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Los riesgos que afronta Alberto al enfrentarse con Máximo Kirchner y avanzar con el FMI

 Si bien el quiebre formal no sucederá, queda claro que la decisión del Presidente detonó definitivamente la relación interna dentro del oficialismo

El ruido fue tan fuerte que no fue necesario investigar mucho para comprobar que algo se rompió en el Frente de Todos. El principio de acuerdo con el FMI expuso una fisura profunda en el oficialismo y al riesgo del default económico, se sumó el riesgo de un default político.

Lo cierto es que hemos tenido diferencias, tensiones y críticas internas dentro del oficialismo desde que comenzó este ciclo, las diferencias siempre estuvieron claras. Pero los planteos críticos realizados por Máximo Kirchner en su carta de renuncia a la presidencia del bloque oficialista versan sobre la principal decisión de política pública tomada por este gobierno.

No es una diferencia accesoria la que se está planteando dentro del Frente de Todos, es una diferencia estructural en un tema medular. He allí la gravedad del asunto, sobre todo cuando lo primero que se requiere para resolver el desafío con el FMI, es consenso político y apoyo sin fisuras para poder realizar los esfuerzos que va a ser necesario realizar, para cumplir con el programa.

Para analizar la reacción de Máximo Kirchner, se podría apelar a la distinción que Max Webber hacía de las éticas que guían la conducta de los políticos, y entender que Máximo está actuando bajo la ética de la convicción y el presidente bajo la ética de la responsabilidad. Pero ese análisis no sería justo con la dimensión política del asunto: entre Alberto Fernández y el kirchnerismo se ha venido cavando una zanja profunda de diferencias que pudieran haber llegado a un nivel irreversible. Con este nivel de diferencia estructural, se vuelve difícil pensar que esta alianza pueda continuar, en los mismos términos que la conocimos, más allá de 2023.

En realidad, la decisión de Alberto Fernández (acordar con el FMI) y la decisión de Máximo Kirchner (renunciar a la presidencia del bloque) conviene analizarlas bajo la ética de la conveniencia. Los dos están respondiendo a su propio sistema de incentivo, y lógicamente, a su percepción relativa de los hechos, sus condicionantes y el futuro de los mismos.

La decisión del Presidente detonó definitivamente la relación interna dentro del oficialismo

No era difícil identificar el escaso margen que tenía el presidente para aceptar la propuesta del FMI de firmar el principio de acuerdo anunciado. Sin reservas, con vencimientos encima, con presión cambiaria, no había mucho por hacer más que "entregarse" al acuerdo.

Siendo el principal responsable de la administración del gobierno, Alberto Fernández actuó guiado por la necesidad y la conveniencia, optando por el mal menor.

Cualquier escenario de no acuerdo era menos conveniente que el escenario con el peor acuerdo (uno en el que no se haya conseguido nada de lo que se reclamaba, algo parecido al acuerdo que finalmente se logró). Las condiciones de debilidad eran abrumadoras, después de haber decidido postergar el acuerdo a comienzos de 2021. Lo políticamente relevante del hecho, es que el presidente tomó la decisión estando anoticiado del desacuerdo de Máximo y Cristina Kirchner, toda una novedad para la naturaleza de este ciclo.

Para entender la decisión de Máximo, hay que partir de la base de que él venía remarcando internamente que se podía negociar con más firmeza (algo similar opinaba Cristina) y ello fue acompañando la mirada crítica que ambos tuvieron respecto de cómo NO se lograban ninguno de los objetivos planteados por el gobierno en la negociación: ni quita ni condonación parcial (impensado que se lograse, pero lo exigía un sector del kirchnerismo), ni más plazo, ni eliminar las sobretasas, ni déficit cero en 2027, ni canjear deuda por acciones climáticas, etc.

"La falta de disciplina partidaria ya había sido anticipada por Cristina en su carta del 27 de noviembre cuando reclamaba votar el acuerdo por convicción"

Pero la decisión de renunciar a la presidencia del bloque se entiende más por el futuro que por el pasado reciente. Tanto Máximo como Cristina Kirchner creen que con este programa se perderán las elecciones 2023, algo que suena verosímil. Y si están convencidos de ello, tienen todos los incentivos para expresar públicamente su disconformidad con el acuerdo y no acompañarlo, incluso si eso pone en riesgo el acuerdo.

Si en derecho nadie puede ser obligado a declarar en su contra, en política nadie puede ser obligado a aceptar un suicidio político, más si la responsabilidad de la decisión es de otro. En algún punto, esta falta de "disciplina partidaria" ya había sido anticipada por Cristina en su carta del 27 de noviembre cuando reclamaba votar el acuerdo por convicción y no por disciplina partidaria.

