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Petróleo Azul: el agua comenzó a cotizar en Wall Street - Por MARIA DEL ROSARIO BUSTILLO

 

  • El agua como Derecho Humano

¿De quién es el agua?, años atrás nadie hubiese pensado que un elemento tan esencial para la vida se esté convirtiendo en un elemento escaso. Su utilización fue malversada durante décadas y en el último siglo su nivel de contaminación ha alcanzado escalas globales, eso por no mencionar el modo creciente del calentamiento global que juega un rol fundamental a la hora de la subsistencia humana.

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido el derecho humano al agua y al saneamiento en julio de 20101. En ella se destacó la necesidad de que todos los seres humanos a tener acceso a una cantidad de agua suficiente para el uso domestico y personal, que sea segura, aceptable y asequible destacando como aspecto relevante la accesibilidad física.

 

El agua es considerada como un bien común, es decir que no puede ser propiedad de nadie y se encuentra fuera del comercio – veremos si esto es realmente así –, se distingue la cosa propiamente dicha del derecho a su acceso y uso. Esta concepción viene desde la época de los romanos, donde según el derecho natural, el aire, el agua, el mar y las riberas eran cosas comunes a todos los hombres. Consideraban el derecho al goce como un atributo de la personalidad; pero el goce tenía un límite: no se debía lesionar el goce de los demás.

 

La segunda pregunta que se debe formular en relación con lo descripto es: ¿sería correcto comercializarla en un mercado de futuros? Para ello, lo primero a definir es de que se trata el mercado de futuros asociado generalmente a la especulación con su connotación positiva y negativa.

 

  • Mercado de derivados

Los principales tipos de derivados son conocidos como swaps, futuros y forwards, y opciones. En este caso, resulta acertado analizar el contrato de futuros en donde las partes, comprador y vendedor, fijan el valor de una variable aleatoria – o activo subyacente - para una fecha futura y pactan que la liquidación del contrato será en esa fecha futura en la cual ambas partes cumplirán con sus prestaciones, es decir fijan previamente una fecha, un plazo y un precio. En otras palabras, lo que se busca es la cobertura del precio y minimizar el riesgo de su fluctuación.

 

Si este contrato se comercializara en el mercado institucionalizado estaría obligado a cumplir con determinados requisitos como pueden ser: cantidades estandarizadas de activos subyacentes negociados en cada contrato, liquidación diaria del contrato, márgenes de garantía – importante para compensar las operaciones en caso de incumplimientos -, sistema centralizado de liquidación y compensación – cámaras compensadoras - y sistemas de garantías del mercado entre otras2.

 

En los últimos años, el contrato de futuros ha tomado relevancia con la utilización de la moneda estadounidense como activo subyacente -esto se debe a la volatilidad y poca estabilidad del peso argentino, teniendo en cuenta además que la mayor parte de materias primas y maquinarias están cotizadas en dólares. Por esto mismo, resulta conveniente tener un precio cerrado a futuro independientemente del precio real que vaya a resultar al plazo operado.

 

Sin embargo, en un primer momento éste derivado se utilizó con los commodities como la soja y el trigo y, con el precio del petróleo (durante la pandemia 2020 y con la economía mundial cerrada no había espacio para almacenar el petróleo. Como consecuencia el precio de los contratos futuros paso a cotizar en negativo teniendo en cuenta que los proveedores no contaban con espacio para almacenar el mismo, generando que dicho proveedor ¨pague¨ a algún comprador para reducir su inventario)

 

Lo que se busca mediante este tipo de contrato es garantizar el precio, y de esta manera eliminar la incertidumbre y asegurar a quién compra que tendrá abonará el precio que se pactó en una primera instancia. Esto sin importa que el precio del activo sea mayor o menor al momento de finalización de este, es decir, ambos actores especulan con “ganar” pero dada las condiciones uno de ellos se verá perjudicado al final.

