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La imparable fuerza del uno más uno

 La Argentina, sería mentiroso escribir “La República”, está sucediendo un fenómeno desconocido por estas últimas generaciones. Habría que remontarse a la Revolución de Mayo y a las guerras independistas para ver algo parecido.

 

Ese algo es una sociedad civil actuando de acuerdo a sus intereses, intentando y consiguiendo la mayoría de las veces imponer su voluntad, contraria a la del gobierno. Parecería que todavía los ciudadanos no son conscientes del fenómeno.

 

Los habitantes del territorio argentino, personas con algunos rasgos comunes están aprendiendo a gran velocidad la difícil e indispensable sabidurías que implica el ser ciudadanos. Rango de personas que tiene sus riesgos, riesgos que valen la pena.

El riesgo de asumirse ciudadano ante un gobierno con vocación dictatorial es grande y aun así están ejerciendo su derecho a “peticionar ante las autoridades”. Lo dice la Constitución Nacional y los argentinos están ejerciendo sus derechos.

Primero detuvieron la salida de los presos, luego la expropiación de Vicentin. El proyecto de reforma judicial con media sanción de un senado al servicio de Cristina Fernández quedó paralizado en diputados porque la ciudadanía lo exigió.

El gobierno, cuyo destino está estrechamente atado a la pandemia (el caso de la vicepresidente es aparte, ella lucha por su impunidad y la de sus hijos), no quería clases presenciales. Para el gobierno la educación no es prioritaria, no es esencial.

Los gremios, al servicio del gobierno, abogan por la educación virtual. La sociedad civil sabe que la presencialidad es indispensable para los chicos. Que estos deben socializar, que escuelas y colegios informan y forman para la vida futura.

Asociaciones de padres florecieron por el país, más de 50 y cuentan con más de 200.000 afiliados. Una fuerza fenomenal. Los medios se hicieron cargo del tema, la presión es imparable. Hoy el gobierno apura protocolos y habla de presencialidad.

Esta sociedad civil que ha tomado consciencia de sus derechos, que cambia sus aspiraciones de acuerdo a sus necesidades, es inmanejable para cualquier gobierno. Es bueno que así sea. No pueden manejarse con un líder, no los hay, defienden ideas.

Este es un año legislativo en el que se juegan demasiadas cosas en esta Argentina con vocación suicida, que debe reaccionar y volver a sus gloriosos inicios como nación. Se espera de la oposición la misma madurez que la de la sociedad civil.

Que los diferentes partidos y partiditos que no están de acuerdo con el gobierno que se dirige derecho al desastre, dejen de lado sus diferencias y formen un frente lo más amplio posible. Las discusiones en las cámaras, no antes de las urnas.

Si los ciudadanos pueden, los líderes políticos deben. Deben bajarse de sus egos, reconocer errores, ceder lugares, apostar a la ética y el conocimiento de los candidatos, prohibir los prontuarios y dar el ejemplo. Hay que equilibrar el senado.

Y para las asociaciones de padres y los políticos de la oposición, el pensamiento de Mariano Moreno allá por 1810: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones seguirán a las antiguas […] y será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos sin destruir la tiranía”. 

Malú Kikuchi