Los jóvenes de la UIA advierten sobre la primarización de la economía

Mientras los productores de soja quieren certezas sobre la anunciada reducción de otro 5% en las retenciones a la soja, a los industriales les preocupa el futuro de cultivos como el algodón, el trigo y la accesibilidad del maíz, claves para la agroindustria local.

Es que ni a los lecheros, ni a polleros, ni a los porcinos, ni a los feed lots les cierran los números por el aumento de los insumos, especialmente el maíz, que subió por la devaluación y la quita de retenciones, y los combustibles.
La cadena del trigo que incluye a los harineros como a toda la industria de la panificación también está preocupada por el precio del trigo. Sin embargo, en el Gobierno estiman que, aun con la apertura de las exportaciones de trigo, tendrán cosecha suficiente para abastecer el mercado interno y exportar. 
El gran enigma es cual va a ser la matriz productiva para los próximos años, fuera del maíz y la soja uno se pregunta cual es la política de incentivo para los demas productos del campo, se preguntó Emilio Alal.
Y la industria textil no tiene certezas acerca de la futura campaña del algodón. Sin algodón, las hilanderas del norte del país no están en condiciones de importar la materia prima del Mato Grosso, el siguiente centro productor de la región. En este último caso, el problema no es tanto el precio sino la escasez.
“El gran enigma que tenemos todos los industriales es qué va a pasar para la próxima campaña, en qué se va a centrar y cuál va a ser la matriz productiva para los próximos años”, se pregunta el industrial de la UIA Joven, Emilio Alal, en diálogo con LPO.
“Fuera del maíz y la soja, uno se pregunta cuál es la política de estímulos para los demás productos de nuestro campo. Se necesita una política articulada de estímulos a las actividades primarias que la industria necesita para poder seguir agregando valor. No podemos quedar primarizados en dos cultivos y nada más. Porque tenés otras cadenas de valor de las que dependen los grandes centros urbanos, como el textil”, agrega Alal sobre una cadena de valor que absorbe dos millones de trabajadores, en especial en el Gran Córdoba, el Gran Buenos Aires y el Gran Rosario.
La industria cárnica tiene sus propias dificultades. No solo se trata del precio del maíz y los forrajes que alimentan al ganado. Hay cuestiones de infraestructura. El ganado que se cría en las provincias del norte no tiene cómo ser terminado. Entonces se venden terneros jóvenes cuyo engorde se termina en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos, se faena y luego la carne vuelve al norte en camiones frigoríficos.
El ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile y el titular de la AFIP, Alberto Abad.
“No puede ser que entre que las actividades del interior sean pocas, no haya una decisión estatal de defenderlas y terminar la cadena de valor en origen. En Chaco y Corrientes no hay industria frigorífica para la terminación del ganado. ¿Cuánto se va en ese ir y venir de norte a sur de la carne? ¿Quién se hace la diferencia entre los $32 por kilo que le pagan al productor y los más $110 que te cobran un kilo más o menos decente en la carnicería? El Gobierno debería mirar a las grandes cadenas de supermercados que dominan el sector”, agrega Alal.
El debate por la apertura de importaciones sigue vigente. Armar una cadena de valor lleva al menos una década, desde que levantas los galpones, instalas la maquinaria y capacitas a la gente. Para destruirla basta un año, advierte Alal.
La lechería sin embargo está aún peor. Los productores reclaman un valor de $6,30 por litro para no trabajar a pérdida, cuando actualmente la industria no paga más de $4 por litro entregado en las tranqueras. Para Marisa Boschetti, coordinadora de lechería de Federación Agraria Argentina, "el ánimo del productor está llegando a su fin y dispuesto a hacer movilizaciones: antes de irnos vamos a hacer ruido". Esto también preocupa a los industriales, en especial a las pymes locales. Sin leche, se quedan sin insumos. 
La cuestión de la matriz productiva y la puja con las importaciones son los temas que más preocupan a los industriales. En el debate de la ley de pymes el tema de la apertura comercial se filtró en varias discusiones.
“Tenemos que tener presente que armar una cadena de valor lleva al menos una década desde que levantás los galpones, instalás la maquinaria, capacitás a tu gente y armás vínculos con los proveedores y los compradores. Y para destruir una cadena basta un año”, señala Alal.
Eficiencia y competitividad
Los especialistas coinciden que la inflación se comió la competitividad ganada mediante la devaluación y que el tipo de cambio hoy está nuevamente atrasado. Sin embargo la competitividad depende de una multiplicidad de elementos.
“Es de no creer el flagelo de los juicios laborales. Y eso desincentiva la inversión porque ante la duda, el que se anima a un pequeño emprendimiento elige no contratar gente. Y aun así, las pymes son el principal motor del empleo”, comentó el integrante de la UIA Joven.
En efecto, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) reveló hoy que el 85% de las empresas registradas en el país tienen un máximo de 10 empleados asalariados. Esto significa que sobre un total de 575.562 compañías inscriptas, 491.241 cuenta con no más de una decena de trabajadores formales. Mientras que solo 482 compañías que le dan trabajo a más de 1.000 empleados. En el medio, el 11,4% del total, tienen entre 11 y 50 puestos de trabajo. El siguiente 2,62% de las empresas tienen entre 51 y 200 asalariados, mientras que el 2,16% poseen entre 201 y 1000 empleados.
El diputado Pablo Kosiner presenta a los dirigentes de la UIA los proyectos para mejorar la situación de las Pymes.
El otro tema grave es la presión fiscal. “Uno acá no alcanza a emprender algo y ya está pagando mil impuestos. Eso no estimula el crecimiento industrial. Argentina está en el top five mundial de países con mayor presión fiscal para el que está en blanco. Tenés que ir a países subsaharianos para encontrar una matriz fiscal comparable, cuya concepción de origen es que los que pagan, paguen más y que los que no paguen, no paguen. Eso ahoga a los que pagan”, comenta Alal.
Hoy por hoy las industrias enfrentan 35% de impuesto a las ganancias, 21% de IVA –que luego se reintegra, pero en el mientras tanto hay que financiarlo- 3,5% de Ingresos Brutos y 1,2% de impuesto al Cheque. “Ingresos Brutos y el impuesto al Cheque son el monumento al no-estímulo a cualquier actividad productiva, son lo más distorsivo que hay. Necesitamos una revisión integral de la matriz tributaria”, considera el industrial.
“La eficiencia no está en que la gente esté mal, los industriales no queremos igualar para abajo, pero el Estado sí tiene que aliviar la presión fiscal porque en eso está la verdadera competitividad, no en la devaluación de la moneda”, dijo a LPO el industrial. 
“En la cadena textil, son varios los eslabones donde la presión impositiva empuja a las micropymes a la marginalidad. El argentino es caro y nuestros productos tienen que competir contra Brasil o con países como India y Bangladesh que exportan miseria”, aclara Alal.
Particularmente en el sector textil, los productos que se importan provienen de países que, como China, no integran la Organización Mundial de Comercio porque no respetan normas laborales de jornada mínima o de trabajo infantil.
“Una empleada administrativa en el norte de Brasil tiene un costo laboral de 400 dólares y en Argentina cuesta 1.500. La eficiencia no está en que la gente esté mal, los industriales no podemos ni queremos igualar para abajo, pero el Estado tiene que aliviar la presión fiscal”, agrega el industrial.
“Además ¿cómo puede ser que los paraguayos saquen su producción por el Río Paraná, el segundo río navegable más caudaloso en el mundo y nosotros no tengamos desarrollados los puertos internos, del Chaco, Corrientes y Misiones? No puede ser que tengas que llegar a Rosario en camiones con la producción", concluye Alal.