La “alimentación ecológica”, el próximo fraude al que se enfrenta Europa Por Moisés Romero

Suelo ir a los mercados de abastos, que aún quedan en pie, y a todo tipo de hiper que pululan por el reino de España y por Europa. Observo cómo aquí y allá hay una sobreabundancia de productos ecológicos, cuando, en buena lid, debería ser lo contrario ¿Por qué? Porque la mal llamada agricultura ecológica vende la propaganda de que no utiliza en sus productos ningún abono o plaguicidas "asesinos", que luego repercuten en él la salud de los humanos.
La contestación de un ciudadano con escasos conocimientos (no digamos ya, grandes conocimientos) del mundo de las plantas y de los animales es no. Imposible. Pueden desarrollarse productos alimenticios, con menores aportaciones de plaguicidas, fungicidas y abonos industriales. Pero es muy improbable que un tomate, un pepino, un pimiento, una zanahoria, una uva, una patata, etc, etc estén libres de pecado, exentos del polvo y de la paja de los hábitos de la agricultura y de la huerta tradicionales. Lo peor es el doble engaño, el descrito, y el precio desorbitado, que, como observo en todos los mercados (otra nota a considerar, todos), muchos están dispuestos a pagar.
El fenómeno de la alimentación ecológica llega al mundo de los huevos, de las gallinas, los pollos ecológicos, las vacas que duermen con música clásica y pacen alegremente con Heidi saltando a su lado. Hace unos días vi un córner en una gran tienda, con animales (sacrificados, claro) ecológicos. Pollo a 20 euros, el kilo y conejo, a 9 euros el kilo. A continuación, otro córner con carne de vaca y de ternera cuidada con mimo y sin colorantes ni conservantes. ¡Toma del frasco!
Un poco más lejos, yogures con leche de no se dónde. Y en la frutería tomates raf, cuando el que conoce este tomate tan genuino sabe que es escaso y muy caro. Pero el tomate raf ya te lo venden en las calles, en las tiendas llenas de suciedad y fruta putrefacta. En una de esas tiendas también vendían huevo ecológicos.
En el emblemático Mercado de Maravillas (Cuatro Caminos, Madrid) hablo con el pollero al que siempre le compro su género. "Juan Carlos ¿por qué no vendes productos ecológicos?", le pregunto. " Porque no quiero engañar a nadie. Busco buenos pollos, gallinas, pavos, conejos y...caza, con máximas garantías. Pero la moda de lo ecológico es una mala moda, de la que muchos vendedores y consumidores se arrepentirán. Pronto, las Autoridades terminará con esta historia. Al tiempo. ¿Te acuerdas de los productos biológicos, los productos bio? Pues eso. Tuvo que intervenir la Comunidad Europea". Esa es su sentencia.
Mi apunte personal es que mis padres (que en paz descansen) eran temerosos con la utilización de antibióticos para pollos, conejos, gallinas, corderos y cerdos criados, doy fe, en total libertad y alimentados con pan, cebada, hierbas del campo. "Un día nos vamos a morir, solía decir mi madre hace 60 años (sesenta), con tanta mierda que les damos a los animales". Y apenas eran unas gotas amarillas en el agua.
Lo mismo sucedía en la huerta. Huertos a la sombra de los chopos y regados con el agua de la fuente. Las patatas había que tratarlas con venenos (decían mis padres) contra el escarabajo patatero. A los pimientos, pepinos y tomates había que sulfatarlos y tratarlos con venenos contra el pulgón ¿Hablamos de la fruta y del tratamiento de los árboles frutales? Y otra pregunta ¿cuántas hectáreas de terreno se necesitarían para criar pollos, vacas, gallinas, conejos? Los números no salen.
Un grave problema para la Comunidad Europea. La alimentación ecológica, como la biológica lo fue en su día, se aferra a la letra pequeña de las ordenanzas alimenticias. Que no lo timen y, por supuesto, me apunto a un buen tomate raf, a un pepino criado al aire libre (comienza la temporada ahora), a un tomate cogido de la mata, una sandía (también comienza ahora la temporada) o un buen melón de agosto-septiembre ¡Y qué ricos están los huevos de corral y los pollos que criaban mis padres!