Gils Carbó, la “NYC” Rebelde

En su repentino ascenso hacia la Procuración, el primer escalón fue la conferencia olvidable del vicepresidente Amado Boudou, El Descuidista.
En el desborde verbal, El Descuidista cargó (muy mal) contra el Procurador Esteban Righi, ponderado autor del discurso más setentista, ante la temible Policía Federal.
Solidaria con su vice, La Doctora cometió el desaire de aceptarle a Righi la renuncia. Como  corresponde al caballero, Righi iba a refugiarse en el hermetismo.
El segundo escalón lo representó la presentación deplorable del doctor Daniel Reposo. El Aspirante. Ante los venerables senadores que contenían las carcajadas.
El tercer escalón fue apenas comparativo. Porque las vulnerabilidades de Reposo transformaron a la doctora Gils Carbó en una rápida eminencia. El senado la aprobó (casi) por unanimidad.
Desde el Portal también se celebró la designación.
A Gils Carbó se la conocía, se la respetaba, por su firme crítica a la megafusión de Cablevisión y Multicanal, que impulsaba el Grupo Clarín. Amparado en férrea amistad por conveniencia de Héctor Magnetto, El Beto, con Néstor Kirchner, El Furia.
Como Fiscal General de la Cámara Comercial, Gils Carbó sería simultáneamente perseguida por Kirchner, a través de su Procurador. Y por la temeridad de Clarín, que lanzado al papelón hasta patrocinó una denuncia por plagio contra la impertinente que cumplía con su atribución.
El último mandado
Desatado el conflicto del kirchnerismo con Clarín, Gils Carbó reunía, paradójicamente, las mejores cualidades para suceder a quien, por orden de El Furia, la hostigaba.
Irrumpe, según nuestras fuentes, por la vía de Carlos Zannini, El Cenador, que era Secretario Legal y Técnico. Y por el fundamental apoyo del CELS, Centro de Estudios Legales y Sociales, orientado por el colega Horacio Verbitsky, que digitaba los ascensos militares y bajaba las líneas liminares en materia “derechos humanos”. La avalaba también su relación directa con el Fiscal de Investigaciones Administrativas, el doctor Manuel Garrido, posteriormente cercano a la Coalición Cívica de la señora Elisa Carrió, La Demoledora que alterna, respecto de Gils Carbó, altibajos que se extienden desde la admiración al rencor. Pero esto tiene que ver más con la peripecia de Carrió, hoy fervorosa macrista, que con la peripecia de Gils Carbó. La pobre iba a quedarse enredada con los kirchneristas que antes, por su romance con Clarín, la acotaban.
Ofrecía ostensibles valores a su favor. Mujer sólida, inteligente, valiente y laboriosa. Y para colmo era “Nyc”. Nacida y criada, en la Casa Casta de la carrera judicial.
En adelante apenas sería detestada por el multimedio que no pudo destruirla, ni siquiera cuando contaba con el presidente Kirchner como aliado. Menos iban a poder destruirla ahora, con la presidente en contra, La Doctora.
En cierto sentido, después de haberle proporcionado a Clarín mucho más de lo que Clarín pedía, el último mandado que Macri tiene para hacerle al Grupo consiste en lograr el alejamiento de Gils Carbó. Derrocamiento que el presidente mantiene en la punta de la lapicera desde antes de asumir.
19 meses después se encuentra cerca de alcanzar el objetivo. Basta con armarle una causa, indagarla y procesarla. Por una cuestión inmobiliaria. La patología invita a sonreír.
Sobreactuaciones
Por visceral y apasionada, y pese a ser “nyc”, Gils Carbó no pudo evitar el severo riesgo de la sobreactuación. Pronto llegó a desconfiar de los funcionarios de carrera. Los “nycs” la dragaban con descalificaciones cotidianas. Entonces la NYC Rebelde se rodeó de incondicionales limitados, ajenos a la Casa Casta, sindicados por la sospecha por ser próximos al CELS.
En la sobreactuación, la Procuradora se “cristinizó” en demasía. Resultó llamativamente generosa para gestarse enemigos relativamente poderosos. En vano, la NYC Rebelde trató de diferenciar al Ministerio Público Fiscal del Poder Judicial. Como si no se diera cuenta, en su torbellino, que comenzaba a cargarse también los honores del doctor Ricardo Lorenzetti, El Cardenal Richelieu.
Acumulaba desaires en cantidad. Y hasta se permitía faltar a la solemne “inauguración del año judicial”. Acontecimiento que ponía al Poder Judicial a la altura del Ejecutivo.
