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Los inversores a la espera del show de "Trumpman" de este fin de semana

Cierre plano en las bolsas europeas, con una baja volatilidad y escaso volumen negociado.

Pocos movimientos al cierre de las bolsas europeas, en una sesión de muy baja volatilidad típicas de las jornadas que anteceden a acontecimientos importantes, como sucede ahora con la reunión de este fin de semana del presidente de EE.UU. y del chino.
La jornada comenzaba con moderadas alzas en las bolsas asiáticas, y un bajo volumen de negociación. Preocupó a los inversores regionales el débil dato manufacturero en China en el último mes, cerca del nivel de contracción.
Los analistas de Goldman Sachs sacaban una nota de investigación dirigida a clientes esta mañana en la que fijaban tres escenarios posibles tras la reunión: Escalada en la guerra comercial, pausa, o acuerdo para reducir las imposiciones arancelarias. El más probable, según estos analistas, es el de la escalada comercial.
Las bolsas europeas abrían con moderados ascensos, que pronto se giraron a la baja tras el mal comportamiento del sector bancario. El volumen de contratación era escaso, y así se mantendría durante toda la sesión.
Respecto a los principales datos macroeconómicos de la sesión destacaríamos: La fuerte e inesperada caída de las ventas minoristas en Alemania en octubre, el IPC de los miembros de la eurozona, en general cumplieron expectativas, y la caída de una décima del PIB de Italia en el tercer trimestre frente una subida esperada del 0,2%. En EE.UU. ningún dato especialmente destacable
Todos estos datos fueron completamente ignorados por los inversores, atenazados completamente por la reunión a la que hacíamos antes referencia, y que puede condicionar la evolución de las bolsas de aquí a final de año.
Nicolás López, uno de nuestros analistas de referencia, tiene la siguiente opinión al respecto:
¿Trato en Buenos Aires? Como el showman que le caracteriza, Trump está manteniendo al mundo en suspense sobre si dará el siguiente paso en la escalada de aranceles en que está inmerso o habrá una tregua. La decisión se conocerá este fin de semana. Aparentemente hay posibilidades de un resultado optimista a juzgar por algunas declaraciones recientes de Trump: “Creo que llegaremos a un acuerdo. Lo sabremos muy pronto”. Desgraciadamente, es difícil que el posible acuerdo que se anuncie sea algo más que una pausa táctica, que permita un respiro a los mercados, pero sin un efecto material duradero en lo que se percibe como un deslizamiento hacia una competencia geo-política entre EEUU y China.
El showman Trump mantiene al mundo en suspense sobre sus intenciones comerciales.
Xi no ha avanzado realmente hacia una apertura del modelo chino. Por un lado es innegable que en sus cinco años de mandato el giro autoritario de Xi y su creciente ambición para que China juegue un papel influyente en el mundo hacen muy difícil que pueda producirse un entendimiento estable entre ambos países. La visión de Xi sobre el ascenso de China y lo que EEUU puede considerar aceptable para el futuro de Asia y el resto del mundo parecen difícilmente compatibles. Las buenas palabras de China sobre la apertura de su economía nunca se llevan a la práctica por lo que su posición de defensor de la globalización y el libre comercio carece de credibilidad. Visto desde EEUU al menos, lo que se observa es una creciente aspiración a convertirse en la potencia regional que quiere exportar su modelo a través de proyectos de índole económica como la “nueva ruta de la seda” o la oferta de financiación para inversiones a sus vecinos o no tan vecinos.
Encontrar un equilibrio entre la firmeza y la colaboración. 
En EEUU existe un gran consenso sobre la necesidad de obligar a China a aceptar la reciprocidad en los intercambios económicos y financieros, defenderse de la apropiación indebida de tecnología etc. Queda la duda de si Trump va a optar por anunciar un acuerdo, como una simple táctica para ganar imagen, o va a redoblar su presión sobre China hasta conseguir los objetivos que se persiguen, que no son otros que obligar a China a renunciar a su objetivo de convertirse en una superpotencia mundial amenazante para el orden económico liberal. Ahora mismo parece muy improbable que China vaya a iniciar el cambio que se le exige por lo que un auténtico acuerdo duradero es imposible. Posiblemente dentro de unos años, con otro dirigente en China, pueda pensarse en ese acuerdo, pero hasta entonces lo mejor que puede pasar es una mezcla de firmeza y acuerdos para evitar desestabilizar la economía mundial y que China pueda realmente evolucionar hacia un modelo menos autoritario y más abierto del que actualmente se empeñan en mantener. EEUU tiene que mantener la competencia estratégica con China, pero competencia no significa confrontación ni mucho menos guerra. Más bien debería mantener el diálogo con china para poder manejar potenciales crisis y buscar oportunidades de colaboración en áreas de intereses comunes como por ejemplo el cambio climático.
Los mercados ante la competencia/confrontación. La eventual continuidad de las disputas entre China y EEUU en los próximos años no significa que los mercados estén condenados a seguir en la tónica negativa de los últimos meses. La clave aquí es que pueda vislumbrarse que vamos a un escenario de competencia y no de confrontación. La competencia, incluyendo aranceles “razonables”, es compatible con la continuidad de la expansión de la economía en los próximos años. Por eso creemos que el pesimismo que se ha instalado en los mercados europeos en estos meses podría muy bien disiparse poco a poco a medida que los inversores vuelven a confiar en ello.

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