Hillary logró desestabilizar a Trump, que perdió el control del primer debate

Con fuertes cruces se inició el primero de los tres debates que enfrentarán a Hillary Clinton contra Donald Trump. La ex secretaria de Estado dominó la mayor parte de los intercambios con un estilo aplomado y logró lo más importante en un lance de este tipo: Que su rival estuviera a la defensiva y hablara de lo que a ella le interesaba.

Hillary combinó sonrisas irónicas con un estilo implacable de confrontación contra su rival a quien señaló por no mostrar su declaración de impuestos, no pagar a los empleados de sus compañías, por denigrar a mujeres, latinos y afroamericanos, mentir sobre la partida de nacimiento de Barack Obama y ni siquiera disculparse, y hasta por su supuesta cercanía a Vladimir Putin.
Las encuestas realizadas inmediatamente después del debate, como las que encargó la CNN, arrojaron una aplastante victoria de Hillary por más de 60 puntos contra poco menos de 30 para Trump. 
El magnate, claramente menos preparado, empleó un lenguaje más elemental y trató de ser conciso, mientras intentaba explotar la posición de oustsider del sistema político. En reiteradas ocasiones señaló que para Estados Unidos es desventajosa la relación comercial con México. "Los productos estadounidenses que van a México pagan impuestos, pero los que llegan aquí no lo hacen", afirmó y se quejó en reiteradas ocasiones sobre las compañías que han dejado el país para instalarse en la nación azteca o China.
Trump mencionó en varios ejemplos al estado Ohio, distrito donde debe ganar si o si para tener chances en el Colegio Electoral.
"El éxito en los negocios no siempre se traslada al Gobierno, Donald ha quebrado en seis ocasiones mientras que hay gente exitosa que no lo ha hecho ni una", arremetió la ex primera dama. Clinton cuestionó además a Trump por su política de recorte de impuestos al señalar que el candidato pretende que los más ricos no paguen impuestos.
El debate de este lunes pareció así un parate fuerte en la vertiginosa carrera de este magnate que hace apenas unos meses finalizó la contienda interna del Partido Republicano en la que contra todo pronóstico y precedente histórico, dejó en el camino a diecisiete contendientes del establishment republicano. Uno por uno Tump liquidó a sus competidores con una receta secreta consistente en atacar ferozmente durante los debates, navegar con una bandera de ganador independiente, y escupir un mensaje políticamente incorrecto para enamorar a la clase trabajadora blanca que se siente desplazada desde finales de los 70. 
Ahora, al verse en la necesidad de ampliar su mensaje para el multiétnico electorado general, Trump perdió la receta original de su éxito, y la nueva fórmula que lo ayudó a escalar en las encuestas (callarse y leer el teleprompter), este lunes pareció escasa.
Clinton demostró un aplomo notable, y aunque a ratos se aproximó al territorio de la superioridad moral, supo alejarse de esa tentación -que probablemente le costó la elección de 2000 a Al Gore en su primer debate con Bush-, y no se burló en exceso de Trump. 
Hillary demostró un aplomo notable y aunque por momentos se acercó al terreno de la superioridad moral, supe alejarse de la tentación que probablemente le costó la elección a Al Gore, cuando se puso en ese lugar ante George W Bush.
El primer intercambio de golpes fue sobre el tema de la caída de la burbuja inmobiliaria que casi acabó con la economía global. Clinton recordó una declaración que Trump hizo en 2006, deseando que la crisis sucediera para poder beneficiarse. "Eso se llama hacer negocios", la interrumpió Trump; pero Clinton rápidamente respondió: "Nueve millones de personas perdieron su trabajo, cinco millones perdieron su casa". Primer round para Hillary.
"Donald comenzó su empresa con una herencia millonaria que le dejó su padre, mientras que mi padre fue un emprendedor y un comerciante que refleja mejor el espíritu de este país", replicó Clinton cuando su rival presumió de cómo había heredado su firma de bienes raíces y la había convertido en una empresa global.
En el momento más áspero Clinton reclamó que Trump muestre su declaración de impuestos a lo cuál el republicano replicó que lo haría solo si Hillary revelaba el contenido de los mails enviados desde su servidor particular cuando todavía era secretaria de Estado. "Ella dice que fue un error menor pero ella lo estaba haciendo a propósito, sabía lo que hacía", agregó, pero enseguida se enredó en una larga perorata sobre sus impuestos, perdiendo la oportunidad de profundizar el golpe en uno de los costados más flacos de la candidata demócrata.
Trump insistió que no iba a presentar su declaración de impuestos -algo que sin excepción todos los candidatos presidenciales han hecho desde los años 70-, bajo el argumento de que el IRS -el organismo recaudador- lo está auditando. El periodista de la NBC Lester Holt, quien moderó el encuentro, le recordó que una auditoria no es impedimento para hacer su declaración. Clinton mencionó que tal vez Trump tiene algo que ocultar en sus declaraciones, tal vez no paga impuestos, o tal vez "no es tan rico como dice", soltó. Un golpe brutal para el ego del magnate, considerando que Donald ha demandado a periodistas por sugerir que no es un billonario de verdad.
