicar medidas de política fiscal expansivas. Y también sobre la capacidad del Banco Central Europeo. En este sentido, afirma que lo que más ayudaría sería que Mario Draghi adquiriera un compromiso de no subir los tipos y de continuar con las reinversiones hasta que la inflación subyacente llegue a un nivel consistente con un IPC general del 2%. 
El experto de BofA Merrill Lynch dice que le cuesta ver la necesidad de bajar los tipos de interés y menciona el concepto del "reversal rate", es decir, el nivel a partir del cual la reducción del precio del dinero empieza a ser dañina y no benigna para la economía: "Aún no estamos ahí, pero no sabemos exactamente dónde está ese punto. Ello debería ser suficiente incentivo para no tocar los tipos de interés", razona Segura-Cayuela. Además, según advierte, Donald Trump se puede tomar la bajada de los tipos de interés como una provocación o como una excusa para aplicar sus aranceles. Tampoco considera este analista que sea necesario retomar las compras de activos, a no ser que se produzca un shock duro. 
Y éste puede adquirir la forma de un Brexit sin acuerdo el 31 de octubre. El analista considera que no hay que dar por hecho que la salida será con acuerdo porque el Parlamento británico en su día votara en contra de un divorcio a las bravas; ni que Boris Johnson, quien se presume como próximo primer ministro británico, perdería una cuestión de confianza; ni que en unas nuevas elecciones no nacería una alianza de conservadores y del Brexit Party a favor de una ruptura sea como sea. "Los argumentos que apuntan que se puede evitar un Brexit sin acuerdo son flojos", afirma Segura-Cayuela. 
Un Brexit duro podría restar 0,5 puntos al crecimiento del PIB de la zona euro.
¿Qué pasa con España en este entorno?
A Segura-Cayuela no le preocupa el crecimiento económico español, que es robusto y que seguirá por encima de la media comunitaria y en el entorno del 2% este año y el próximo. Pero sí le inquieta la parálisis política actual. "Se ha hecho un buen trabajo en los últimos años, pero ha habido cosas que se han dejado por hacer, como el ajuste fiscal de tres puntos del PIB que cada vez va a ser más difícil de acotar; el problema de la productividad; el sistema educativo, que no es el adecuado para los retos futuros; la deuda externa, que es muy alta y le hace al país muy vulnerable a cambios de sentimiento globales; así como la mejora de los mercados de trabajo, productos y servicios", enumera. Cree que son necesarios amplios acuerdos de estado para abordar todas estas cuestiones, pero no ve la urgencia en los partidos políticos para hacerles frente. A corto plazo, puede que los mercados no vean tampoco esa urgencia, puesto que hay mucha liquidez. Pero la situación de España es vulnerable y cuando llegue un posible shock, entonces es posible que tenga que realizarse un ajuste fiscal rápido y mal diseñado, como a veces ha ocurrido en el pasado.



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