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¿Es posible una crisis financiera en China? - Por Sergio Berensztein

 

Si se da un colapso en el gigante asiático, podría contagiar al mundo entero y afectar en mayor medida a países frágiles como la Argentina.


La economía argentina atraviesa por un peligroso desfiladero: las indefiniciones respecto a la deuda con el FMI, las inconsistencias macroeconómicas (que lejos de disiparse, se acumulan cada vez más) y la incapacidad que tiene el Frente de Todos para renovar las expectativas dan forma a una situación extremadamente frágil.

Sin embargo, este equilibrio decadente se mantiene estable en gran parte gracias al boom en el precio de los commodities. La soja, el principal producto de exportación de la Argentina, se ubicó el viernes en los 560 dólares por tonelada (a mediados de mayo había alcanzado los 610 dólares por tonelada, el valor máximo desde septiembre de 2012). Los dólares extra le otorgan al gobierno un mayor margen de maniobra a pesar de las dificultades, principalmente para intervenir en el mercado de cambios e incluso especular en las negociaciones con los acreedores.

Dos eventos con el potencial de interrumpir este equilibrio inestable

En primer lugar, si el gobierno no logra contener la inflación y esta se espiraliza, la crisis podría tornarse caótica. Aunque depende de variables endógenas (emisión monetaria, déficit fiscal, credibilidad), existen factores exógenos que también influyen: si se confirma la inflación en los países desarrollados (muchos analistas advierten sobre una política arriesgada por parte de la FED), la Argentina quedaría expuesta a sus coletazos.

El segundo riesgo proviene de Asia. Mariano Turzi, especialista en China, advierte sobre los peligros que corre la estabilidad financiera en el gigante asiático. Una crisis financiera en China podría contagiar al mundo entero, y afectar en mayor medida a países frágiles como la Argentina.

Una crisis financiera en China podría contagiar al mundo entero, (Foto REUTERS/Aly Song)Por: REUTERS

El gobierno chino, consciente de estos riesgos, intenta disiparlos. Sabemos que la pandemia está concentrando el poder de decisión de los gobiernos en todo el mundo. China está aprovechando la oportunidad que le otorga esa redistribución de poder para -como se dice estos días en Beijing- “limpiar la casa”: los funcionarios están impulsando nuevas reglas y regulaciones para desactivar riesgos y reasignar capital. Los reguladores apuntaron al sector bancario en la sombra, de casi 10 billones de dólares.

Estos préstamos ocultos o incobrables crecieron rápidamente, canalizaron los fondos excedentes hacia proyectos de infraestructura inmobiliaria y convirtieron a las empresas estatales en zombis. Estos productos, vendidos a sus clientes y algunos alojados en otras instituciones financieras no bancarias, se mantienen fuera de los libros. De este modo, los balances elevaron los rendimientos de los bonos en detrimento del crecimiento económico. Se supone que a finales de este año entrará en vigor una nueva normativa sobre su gestión y contabilización.

¿Por qué Xi Jinping apuesta a una trasformación económica de la sociedad china con un alto grado de incertidumbre y costo político? Esta es una cuestión fundamental para la política y la economía comparadas: algunos líderes deciden llevar a cabo reformas económicas drásticas y dolorosas, mientras que otros deciden mantener el status quo aunque sea insostenible. El Partido Comunista ha rotado su atención debido a un nuevo enfoque: el sector bancario y financiero es un riesgo sistémico a medida que China se recupera con fuerza de la pandemia.

Desde el año 2020, se cancelaron grandes cantidades de préstamos morosos: unos 3 billones de yuanes (463.000 millones de dólares). A la vez que los préstamos dudosos caen, bancos como Bank of China e Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), se han estado preparando para sacar a la luz sus actividades fuera de balances: las provisiones por deterioro de los llamados activos no crediticios aumentaron un asombroso 128% el año pasado. En el ICBC, las pérdidas de valor de estos otros activos se elevaron a 30.800 millones de yuanes el año pasado.