Hillary combinó sonrisas irónicas con un estilo implacable de confrontación contra su rival, a quien acusó de no pagar a los contratistas de sus enormes proyectos inmobiliarios 
En algún punto el magnate intentó presumir sobre su amplio conocimiento del pueblo estadounidense, y sobre todos los lugares que ha visitado durante su campaña: “Me has visto, he estado por todas partes, tu decidiste quedarte en casa y eso está bien”, burlándose de que Clinton venía preparada para atacarlo. “Sí, me preparé para el debate”, respondió Clinton, “y también me preparé para ser presidente”, remató, despertando los primeros aplausos del público presente.
A diferencia de los debates durante las elecciones primarias, anoche se pidió al público que no aplaudieran ni gritaran, y aunque esta regla no logró mantenerse del todo, sí fue un ambiente mucho más callado que de costumbre. Trump constantemente interrumpió a Clinton e intentó hablar por encima de ella, pero la reacción de la ex secretaria de Estado hizo que la estrategia fuera contraproducente para el candidato.
Irak y la economía
En el plano económico y luego de criticar la relocalización de fábricas en México y China, Trump propuso la desrregularización y estímulos fiscales. Hillary inmediatamente desenmascaró la famosa estrategia implementada por Reagan que resultó en una desigualdad brutal: el trickle down economics (economía de goteo), que pretende incrementar la riqueza de todos a través de generosos estímulos fiscales para los super ricos. "Al menos no volvamos a hacer lo que ya sabemos que fracasó", lo sepultó la candidata demócrata. 
Hillary destrozó la propuesta de eliminar impuestos para los super ricos y esperar el goteo, que Trump tomó de Reagan. "Al menos no repitamos lo que ya sabemos que fracasó", lo sepultó la candidata demócrata.
Los momentos más complicados para el magnate inmobiliario, y los que hicieron obvio el triunfo de Clinton, fueron la discusión sobre el acta de nacimiento de Obama y la guerra en Irak. Es sabido que Trump entró al plano político hace años apoyando una teoría de la conspiración que sostiene que Barack Obama nació en Kenya, no en Estados Unidos. Durante años Trump ordeñó el tema, demandando que Obama hiciera pública su acta de nacimiento; cuando lo hizo Trump argumentó que igual podía ser falsa. Finalmente hace unas semanas reconoció que Obama era ciudadano estadounidense, más allá de toda duda. Esta noche Clinton le echó en cara haber alimentado un tema tan absurdo durante tanto tiempo. Trump quedó muy mal, argumentando que fue la propia Clinton quien había iniciado el rumor en 2008.
El tema del certificado fue usado por Clinton prueba del racismo de Trump, que argumentó que la mejor política para detener las muertes de afroamericanos es incrementar el polémico método policíaco de stop and frisk, en el que la policía detiene a hombres que les parezcan potenciales criminales en zonas marginadas. Estos por supuesto siempre son hombres de color, y la técnica fue declarada anticonstitucional hace años. 
El otro momento incómodo fue cuando Trump negó haber apoyado la guerra en Irak al principio del conflicto, hecho que está documentado hasta en video, como se encargaron de recordar todos los comentaristas en le fast check que suele realizarse tras los debates. "Vos apoyaste esa guerra Donald", inistó Hillary, mientras Tump se acercaba al micrófono y repetía: "Wrong" (error).
Acorralado ante la insistencia de su rival, finalmente el magnate argumentó que sólo había hecho un comentario casual en el programa de Howard Stern.
Así, Trump demostró un nivel de ignorancia y de pereza del que podría no recuperarse, aunque el golpe más fuerte fue a su imagen de ganador temerario. Pereza que de inmediato la campaña de Hillary aprovechó publicando apenas terminado el debate un largo post con todas las inconsistencias del magnate bajo el título "Literally Trump".
Pero el comentario de la noche fue cuando Trump dijo que su temperamento era una de sus cualidades. “Creo que mi cualidad más fuerte, por mucho, es mi temperamento. Tengo un temperamento ganador. Sé cómo ganar, tengo la stamina -resistencia- necesaria que Hillary no tiene”. Las risas del público puntualizaron el comentario. Clinton se limitó a responder, con una sonrisa enorme y un tono burlón “Woo, okay” y le recordó que como secretaria de Estado negoció situaciones difíciles con líderes de todo el mundo y hasta enfrentó durante horas el interrogatorio de un comité del Senado. "Después hablamos de stamina", se burló.
Es difícil saber tan pronto qué impacto tendrá en la elección el debate de anoche. Es poco probable con los fanáticos de Trump vayan a abandonarlo después de un mal debate, sin embargo, habrá que ver el efecto que tiene entre el electorado indeciso, y los republicanos descontentos con Trump. El gurú de las encuestas Nate Silver dijo que esperaba un aumento de hasta 4 puntos para Clinton en las próximas semanas.
Quedó muy claro que la distancia profesional entre Hillary Clinton y Donald J. Trump es mucho más grande de lo que se preveía. Perder un debate o salir golpeado es algo normal en la política, incluso en la política presidencial; pero Trump demostró un nivel de ignorancia del que podría no recuperarse.