https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=3ab76eea9c&view=att&th=1648a6d4d6c2fa40&attid=0.1&disp=safe&zw

"Fin de una era. Comienza otra, que desconocemos" | | CapitalBolsa

"No hablo de las elecciones italianas, porque han arrojado unos resultados, con los que italianos están familiarizados (Europa debería estarlo, también) sino del caos de los bonos y de las acciones. El CEO de JP Morgan decía hace unos días que los tipos de interés unas veces suben y otras, bajan. Lo importante es adaptarse al momento y sacarle el mayor provecho. Conforme pasa el tiempo, la mayor parte de los grandes estrategas coinciden que ha finalizado una era, la de la complacencia y la de los bajísimos tipos de ingterés.  Lacomplacencia nunca es buena y el exceso de complacencia, peor. Una lección para cualquier sector de actividad económica, para la política, la familia y los órdenes de la vida en general. Se vuelve a hablar, hasta la reiteración cansina, del exceso de complacencia en los mercados. Pese al empeño de unos y otros, pese la convicción propia, siempre interesada, de que Wall Street ya no es lo que era y que el dinero se traslada desde los mercados USA a Europa, porque aquí están ahora las oportunidades. La realidad es tozuda y tira por tierra cualquier supuesto o proyección que no cuente con el consentimiento de la mayor Bolsa del mundo. El dinero sigue apalancado en Wall Street. En el pasado hemos visto en numerosas ocasiones cómo los inversores pasan de un extremo a otro con demasiada facilidad, del exceso de confianza a la desconfianza; del optimismo al pesimismo; de la euforia al pánico. Hay que huir de esto último, lo que me lleva a plantearme si los bancos centrales también son demasiado confiados sobre sus posibilidades de actuación en situaciones de pánico. Especialmente si aún mantienen ataduras entre lo que les gustaría hacer y lo que les permiten sus mandatos. Esperemos que el cambio de rumbo en la política monetaria no trastorne mentes ni gripe los motores de los potentes ordenadores que mandan en éstas y otras tantas cosas. Y recuerden, aquí manda Wall Street. Como siempre. Acaba una era y comienza otra, cuyo desenlace desconocemos. Por eso, los mercados son presa del miedo desde hace semanas ", me cuenta el CEO de una importante gestora.
Esta reflexión me conduce a otras, que David Buckle, de Fidelity, ya manifestaba el verano pasado y que son de máxima actualidad. Esto es lo que decía, entre otras cosas:
"Ahora que las valoraciones bursátiles parecen cada vez más forzadas, los inversores se enfrentan al dilema de seguir en el mercado o cambiar de estrategia. En mi trabajo, paso bastante tiempo con los inversores y con mis compañeros del área de gestión de activos. Actualmente, resulta interesante el marcado contraste entre sus mentalidades. La mayoría de los inversores con los que hablo eran bastante complacientes en relación con las bolsas. Todo cambió en febrero con el rugido de la volatilidad dormida..."

"Naturalmente, eran conscientes de las elevadas valoraciones, sobre todo en EE. UU., pero en general estaban satisfechos manteniendo esta exposición. Suelen decir: “Me preocupa un poco la situación de las bolsas, pero ¿dónde sino voy a meter el dinero?”, o bien: “Realmente no he regresado del todo a los mercados desde la crisis. Me preocupa perderme las posibles subidas”. En cambio, he advertido, desde hace meses, una creciente preocupación en relación con los mercados ¿Quién tiene razón? ¿Cuándo va a acabarse el mercado alcista?.."
Imagen

Sin lugar donde esconderse
En realidad, creo que la respuesta se halla en el comportamiento del inversor final.
El hecho de que no exista un refugio claro para los inversores y la necesidad constante de rentas y crecimiento provocarán que se mantengan las inversiones. Eso significa que el entorno positivo en las bolsas podría continuar.
Ciertamente, no veo que las bolsas vayan a registrar en el futuro ganancias tan elevadas como las que se han conseguido desde la crisis financiera, porque las acciones están caras. Sí que espero que los PER caigan desde los elevados niveles actuales durante los próximos años, pero durante ese mismo periodo las previsiones globales de los analistas de renta variable de Fidelity apuntan a una mejoría de los márgenes.
Estos dos factores —descenso de las valoraciones y aumento de los márgenes— se combinarán para alimentar las alzas de las bolsas antes de que se estabilicen dentro de unos años. Si añadimos los dividendos a la mezcla, mi previsión sobre las rentabilidades bursátiles es positiva. Por ejemplo, según mis cálculos, la renta variable estadounidense registrará una rentabilidad anualizada del 6,5% durante los próximos tres años, y del 4,75% durante los próximos cinco.
No hay que tener miedo al cambio
Sin lugar a dudas, los mercados están en una situación precaria. Mi miedo es que un pequeño retroceso de los mercados pueda provocar una estampida, pero uno no puede posicionar una cartera de inversión atendiendo únicamente a sus miedos; también hay que tener en cuenta las expectativas. Y dado que no existen refugios obvios, mis conversaciones con los inversores me llevan a pensar que el dinero seguirá fluyendo hacia la renta variable.
La forma de afrontar mi miedo es asegurarme de que mi cartera está equilibrada. Por ese motivo, no soy partidario de reducir la duración en renta fija. Mantener la duración probablemente ayude si las bolsas sufren una sacudida.
En lo que respecta a la duración, y contrariamente a la creencia popular, considero que los mercados de deuda de EE.UU. y Asia cotizan en niveles adecuados. Por ejemplo, suponiendo que la Fed suba los tipos dos veces más antes de tomarse un respiro, el tipo de interés se moverá durante algún tiempo en el 1,5%. Así pues, si el rendimiento de los bonos se mueve entre un 0,75% y un 1% por encima de ese nivel (es decir, un rendimiento total del 2,75-3%), me parece razonable.
Como siempre, un gestor de fondos tiene mucho que aprender escuchando a sus clientes y, en estos momentos, creo que tienen mucho que decir.