Lo que algunos han dado en llamar “rinoceronte gris” es la interconexión de los sectores inmobiliario, financiero y digital. Los préstamos inmobiliarios ascienden al 39% del total de préstamos bancarios, sumando un total de 25,8 billones de dólares. China intenta evitar que los empresarios se dirijan a la especulación en sectores no productivos o no competitivos, sostenidos artificialmente en base al apoyo político o la corrupción. Ello crea nuevas burbujas que por la dimensión actual podrían hacer colapsar la economía china toda.

El presidente chino Xi Jinping en Beijing (Foto AP/Andy Wong)

Las condiciones coyunturales permitieron retomar el enérgico esfuerzo del presidente Xi Jinping por sanear la economía china que se remonta a 2017 pero que debió ser suspendido un año después cuando estalló la tensión comercial con Estados Unidos. El endurecimiento de las normas se ha retrasado varias veces. Mientras el COVID-19 golpeaba la economía el año pasado, los reguladores se retrajeron, facilitando el crédito para mantener las empresas y las condiciones financieras flexibles. Ahora están endureciendo las normas y han fijado un plazo hasta finales de año.

Hay nuevas burbujas que por la dimensión actual podrían hacer colapsar la economía china toda.

En diciembre, Beijing definió por primera vez las actividades bancarias en la sombra y estimó que sumaban casi 85 billones de yuanes a finales de 2019, lo que equivale a más de una cuarta parte de todos los activos bancarios y están lo suficientemente entrelazados como para poner en peligro la estabilidad financiera. Las ambiciones de coches eléctricos del endeudado promotor inmobiliario Evergrande, los bonos impagos por parte de empresas respaldadas por gobiernos locales o la interrupción de la oferta pública inicial del grupo de pagos Ant (filial de pagos de Alibaba) subrayan la voluntad y capacidad gubernamental de llevar a cabo un profundo cambio, aún a costa de las grandes empresas.

Más recientemente, un comité del Consejo de Estado, dirigido por el viceprimer ministro Liu He, anunció medidas contra los mineros de criptomonedas, entre ellos HashCow y BTC.TOP. El mayor escrutinio regulatorio es parte de los esfuerzos para evitar los riesgos financieros. Se trata de la primera vez que el gabinete chino pone en el punto de mira la minería de monedas virtuales, un negocio considerable en la segunda economía del mundo que, según algunas estimaciones, representa hasta el 70% de la oferta mundial de criptomonedas.

Cuáles serán los resultados de esta campaña

Aún no podemos predecirlo. Pero desde América Latina, podemos ofrecer algunas lecciones aprendidas sobre la política de las reformas estructurales: las reformas profundas y draconianas son más aceptadas cuanto más alta es la percepción de crisis en la sociedad. En este sentido, la sagacidad política del presidente Xi capitaliza sobre un momento de pandemia que es favorable para llevar a cabo estas reformas.

Al evaluar los riesgos a los que se enfrenta la estabilidad financiera global, parece haber consenso en poner el foco en lo que pasa con la inflación en el mundo desarrollado, sin embargo, hay menos interés en lo que está pasando en China, aunque particularmente parece tener un potencial de daño mayor. Si el gobierno de Xi Jinping tiene éxito en “limpiar la casa” y sanear su economía, China podría salir aún más fortalecida.

Si fracasa, quedarían expuestas las vulnerabilidades del modelo, y el terremoto desatado afectaría al mundo entero. Los potenciales daños para la Argentina serían aún mayores por el desfiladero por el que ya atraviesa. Una crisis impactaría en el crecimiento chino y ralentizaría la recuperación global, deteriorando la demanda de commodities, la cual viene impulsando el alza en los precios con los que se beneficia nuestro país. Por todo esto, no hay que perder la atención de lo que pasa en China.



tn