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¡Ojalá no te jubiles nunca!

Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.
No, no es que esté apoyando la reforma propuesta por el FMI para elevar la edad jubilatoria. Tampoco me interesa hablar del aumento de la esperanza de vida en el mundo ni del deteriorado sistema previsional. A lo que apunto hoy es a realizar un análisis que te ayude a separar las nociones de jubilación y retiro, para luego comprender lo importante que resulta generar un excedente monetario mensual que se apoye en el aumento de nuestra cultura financiera.
Si todavía tenés la esperanza de vivir de tu jubilación dentro de un tiempo lejano, no leas esta nota porque su aporte va en sentido contrario. Si, en cambio, te estás dando cuenta de lo imperioso que resulta tomar cartas en el asunto y cambiar el chip mental sobre planificación, tengo algunas ideas que pueden servirte.
¿Aún estamos en la era industrial?
Alvin Toffler, en su libro “La Tercera Ola”, separa la historia productiva de la humanidad en tres etapas distintas: la Primera Ola, correspondiente a la revolución agrícola (aproximadamente desde el año 8000 a.C. hasta el siglo XVII); la Segunda Ola, que surge entre los años 1650 y 1750 con la Revolución Industrial y se extiende más o menos hasta 1970; y la Tercera Ola, como denomina a la actual era de la información y el universo de la informática.
Tanto en la primera como en la segunda el trabajo era más bien físico y llegada una determinada edad el cuerpo no respondía, por lo que la jubilación era un destino obligado. Esto cambió radicalmente en nuestros días, donde si bien el trabajo físico sigue existiendo (en un futuro cercano se delegará casi todo en los robots), ha disminuido considerablemente y ya se trabaja más con la cabeza que con el cuerpo.
Por lo tanto, la jubilación se convierte cada vez con mayor frecuencia en una etapa de la vida donde las personas siguen trabajando por su cuenta mientras reciben un haber por parte del Estado en base a aportes realizados durante al menos 30 años. En consecuencia, la jubilación dejó de ser el retiro de las personas para convertirse en una especie de ahorro forzoso de bajo rendimiento.
El escenario actual es claro: vivir al día creyendo que en un futuro vamos a poder subsistir con la jubilación equivale a pensar con una cabeza que atrasa 50 años en un mundo que cambió y ya no ofrece más estabilidad.
¿Cómo estará la economía cuando me jubile?
El desarrollo del capital financiero y la aparición en el mundo de los fondos de pensión encargados de administrar el dinero de los aportantes generaron una interesante paradoja: los trabajadores terminaron financiando a las empresas y gobiernos al colocar indirectamente sus ahorros en acciones y bonos que cotizan en los mercados.
¿Cómo es esto? Muy simple: los fondos de pensión, como cualquier otro fondo de inversión, colocan la mayoría del dinero que reciben de sus afiliados en los mencionados activos financieros y se someten a la volatilidad de los mercados, que experimentan variaciones muy bruscas de precios como las de 2001 y 2008 cada vez con mayor frecuencia.
Al evaporarse el valor de los activos, un crash financiero podría privar a millones de jubilados de contar con buena parte de lo aportado durante toda la vida. Pero no es el riesgo bursátil el único que el sistema previsional debe afrontar: desde los años 70, el desempleo estructural y el envejecimiento de la población redujeron los aportes de los trabajadores activos elevando al mismo tiempo el gasto fiscal por seguros de desempleo, especialmente en Europa.
Este rojo se financió con deudas públicas a todas luces impagables, cuya cesación de pagos se evita con emisión monetaria y la colocación de más bonos estatales en el mercado.

Si ya te convenciste de que la jubilación no sirve: ¿Qué podés hacer?
En primer lugar, asumir que la jubilación no es tu meta y que, con cultura financiera, vas a poder disfrutar de “retiros parciales”.
Si trabajás de algo que te apasiona, es probable que hayas llegado a esta conclusión de manera intuitiva. Si ese no es el caso entonces tenés que comenzar a aplicar en tu vida el Ciclo Natural de las Finanzas Personales: primero generás un excedente mensual de entre el 5 y el 20% de tus ingresos, luego destinás ese excedente al ahorro y a la generación de ingresos pasivos (si es en moneda dura, mejor), lo cual te aporta un ingreso de segundo orden. Una parte de ese ingreso se gasta y otra parte se vuelve a invertir, con lo cual estás “reciclando” tu ingreso primario para construir una o varias fuentes de ingresos adicionales al ingreso unidireccional de tu trabajo diario.
¿Hacemos un poco de números? Actualmente, se puede invertir en pesos (con riesgo alto, a mi juicio) a tasas de entre el 40 y el 60% anual y en dólares a tasas de entre el 6 y el 7% anual. Lo ideal es crear un portafolio diversificado en donde al menos el 80% esté invertido en moneda dura y con el otro 20% se intente aprovechar las altas rentabilidades en pesos.
Las tasas de interés mencionadas están por encima de lo que dice la teoría del retiro mediante “la regla financiera del 4%“. Este modelo de inversión fue sistematizado por primera vez en el año 1994 por William Bengen, asesor financiero estadounidense, en un artículo titulado “Determinando tasas de retiro de fondos utilizando datos históricos”.
El estudio es sumamente útil para ponerle un número al monto que necesitás para retirarte: 25 veces tus gastos anuales. Una vez que llegas a esa suma, debés invertirlo (en inversiones conservadoras, claro está) y podrás ir retirando el 4% por año. Así tu dinero nunca se agotará.
¿Algo inalcanzable? Un neosoltero que vive con 20.000 pesos por mes necesita para retirarse 153.846 dólares (20 mil x 12 x 25 dividido el tipo de cambio actual de 39). Es mucho dinero, claro está, pero lo cierto es que la cifra no es inalcanzable y nada tiene que ver con los varios millones de dólares que muchos creen que se necesitan para renunciar a las agotadoras obligaciones diarias.
Conclusión
Si viviésemos en un país basado en la economía real bajo el entramado de un estado eficiente, te diría que concentres tu energía en el trabajo tradicional y, si podés, ahorres algo para colocar en un plazo fijo o un instrumento similar.
Pero dado que vivimos en un país en donde la financiarización de la economía es cada vez más salvajeno me queda otra que volver a hacer hincapié en la necesidad de que comiences a “financiarizar” tu cabeza para planificar los pasos a seguir.
Deberás comenzar hoy mismo a trabajar sobre la capacitación para este 2019 (esta nota que escribí hace dos años puede ayudarte dado que no perdió actualidad) y dejar de creer que el Estado vendrá a rescatarte cuando llegues a la tercera edad.
¡Ojalá no te jubiles nunca y disfrutes una vida plagada de retiros parciales! Ese es mi deseo. De otra forma, perderás trabajando años de juventud que podrías disfrutar.