 

  • Cotiza el agua

El año pasado llamó la atención en los diarios la noticia de que el agua había empezado a cotizar en el Mercado en Wall Street, esto quiere decir que el agua se transformó en un activo subyacente para ser comercializado3. Es importante destacar entonces, que lo que se está negociando no es el agua en sí, sino que se negocia la cobertura contra el precio del agua. Al igual que ocurre en el mercado de la soja y/o trigo, se negocia un futuro donde una de las partes vende y asume el riesgo si esto sube de precio y otra parte compra para no correr el riesgo de suba de precio.

 

Tal como se mencionó en los primeros párrafos, el agua escasea en ciertas zonas del planeta lo que ha llevado a que la población mundial tome aún más conciencia de la importancia de la fuente. Por ejemplo, en las zonas desérticas el acceso a ella es limitado por lo que se recurre a distintos métodos de transporte o creación de canales. Sus distintos usos hicieron que se comience a llamar a este recurso como petróleo azul; bien escaso, recurso faltante, bajo estos preceptos el precio del agua se duplicó en los últimos años. Zonas como California o Sudáfrica han tenido que tomar medidas al respecto con el fin de salvaguardar el precio y acceso a ella mediante políticas económicas y ambientales.

 

Una de ellas fue la incorporación del recurso al mercado de capitales; cuando hay incertidumbre es donde nace el mercado de futuro. Ahora bien, ¿Cómo se determina el precio del agua? esto se basará en un libre juego de oferta y demanda, quien demanda agua es generalmente quien la usa (por ejemplo, el que necesita mantener un sistema de riego) y el que ofrece es el productor. Se destaca nuevamente que lo que está en juego es el derecho al uso del agua, y de esta manera lo que se busca es la concientización y transparentar el precio mediante la utilización de herramientas.

 

Esta incorporación según los expertos permitirá una mejor gestión del riesgo a futuro de este bien, y así agricultores fondos o municipios podrán protegerse o especular ante los cambios en el precio del agua; y a su vez permitirá una mejor correlación entre la oferta y demanda.

 

Por otro lado, distintas ONGs han manifestado su preocupación por esta nueva cotización del precio del agua en el mercado, dentro de las diversas opiniones la que resulta más relevante es el miedo a que los fondos manipulen la demanda y así el valor de cotización difiera notablemente del valor real del activo.

 

No obstante, no está en juego el agua en sí como bien de dominio público, sino que el fin es concientizar y transparentar su precio y de esta manera garantizar su protección como fuente primordial y como derecho humano mediante la utilización de la cobertura. No es el derecho que está cotizando, sino que por el contrario es su uso desmedido y preservación lo que se está salvaguardando.

 

No es menos cierto que actores del mercado aprovecharan su influencia especulativa para desdibujar y alterar el valor, empero no se debe olvidar que estos contratos quedan dentro de la órbita regulatoria de un mercado institucionalizado y auditado por el estado.

 

En la Argentina, la implementación del agua como un activo subyacente capaz de ser negociado en el mercado se ve como una utopía lejana ya que contamos con grandes reservas de este recurso – ríos, glaciares, lagos y lagunas. En estas condiciones, parecería ser que sobra el agua y debido a esta sobre oferta lo que se paga por su uso es bajo. De todas formas, no se debe olvidar que es un recurso no renovable -en cierta medida- ya que posee un ciclo de regeneración por debajo de los ritmos de explotación.

 

Recordemos que hubo tiempos en donde se tuvo que importar gas y petróleo habida cuenta de la caída de la producción y la suba de demanda.

 

  • Conclusión

Esta nueva incorporación del agua como activo subyacente demuestra como el mercado financiero –en este caso el mercado de futuros– puede colaborar con la protección al medio ambiente tomando precauciones y coberturas respecto de amenazas al planeta. Se busca incentivar la inversión para transparentar su uso y concientizar a la población; en el caso de la agricultura se busca garantizar el precio para calcular el valor del producto final.

 

Los bonos sociales, verdes y sustentables han tenido éxito en la captación de financiación; a nivel mundial resulta importante destacar que los Estados Unidos ha confirmado su regreso en el Acuerdo de París, y hasta los grandes fondos de inversión están presionando a las empresas en donde son accionistas para que adopten medidas más eficaces para luchar contra el calentamiento global. Una revolución verde que abarca cada arista de las ciencias, sin descanso hacia una concientización y colaboración mundial, es la solución a implementar.