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Contratos inteligentes: lo que todo inversor debe conocer


Especial de Nicolás Litvinoff para el Diario La Nación

Tradicionalmente, las finanzas se manejaron con la relación peer-to-company (entre persona y empresa). Las inversiones financieras se concretaban a través de los bancos, las financieras, las sociedades de Bolsa y otras instituciones similares. El inversor confiaba y transfería esos fondos a la empresa en cuestión para obtener rendimientos a partir de sus ahorros.

El comienzo de la década pasada trajo novedades importantes: apareció un nuevo modelo de negocios implementado por Uber, donde las operaciones pasaban a ser peer-to-peer (de persona a persona), un vínculo más conocido como P2P, aunque bajo el paraguas tecnológico de un tercero que unía las partes interesadas, monitoreaba la operación, garantizaba que se cumpliera el contrato y se llevaba una comisión por su labor.

Debido a que la mayoría de las regulaciones se sostienen a partir del modelo anacrónico del peer-to-company, la modalidad de negocios P2P mejoró ostensiblemente la rentabilidad de las operaciones al reducir el peso de la burocracia y acotar las comisiones de los intermediarios financieros. Las fintech (empresas financieras con fuerte sesgo tecnológico) recogieron el guante y mejoraron las prestaciones en el ámbito del dinero, con lo que potenciaron las tasas de interés de las colocaciones a plazo de los inversores.

No obstante, como suele suceder con los cambios tecnológicos, el mentado P2P parece haber formado parte solo una transición temporaria hacia un esquema superador que venimos a presentar en la columna de hoy y se conoce como peer-to-contract: la posibilidad de operar no en relación a una empresa u otro inversor, sino mediante un contrato inteligente que posee características que lo vuelven sumamente confiable y potencialmente revolucionario en lo que refiere al manejo del dinero.

¿Qué es un contrato inteligente y cómo podés aprovecharlo en tus finanzas personales? Intentaré explicártelo a continuación.

Qué son los contratos inteligentes

Se los llama así, pero la verdad es que de inteligentes tienen poco o nada, puesto que no razonan ni toman decisiones. Un contrato inteligente es, en verdad, un contrato automatizado que fue previamente programado para realizar tareas específicas en función de los datos que recibe.

Una máquina expendedora de gaseosas y snacks podría ser una buena analogía para entender mejor de qué estamos hablando. Si querés comprar una lata de gaseosa que cuesta 80 pesos e introducís un billete de 100, la máquina expendedora te dará el producto en cuestión y los 20 pesos de vuelto. Está programada para eso. Si, a su vez, tiene un cartel que dice que no acepta billetes de 10 pesos, no importa cuánto insistas: si tenés solamente billetes de 10 no podrás realizar la compra.

Un contrato inteligente tiene esas características principales, pero además suma otras que lo vuelven único, como por ejemplo el de ser intangible y tener la posibilidad de ser colocado dentro de la blockchain, la tecnología de cadena de bloques que le da un carácter inmutable, transparente y resistente a la censura.

¿Sigue sin entenderse este nuevo instrumento? Probemos con un ejemplo real y bien concreto.

Cómo funcionan los contratos inteligentes en la actualidad

La Binance Smart Chain (BSC) es una cadena de bloques que soporta contratos inteligentes. Actualmente está registrando un crecimiento explosivo: pasó de tener 700 millones de dólares invertidos a comienzos de año a más 36.000 millones de dólares en estos momentos.

En esa blockchain hay distintos protocolos descentralizados compuestos por contratos inteligentes, entre ellos Venus.io, que tomaremos como caso de estudio para esta explicación.

Venus.io no es una empresa. Esto es, tal vez, lo más difícil de entender. Es un protocolo descentralizado, manejado por una comunidad que tiene tokens (unidades de valor) emitidos por Venus -que le otorga a cada uno de sus integrantes derecho a voto- y por una fundación conformada por ingenieros y programadores que conservan parte de esos tokens y que pueden ser recompensados por sus aportes con las ganancias que genera el protocolo Venus.io.