La diferencia sobre la cuestión de fondo (el acuerdo alcanzado con el FMI), no solo expone una fisura profunda dentro del oficialismo, sino que marca un antes y un después para la dinámica interna dentro del Frente de Todos. El presidente ha decidido avanzar por fuera del tutelaje kirchnerista sobre su gestión, y ello le planteará desafíos enormes a la hora de implementar el programa que finalmente se acuerde, porque un sector interno del oficialismo estará presto a cuestionar o criticar las consecuencias negativas del programa y ello agiganta el riesgo político.

Pero por otro lado, la novedad de tener un presidente que decide tomar con más determinación el timón del barco ("el que decido soy yo", dijo sobre el acuerdo), algo que pudiera ser positivo frente a las dificultades que esta coalición ha mostrado a la hora de tomar decisiones; se produce en el mismo momento en que, por la fisura oficialista, se debilitan las condiciones de gobernabilidad. El liderazgo presidencial emerge cuando la coalición se descompone por sus diferencias internas.

Los riesgos políticos del acuerdo

Lo cierto es que lograr un acuerdo con el FMI tiene riesgos políticos (los que imponen los votantes y sus necesidades) y económicos (los que impone el mercado y sus necesidades). Bajo esa perspectiva, el principio de acuerdo que se alcanzó ofrece más peligros por el costado político que por el económico: si se cumple con las metas previstas, se enfrentarán más riesgo por el lado de la impaciencia social (y el costo electoral), que por la impaciencia del mercado.

Podríamos expresarlos así: estamos más preocupados los politólogos que los economistas.

Aunque todo tiene que ver con todo, y si efectivamente hay riesgos de impaciencia social, ello pudiera impacientar al mercado por eventuales incumplimientos, y por el fracaso del programa.

Siendo una ley que se requiere aprobar con mayoría simple, no se visualiza por ahora riesgos altos de que no se pueda aprobar el acuerdo en el Congreso. Sobre todo porque pudiera haber legisladores que no estén de acuerdo pero que se abstengan para no obstaculizar al Poder Ejecutivo.

Si ello es así, quizá al oficialismo le alcancen los votos que logre cosechar más allá del rechazo de los legisladores cercanos a Máximo. Pero está claro que si los detalles que faltan agudizan las críticas al programa -y este sale con pocos avales del Congreso-, el mismo habrá nacido rengo de consenso político y social, lo que especialmente reclamaba el FMI que haya.

Los últimos dos años se transitarán al borde del default económico pero también al borde del default político

El futuro del Frente de Todos

La crisis producida por la renuncia de Máximo Kirchner es la segunda crisis importante que sufre el oficialismo desde el inicio de su ciclo, junto con la que se generó por la carta de Cristina Kirchner el 16 de septiembre pasado, después de la derrota del Frente de Todos en las PASO.

En la primera crisis, la vice buscó incidir en el rumbo del proceso político, además de criticar la política económica. Cristina reclamaba un cambio de gabinete, reclamaba un cambio de rumbo. En esta ocasión, en donde es Máximo el vocero de la posición de su espacio, no hay un reclamo para cambiar el rumbo, sino que parece más un acto de diferenciación, con resignación por no poder cambiar la decisión, para evitar los costos que, según estos dos actores protagónicos (Máximo y Cristina), creen sobrevendrán con la firma del acuerdo.

"La crisis producida por la renuncia de Máximo Kirchner es la segunda crisis importante que sufre el oficialismo desde el inicio de su ciclo"

Esta diferenciación, sin fracturar el espacio, no debe ocultar que habrá falta de apoyo político a la implementación del programa y que probablemente tenga un sentido abandónico de la alianza pensando en el futuro. El propio Máximo incluyó en su carta una expresión de diferenciación definitiva dentro del oficialismo, cuando habla de "…más allá del 10 de diciembre de 2023.", dejando en claro que algo se rompió definitivamente y que el Frente de Todos difícilmente pueda seguir en los mismos términos que lo conocimos más allá de este mandato.

Quizá el quiebre formal no suceda (ni en lo inmediato ni más adelante), pero queda claro que la decisión de Alberto Fernández de cerrar este acuerdo con el FMI detonó definitivamente la relación interna dentro del oficialismo, lo que será una dificultad más para la implementación de un acuerdo que, ya de por sí, es difícil de cumplir dadas las condiciones sociales prevalentes. Alberto quedó más a cargo del destino del Frente de Todos, pero ya no contará con el apoyo del principal sector de la coalición.

Los últimos dos años se transitarán al borde del default económico pero también al borde del default político. Todo un desafío para una Alianza que, a la luz de lo que vimos, nunca terminó de encontrar su funcionamiento.

Lucas Romero es politólogo y director de Synopsis Consultores



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