El boom de las monedas virtuales se parece demasiado a la fiebre puntocom

En 1999, la actriz Whoopi Goldberg tomó una decisión arriesgada. En lugar de cobrar por respaldar una start-up puntocom, recibió un 10 por ciento de participación en el negocio. Parecía un buen negocio. En ese momento, todo el mundo estaba invirtiendo en negocios de Internet y una serie de salidas a bolsa estaba convirtiendo a sus primeros inversionistas en multimillonarios.
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Este hecho recuerda a lo que está sucediendo ahora con el boom de las criptodivisas, y las celebridades que las patrocinan.
La empresa de Goldberg, Flooz, parecía que iba a ser el futuro del dinero en un mundo digital y esperaba un día competir con el dólar. El resultado, sin embargo, fue mucho menos revolucionario. El servicio se parecía a un cupón de regalo: los clientes pagaban en dólares y recibían saldos en Flooz. Éstos podían canjearse en los comercios participantes, con la esperanza de que los créditos algún día circularían como dinero por derecho propio.
El problema para Flooz fue que poco impedía la replicación masiva de su modelo. Un competidor destacado, Beenz, difería sólo ligeramente, al permitir que sus unidades se negociaran a precios fluctuantes del mercado.
Al igual que los sindicatos bancarios antes que ellos, los emprendedores decidieron juntarse para beneficio mutuo aceptando las monedas de cada una de sus redes.
Aun así, en 2001 ambas empresas habían fracasado, derribadas por la falta de un ingrediente que es lo que más cuenta en las finanzas: la confianza. Flooz tuvo problemas de seguridad después de que un sindicato ruso del crimen se aprovechara de la moneda, mientras que el valor fluctuante de Beenz acabó con la confianza de los usuarios.
Su pérdida se convirtió en la ganancia de PayPal, teniendo éxito precisamente porque sus aspiraciones eran mucho más bajas. En lugar de reemplazar las monedas establecidas, PayPal se centró en mejorar la movilidad en línea del dólar, especialmente mediante la creación de una red segura que ganó el apoyo del público. Esto era lo que la gente realmente quería.
¿Aprendimos algo de los fracasos del boom de Internet? Aparentemente no. En lo que cada vez se parece más a la nueva encarnación de la fiebre puntocom, las celebridades están apoyando los sistemas de moneda virtual. Paris Hilton twitteó esta semana que apoyaría la recaudación de fondos para LydianCoin, una moneda digital todavía en etapa de concepto. Ofrece canjearse por campañas publicitarias online de inteligencia artificial. La baronesa Michelle Mone, una empresaria, anunció que aceptaría bitcoin a cambio de apartamentos de lujo en Dubai.
Mientras que el boom de Internet estuvo dominado por las salidas a bolsa, vinculadas a una empresa potencialmente rentable, esta vez se trata de "ofertas iniciales de monedas" (ICOs) que inflaman el fervor de los inversores. La mayoría de estas ofertas iniciales no aspiran a obtener beneficios o dar dividendos. De hecho, desde el punto de vista regulatorio, no pueden - la mayoría de los abogados están de acuerdo en que hacerlo podría clasificarlas como acciones, dibujando una intervención reguladora que los obligaría a procesos de inclusión estrictos.
Esta opinión fue corroborada en julio cuando la US Securities and Exchange Commission advirtió: "Las monedas o fichas virtuales pueden ser valores y sujetos a las leyes federales de valores" y que "sea relativamente fácil para cualquiera usar la tecnología blockchain para crear un ICO parece impresionante, aunque en realidad podría ser una estafa."
Así que la mayoría de los ICOs lo hacen mediante la venta de fichas de monedas virtuales preexistentes con la promesa de ser canjeables en bienes, servicios o conceptos en línea, o simplemente con la esperanza de que las mismas fichas suban de valor a pesar de no ofrecer nada específico a cambio.
Todavía piensan que pueden tener éxito donde otros sistemas monetarios paralelos han fallado. Con el número de comerciantes convencionales que aceptan las monedas virtuales cayendo en lugar de subiendo, los poseedores de estas monedas necesitan algo más atractivo en qué gastar su riqueza digital.
Ahora mismo, sólo se puede acceder a la economía real mediante el cobro de la moneda digital en dinero convencional en los intercambios de criptodivisa. Esto tiene un coste. La manera en la que los reguladores restringen la forma en que se gobiernan los mercados de intercambios, hace que los titulares de fichas no puedan o no quieran darse a conocer.
Eso hace que mantener la criptodivisa sea bueno por sólo tres cosas: la especulación virtual de la modernidad, que es en última instancia un juego de suma cero; canjearse contra los bienes de mercado opaco o la elusión del control de capital.
Se supone que los ICOs que ofrecen bienes reales, servicios o bienes raíces a cambio de criptodivisas pueden de alguna manera aprovechar este considerable, aunque potencialmente ilícito y restringido, conjunto de riqueza. Sin embargo, si las economías no reguladas compiten realmente en ganar tracción, los gobiernos actuarán.
El banco central de China ya ha marcado a las ICOs como una forma ilegal de crowdfunding y se esperan más resoluciones de otras jurisdicciones en las próximas semanas.
Por otra parte, si la historia enseña algo, la propia propensión del sistema a cultivar el fraude y la complejidad innecesaria frente a una competencia más segura y regulada puede ser lo que más frene el desarrollo. Cuando a la gente se le da la opción, la gente suele optar por la seguridad.

Fuentes: I. Kaminska FT
Carlos Montero - Lacartadelabolsa