Para Gils Carbó, la NYC Rebelde, aquella inauguración era un colosal invento de Lorenzetti, a los efectos de diferenciarse oportunamente de La Doctora, que en simultaneo se desprestigiaba.
Como cuando Richelieu concluyó su calculada disertación con un homenaje al asesinado Alberto Nisman.
Sin embargo, la equivocación más rotunda, en el exceso de la sobreactuación, fue cuando Gils Carbó, con desaconsejable entusiasmo, avaló con su osamenta el bautismo social de Justicia Legítima. Exhibió un rol de fundadora del colectivo próximo al cristinismo, sentada al lado de símbolos de la magnitud de Victor Hugo Morales, El de la Banda Oriental, y la señora Estela de Carlotto.
Para ser removida, sus perseguidores, que igualmente sobreactúan, necesitan las dos terceras partes del Congreso. Difícilmente los que sobreactúan para complacer al presidente Macri hoy puedan alcanzar semejante mayoría. Aunque Clarín le mantenga la picota preparada. Como si la NYC Rebelde fuera una copia burocrática de Chacho Peñaloza.
Cada día que Gils Carbó resiste en su puesto es vivido por Macri –pobre- como una profanación.
La arquitecta egipcia
Lo que los perseguidores no pudieron conseguir con los detalles técnicos de la profesión, suponen conseguirlo por las irregularidades de una operación inmobiliaria. Demasiado por una compra innecesaria.
La NYC Rebelde pretendió ser la fundadora del nuevo Ministerio Público. Prefirió disponer del edificio propio, alejada de la Corte del Cardenal Richelieu.
“Tuvo un ataque de arquitecta egipcia”, confirma la Garganta. “O tal vez de exposición de Casa FOA”.
Al extremo de excitarse con un edifico declarado Patrimonio Historico de la Ciudad, situado enfrente de la antigua Gath y Chaves. Donde, según nuestras fuentes, de niña solían llevarla los padres, para contemplar a los buscapinas disfrazados de reyes, y comprarle el tapadito tanguero, como el del tango María, para el invierno. En la calle Perón, que aún los melancólicos llaman Cangallo.
El edificio le encantaba a la nueva arquitecta egipcia pero tenía inconvenientes.
“Queda lejos de todo, no tiene cocheras”. La Garganta.
Y por el cuento del Patrimonio ni siquiera se le puede voltear una miserable pared. La cuestión que Gils Carbó se mudó con su grupito de incondicionales. Como si se hubieran comprado el Cabildo.
La NYC Rebelde confió en gente que no merecía su confianza. Por miedo a perder la inútil joya arquitectónica, permitió el armado de la licitación directa. Consta que el hermano de madre de un funcionario menor, que tiene otro apellido y fue designado por ella, estaba vinculado a la inmobiliaria encargada de la operación.
Tanta trayectoria de arrojo y valentía para caerse por una comisión cuestionable.
“Alejandra es decente, Rocamora, pero aquí la giraron”.
“Su responsabilidad es política”, confirma otra Garganta.
Y cuando Gils Carbó ordenó la confección del sumario interno era Tarde. Como en el tango Tarde. Separó al funcionario cuestionado. Pero era -debía resignarse- Tarde.
No podían llevársela puesta por una idiotez por el estilo.
Nadie puede sindicar al Fiscal Taiano como instrumento del PRO. No se olvida que participó del sobreseimiento de los Kirchner, cuando los acusaban por el pecado de pegotearse con el membrillo de la corrupción. Pero como todo juez federal, en el país donde “sólo importa la justicia federal” (cliquear) se accede a la tentación de cargarse a los que están en retirada.
O son sobrevivientes que resisten, como Gils Carbó.
En la historia constitucional de la Argentina, por primera vez un Procurador General es llamado a indagatoria.
Sin embargo, a Gils Carbó, la NYC Rebelde, le queda un último aliado importante. Su buena ventura puede llegar por la vía del joven Grabois, el lúcido dirigente social, o por el estruendoso Vera.
Es Francisco. La Eminencia Reverendísima acaba de invitarla para el encuentro de los notables magistrados que luchan contra el crimen. Ningún dato prescindible.
Al cierre del despacho aún no llegó, según nuestras fuentes, el rosario. Similar al rosario que lleva siempre la señora Milagro Sala, en la mano izquierda. La mano del corazón.


JORGE ASIS Periodista y Escritor