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Resignificando las conexiones humanas

Alexandre Duarte, VP de Consultoría y Entrenamientos, Red Hat Latin America

En los últimos años, implementar las mejores soluciones para optimizar procesos, reducir costos y aumentar la productividad parecía el escenario ideal para asegurar el incremento exponencial de los negocios y el avance de la sociedad como un todo. La innovación tecnológica nos ha vuelto más productivos, sostenibles, y nos ha permitido vivir más y mejor. Pero, si por una parte hemos superado obstáculos, logrando flexibilidad y escalabilidad, por otra parte, nos hemos alejado de la dimensión humana.  

Entre máquinas, dispositivos de comunicación en línea, códigos de aplicaciones, números y estrategias, hemos descuidado la importancia de crear y desarrollar relaciones interpersonales reales, consistentes y duraderas. Una paradoja que nos ha vuelto distantes justamente cuando la digitalización nos permite acercarnos aún más. 

Este escenario es claramente más evidente en el mercado corporativo. En el afán de la transformación digital, muchas organizaciones terminan por descuidar la importancia del aspecto humano para la construcción de un entorno saludable, capaz de brindar el desarrollo personal y profesional de cada individuo y, por lo tanto, el éxito sostenible y duradero de los negocios.  

Esto no supone que las tecnologías no puedan andar de la mano del aspecto humano. Todo lo contrario. Desarrollar una cultura fuerte, capaz de conectar estos dos extremos es un aspecto clave para avanzar en la digitalización y, sobre todo, en la humanización. Una encuesta reciente, promovida por la empresa de codigo abierto Red Hat, en colaboración con Harvard Business Review, reveló que el 55% de los líderes consideraban la cultura como un obstáculo para la innovación. Eso se debe a que una transformación digital efectiva está basada en la construcción de una cultura abierta, colaborativa y centrada en las personas.

Según el informe Global Human Capital Trends 2019 de Deloitte, el 84% de las empresas consideran importante mejorar la experiencia de los colaboradores, pero solo el 9% estaban listas para abordar el tema. Este punto enciende una alerta ante la necesidad de una resignificación de las relaciones humanas. El futuro, que ya se asoma en el horizonte, nos va a exigir un enfoque basado en las personas y una reconstrucción del modelo de trabajo. En un mundo en el que las personas buscan un propósito, las empresas más humanas surgen como una respuesta a este anhelo. 

Las organizaciones más humanas y con una cultura sedimentada suelen adoptar modelos de gestión alternativos, como Open Management (o gestión abierta, en español). A diferencia del desempeño y de los resultados a cualquier coste, las compañías que apuestan por este sistema consideran el perfil de cada colaborador dentro del colectivo, tratan de involucrar al equipo en la toma de decisiones y ofrecen un entorno que estimula el intercambio, la creatividad y la colaboración. 

Las bases para este formato vinieron, precisamente, de la tecnología, lo que refuerza la sinergia posible entre lo humano y lo digital. Apoyado en los pilares del open source, en el que todos tienen voz y oportunidad para una construcción conjunta, Open Management tiene como principal catalizador en las corporaciones a las personas, sobre todo a los líderes. 

Los líderes deben reflejar la cultura de la compañía, actuando como fuentes de inspiración para cada colaborador y estimulando su crecimiento. Cuando cada profesional conoce su función, su valor y reconoce un propósito en ello, se produce un efecto cascada de compromiso y sentido de pertenencia, que son fundamentales para la creación y la perpetuación de las relaciones humanas.