Fracasar con la reforma fiscal podría ser humillante para Trump, pero triunfar podría ser catastrófico

En 2015 los republicanos alcanzaron la mayoría en el Senado de Estados Unidos con 54 curules. El año pasado, tras el triunfo de la formula Trump-Pence, obtuvieron un voto más, el del vicepresidente, que por ley es el presidente oficial de la cámara alta. 55 votos. Para aprobar leyes bajo el esquema de la mayoría simple, aplicable en ciertos casos cuando los planetas se alinean en un proceso parlamentario complejo, necesitan únicamente 51 de esos 55 votos. Es decir, en este momento de la historia, los republicanos controlan con comodidad el Congreso y deberían ser capaces de aprobar lo que sea que se proponga. 

Con la configuración actual, los republicanos pueden darse el lujo de perder hasta 3 votos de sus propios senadores; uno más y los republicanos se llevarán dos derrotas en menos de seis meses. En este momento hay 5 senadores republicanos que podrían dar el no y echar abajo la reforma fiscal.La realidad es que este año los republicanos en el Senado no han logrado ponerse de acuerdo, su última esperanza es aprobar una reforma fiscal que regalaría miles de millones de dólares en recortes a las corporaciones y a los millonarios al tiempo que incrementaría el déficit nacional en 1.8 trillones (en inglés) de dólares. Por si fuera poco, ya hay especialistas -del lado conservador, por cierto- que advierten que el multimillonario descuento para los multimillonarios podría disparar una catástrofe económica de proporciones globales.
En este momento hay 5 senadores republicanos que podrían dar el no y echar abajo la reforma fiscal
Desde que anunció su retiro, Corker, senador por Tennessee, ha escalado sus críticas contra Donald Trump. Cuando el senador dijo que las declaraciones de Trump respecto a Corea del Norte "podían disparar una tercera guerra mundial", el presidente lo atacó desde Twitter, asegurando que el senador no buscaría la reelección porque él había decidido no apoyar su campaña y dijo que le había "suplicado" que lo nombrara canciller. Corker en un tuit irónico diciendo que lamentaba que "la Casa Blanca se haya convertido en una guardería para adultos". Además de su guerra con el presidente, el senador aseguró que no votaría por ninguna ley que agregara "un centavo al déficit".
Los senadores de Nevada Jeff Flake y John McCain podrían acabar con la reforma fiscal republicana
Flake, senador por Nevada, ha declarado su preocupación por el incremento al déficit, y también anunció su retiro de la cámara alta, pero aprovechó para lanzar un discurso de 20 minutos ante el pleno del Senado donde -sin mencionar su nombre-denunció a Trump y el estado general de la política norteamericana. Cuestionó también el comportamiento de sus colegas de partido: "Cuando la próxima generación nos pregunte, ¿por qué no hicieron nada? ¿Por qué no alzaron la voz? ¿Qué vamos a decirles?", cuestionó el legislador. "Señor presidente, hoy me levanto y digo: suficiente".
Otro posible rebelde es John McCain, senador por Arizona conocido como el maverick y que acaba de ser diagnosticado con un agresivo tipo de cáncer en el cerebro. McCain también ha sido muy crítico hacia Trump y hacia la violación de las tradiciones parlamentarias en el Senado. Esto último fue lo que lo impulsó a votar en contra de Trumpcare hace unos meses.
Por último, están Susan Collins de Maine y Lisa Murkowski de Alaska, consideradas el ala moderada del Senado republicano. Ambas votaron en contra de Trumpcare por el impacto que tendría en la salud de sus votantes y porque contemplaba retirar servicios de salud vitales para las mujeres como el acceso al aborto, a métodos anticonceptivos y a exámenes preventivos contra el cáncer de mama.
A Murkowski la están intentando convencer con una autorización que le permitiría a Alaska extraer petróleo de la gigantesca reserva natural que existe en el estado. Hoy la senadora dijo que estaba abierta a apoyar la abolición del mandato universal de Obamacare, que sería incluido en la reforma fiscal. Se trata de un artículo en la ley de salud actual que obliga a todos los ciudadanos norteamericanos a contar con seguro de salud, so pena de sufrir una penalización fiscal. El retiro de dicho mandato es el más reciente intento de los republicanos por sabotear Obamacare. Removerlo elevaría los costos de las primas y desestabilizaría los mercados de las aseguradoras.
Mientras esto ocurre en el Senado, los republicanos tienen además el temor de perder otro voto, no a manos de un senador rebelde, sino debido a que el 12 de diciembre habrá una elección especial para elegir al nuevo senador de Alabama, y sobre el candidato republicano, que en cualquier otro año habría ganado con cómodo margen, pesan graves acusaciones de acoso y abuso sexual de menores. Candidato al que ayer Trump defendió, en contra de la postura de todo el liderazgo de su partido, quienes llevan semanas pidiéndole la renuncia.
El primer chasco para Trump y su partido llegó el 27 de julio, cuando el pleno del Senado votó por la Health Care Freedom Act, el intento de la cámara alta por repeler el sistema de salud Obamacare, una promesa con la que llevaban ganando elecciones los últimos 7 años. La propuesta fracaso con 49 votos a favor y 51 en contra. Las senadoras Susan Collins y Lisa Murkowski, junto con John McCain, mataron el esfuerzo.
Esto dejó a Trump sin un solo logro legislativo importante con un Congreso bajo el control de su propio partido, de ahí que la reforma fiscal --que ya fue aprobada en la Asamblea de Representantes-sea clave para cerrar el año. Como comparación, durante su primer año Barack Obama logró pasar legislación importante en temas de salud y el histórico estímulo de 3 millones de millones de dólares para reactivar la economía durante la recesión.
George W. Bush, por su parte, logró pasar dos piezas de legislación importante. Un recorte fiscal de 1.3 millón de millones de dólares y una ley educativa importante. Ambas leyes han sido muy criticadas con el paso de los años, sin embargo, eso no resta el logro legislativo. A W. Bush también le tocó lidiar con los devastadores ataques terroristas del 11 de septiembre que marcarían al resto de su administración y a la política exterior de Estados Unidos desde ese momento.
A pesar de lo que hay en juego, no pocos analistas -como el demócrata Jon Favreau-opinan que conseguir la reforma sería un suicidio político para los republicanos; peor que fracasar en su intento. Las elecciones estatales en Virginia y Nueva Jersey probaron que los ataques contra Obamacare fueron la principal motivación del electorado para propinar tal paliza a los republicanos. Las consecuencias de la reforma fiscal se verían reflejadas en los bolsillos de los votantes en unos cuantos meses, y seguramente en las urnas para noviembre de 2018, cuando se renueve el Congreso. De cierta manera, lograr pasar esta reforma sería lo mejor que le podría pasar a los demócratas. Basta recordar lo que ocurrió cuando Obama logró pasar su reforma de salud, una ley mucho menos impopular que ésta: los demócratas no volvieron a tener control del Congreso.