Dicho esto, desde el punto de vista fiscal sería muy difícil regular a Venus.io porque no tiene oficinas, sede central ni ubicación geográfica alguna. ¿Qué hace Venus.io? Lo mismo que un banco: toma y presta dinero, pero en vez de hacerlo con moneda tradicional lo hace con criptoactivos. ¿Qué pueden hacer los inversores? Colocar sus criptoactivos a cambio de una tasa de interés.

Otra diferencia con los bancos tradicionales consiste en que, cuando un inversor decide realizar una colocación en Venus.io de USDC (un stablecoin que cotiza como el dólar), no necesita abrir una cuenta ni presentar identificación de ningún tipo. Solo deberá conectar su wallet (billetera de criptoactivos) donde tiene los USDC y autorizar al contrato inteligente de Venus.io para que interactúe con su wallet sobre los dólares digitales que decidió invertir en ese momento en particular.

La autorización se emite en el momento de manera electrónica e inmediatamente se puede realizar la inversión en el contrato inteligente por el tiempo que el inversor desee. Esto significa que puede reclamar sus criptoactivos en cualquier momento.

Antes, el inversor puede investigar el contrato inteligente: previo a autorizarlo, se le mostrará una dirección que podrá copiar y pegar en la BSCscan (un scanner donde se refleja todo lo que pasa dentro de la BSC) para conocer la información necesaria. Allí, lo más importante pasará por el volumen de dinero que el contrato inteligente tiene invertido en ese momento. Si el volumen es importante, se puede decir que es un contrato inteligente que no presenta errores de programación y difícilmente un hacker puede introducirse y cometer ilícitos. Por otra parte, como Venus.io es un protocolo importante, contrata empresas auditoras que revisan exhaustivamente el código de los nuevos contratos inteligentes que se lanzan al mercado para descartar los errores conocidos como bugs.

Al momento de escribir esta nota, la tasa que se ofrecía por colocar los USDC era del 8,46% anual en dólares digitales, pero unos días antes estaba en el 14%. La tasa fluctúa según la oferta y la demanda.

Una vez que se confirma la operación, el contrato inteligente emite unos tokens vUSDC (la v es de Venus) que son transferidos a la billetera del inversor y que son los que tiene que entregar cuando desee recuperar sus USDC invertidos. Al mismo tiempo, si lo quisiera, podría invertir esos vUSDC en otros protocolos que le pagarán una tasa extra por ellos, generando un mayor rendimiento de su inversión.

El inversor también podría pedir prestado otros criptoactivos contra los USDC depositados para invertirlos en otras plataformas a tasas más altas que las que pague por el préstamo. Este tipo de estrategias se conoce como Yield Farm (algo así como cultivo de rendimientos).

Vuelvo a destacar los beneficios que considero más importantes de esta operación: seguridad (una vez que el contrato inteligente se coloca dentro de la blockchain, nada ni nadie puede modificarlo), velocidad, rendimiento y privacidad.

Venus.io cuenta en estos momentos con más de 11.000 millones de dólares invertidos en sus contratos inteligentes, una cifra impactante que muestra a las claras que el interés por este tipo de colocaciones crece en forma exponencial.

Conclusión

Son muchos los conceptos e instrumentos nuevos que abordamos en la columna de hoy. Lo habitual en las primeras aproximaciones a la materia es que el lector se sienta por momentos desorientado. El objetivo de esta nota es mantenerlo al tanto de las nuevas tendencias en finanzas y tecnología que todo inversor debería conocer. Así lo hicimos con el bitcoin allá por abril de 2013 y terminó convirtiéndose en una oportunidad única de inversión.

Contratos inteligentes, protocolos de inversión, finanzas descentralizadas (DeFi), criptoactivos y blockchain son solo algunas de las palabras que venimos mencionando en este espacio. Ahora pueden resultar extrañas, pero de a poco irán ganando terreno en el vocabulario de ahorristas e inversores.

Abrir la mente al nuevo mundo nos permite contar con más herramientas para generar ingresos pasivos y, a la vez, enriquecer nuestros saberes.