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El kirchnerismo en off side: Complot y celular no suman

 

Tras la cuarta detención de la poco seria "Banda de los Copitos", el kirchnerismo no logra determinar un complot.


A dos semanas del atentado contra la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner (CFK), el kirchnerismo continúa sosteniendo la idea de que detrás de Fernando Sabag Montiel hay una lucha de clases que derivó en el complot de una banda para asesinarla por los 12 años de gobierno con Néstor Kirchner.

Es importante recordar, el pasado 24 de agosto, desde su despacho en el Senado, la dirigente hizo una defensa mediática por el juicio de Vialidad.

A través de YouTube, CFK escrachó a los empresarios cercanos al expresidente Mauricio Macri y denunció un complot de la Justicia para esquivar las pruebas que, según ella, se desprenden del celular de quien era su secretario de Obras Públicas, José López:

12 años pudimos construir donde, piense como piense, ningún argentino puede decir que no se vivía mejor que ahora y que se había vivido mejor que nunca hasta ese momento. Por eso, el fiscal pide 12 años. ¡Son 12, los 12 años del mejor gobierno que tuvo la Argentina en las últimas décadas, el de Néstor Kirchner, y mis dos mandatos! Y lo digo con números, porque nos piden 12 años: uno por la memoria, el otro por la verdad, otro por la justicia, otro por el Fondo, otro por las AFJP, otro por YPF y Vaca Muerta, otra por el desendeudamiento, otro por el salario de los laburantes

"Cuando me fui, los laburantes se llevaban el 51,8% del PBI y el resto era de los empresarios, y ahora ni hablar de cómo estamos. Por eso me van a estigmatizar, por eso me van a condenar, y les quiero decir algo: si naciera 20 veces, 20 veces haría lo mismo", cerró ese fragmento de un discuro que duró una hora y media.

Tras el sospechoso formateo del celular de Sabag Montiel, se activaron una serie de detenciones desde el Juzgado de María Eugenia Capuchetti, a pedido del fiscal Carlos Rívolo.

 

¿Qué fue lo primero que manotearon los investigadores? Los celulares. Con la causa bajo secreto de sumario, llamó la atención la filtración de conversaciones del atacante con Brenda Uliarte y Gabriel Nicolás Carrizo.

 

Si bien se puede hablar de un ataque organizado y premeditado, no aparece lo que tanto necesita el kirchnerismo para su relato: "un complot de un grupo de personas de la clase alta para asesinar a la heredera de Evita, que se ocupó de devolverle los derechos a los pobres".

A partir de fotos, chats, declaraciones y allanamientos, La banda de los copitos está integrada por varios jóvenes de clase media-baja del conurbano bonaerense "que quería trascender".

 

De hecho, no está claro si podrá la magistrada sostener la detención de Carrizzo, porque no tiene siquiera grandes recursos como para fugarse del país u obstruir la investigación.

 

Sin elementos para sostenter el relato y con una improvisación llamativa, el kirchnerismo ahora relanza el discurso del odio. Ahora bien, más allá de los alcahuetes de radio y TV que quieren quedar bien con la expresidente, lo que ella no puede entender es cómo alguien de clase baja la puede odiar.

 

Entonces, la embajadora del conurbano y defensora de pobres/necesitados/ausentes se aferra como último intento del complot a lo que el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Agustín Rossi, denunció ante la jueza federal María Eugenia Capuchetti: aportó audios en los que se escucha a sus integrantes también jactarse de su intención de asesinar al presidente Alberto Fernández y al diputado Máximo Kirchner. Horas antes, el fundador del grupo que usa horcas y antorchas, Jonathan Morel, reconoció haber recibido 1.760.000 pesos del Grupo Caputo. Lo que explicó el carpintero a diferentes medios fue que él trabajó para un fideicomiso.

 

Si el complot no funciona, ¿podría ocurrir que CFK termine dialogando con los jóvenes y perdonándolos, como hizo Juan Pablo II con Ali Agca, el turco que quiso matarlo?