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Perdidos en la crisis

 La dirigencia política no registra la crisis que está arrojando a cada vez más argentinos a la indigencia. Vive en su planeta, bien provista de fondos estatales, ya se trate de oficialistas u opositores. 

Como es evidente resulta más grave en el caso de los primeros. Por ejemplo, Sergio Massa criticó a las empresas de medicina prepaga por los aumentos desmedidos de tarifa con la desenvoltura de un opositor. Lo hizo como si él no fuera el "superministro" que prometieron los medios cuando asumió el cargo con la pompa de una ceremonia de traspaso del poder en Washington DC. Apenas tres meses después habla como si no tuviera nada que ver con el gobierno. 

Se podrá señalar que la vicepresidenta hizo igual crítica, pero no tiene responsabilidades ejecutivas ni de manejo de la Economía. Por otra parte, sus dardos apuntaron menos a las empresas de seguro médico que a Massa y Alberto Fernández. La excusa de que la responsable directa del asunto es la ministra de Salud resulta de una puerilidad penosa.

Massa aprovechó la ocasión no sólo para desentenderse de un problema grave sino también para mostrarse favorable a la suspensión de las PASO, cuestión a las que dedican sus mejores afanes Máximo Kirchner y el ministro del Interior, preocupados por la interna peronista en medio de un desastre económico pocas veces visto.

En alguna medida es comprensible que los miembros del gobierno eviten referirse a la crisis y distraigan a la opinión pública con trapisondas electorales; lo que no se entiende es que algunos miembros de la oposición los imiten. Por ejemplo, Horacio Rodríguez Larreta, que demuestra ser uno de los más perdidos en una situación que electoralmente se le presenta muy favorable.

Pero ¿con qué frecuencia se lo ve denunciando la inflación, la inseguridad y la pobreza? Casi nunca. Sus apariciones son para hablar de la necesidad de eliminar la grieta, buscar consenso y armar grandes coaliciones para gobernar. En suma, su prioridad está en la "rosca", materia que sólo interesa a los políticos.

Para confirmar su pertenencia a esa clase, el alcalde porteño aparece flanqueado de los radicales y quiere cederles el gobierno de la ciudad. Se fotografía con Gerardo Morales, que es a su vez socio de Massa, que es a su vez socio de Cristina Kirchner. También con Martín Lousteau que fue directamente ministro de Cristina Kirchner. En esa compañía ¿qué cambio podría hacer?

Hostiga además a los dirigentes de su partido, mientras prohíja a los radicales que son buenos para reclamar cargos, pero no precisamente confiables a la hora de apoyar las gestiones difíciles como comprobó De la Rúa en 2001.

Cuando se pregunta a sus colaboradores por qué despliega esa curiosa estrategia responden que hasta ahora le va bien en las encuestas. Da la impresión, sin embargo, de que perdió la brújula y que no detectó todavía que dedicarse a las roñas internas en lugar de denunciar la crisis no es la mejor idea. Eso al menos en el mundo real donde viven los que padecen la crisis y votan; no en el que viven él y su entorno. 

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio