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La Bolsa advierte que "al mercado argentino hay que incentivarlo"

Incentivar nuestro mercado de capitales es estimular la transparencia, la formalidad, la protección al inversor, el empleo formal del trabajador, y con ello aumentar la recaudación de la Nación. Es la única fuente genuina de financiación de largo plazo para las empresas. 

De acuerdo con los registros de cuentas abiertas en Caja de Valores, sólo el 2% de la población activa posee tenencia de títulos valores. El 77% de las tenencias pertenecen a personas jurídicas y solo el 23% a personas físicas (el 0,4% de la población activa). 

El mercado de capitales doméstico opera localmente un volumen muy bajo respecto de nuestro PBI y de nuestra deuda expresada en títulos públicos. Nuestro desafío es convertir el rebote económico, o bien el crecimiento incipiente, en desarrollo. 

Para ello es esencial potenciar nuestras infraestructuras y así poder sostener ese crecimiento. Si se venden más autos, es imperioso generar más rutas; si se consumen más bienes y servicios, es necesario generar más energía; si se incorporan cada vez más personas a las clases medias, es necesario generar mejores medios de comunicación y de transporte. 

Ya es tiempo de desarrollar una mejor infraestructura y hablar de eso es hablar de inversión de largo plazo, más bien, de muy largo plazo. Y ésa es la tarea esencial de un verdadero mercado de capitales: crear los instrumentos para financiar la economía real. 

En un mundo cada vez más competitivo, que exige cada vez más solvencia, más transparencia, más integración, más seguridad para los participantes y, por sobre todas las cosas, más protección para los inversores minoritarios, el impulso al sistema bursátil argentino se convierte en una necesidad imperiosa a la hora de transformar el crecimiento en desarrollo. 

No existe país desarrollado sin un mercado de capitales desarrollado. Será imposible para la Argentina emerger del 40% de pobreza estructural sin el dinamismo del crédito a largo plazo. El acceso al financiamiento para las pequeñas y medianas empresas es un obstáculo importante en muchos países. 

La dificultad para obtener fuentes de financiamiento duraderas, con costos competitivos y a plazos razonables para poder llevar a cabo el ciclo productivo y proyectos de inversión, puede convertirse en la principal causa de “mortalidad” para las Pymes. 

La principal función de un mercado de capitales es reunir a quienes tienen dinero ocioso con aquellos que lo necesitan. Así, los inversores aportan sus ahorros para que las empresas crezcan, a cambio de una renta. De esta manera, los inversores participan de la economía real y las empresas se financian al más bajo costo del mercado. Cabe destacar que quienes compran estas acciones y bonos y asumen riesgos no son especuladores, sino inversores que en lugar de ahorrar en dólares invierten en empresas locales aportándoles financiamiento perpetuo. 

Si no existiera un fluido mercado secundario, este canal de financiamiento para las sociedades y para el Estado desaparecería. Hasta ahora, los pocos ahorristas que financiaron el déficit fiscal argentino, comprando bonos locales, perdieron con respecto a otros que decidieron ahorrar en dólares y financiaron así el déficit estadounidense. 

Si al que ahorra en la Argentina no sólo le aplicamos quitas de capital, sino que además le cobramos impuestos por tener esos bonos, y en cambio, al FMI, al Club de Paris y a los fondos buitre les pagamos hasta con punitorios, hay más incentivo para ser buitres que para ser ahorristas. Al mercado argentino hay que incentivarlo, no castigarlo. 

En la mayoría de los países desarrollados se cobran impuestos a la compra o venta si el inversor se queda en efectivo, pero si el inversor permanece invertido en activos locales, no se le cobra. Entonces, el gravamen es un incentivo para invertir, y por eso en dichos países los mercados financian la totalidad de sus respectivos PBI (o incluso los superan) y en nuestro país el mercado local sólo financia el 15% del PBI. 

La idea es brindar incentivos para que más empresas quieran abrir su capital, potenciando de esta manera su acceso al crédito a largo plazo. También es necesario incentivar la presencia del público minorista para demostrar que, en lugar de comprar dólares, invertir en empresas argentinas también es refugio de valor. 

Como ya se hiciera alguna vez, se podría desgravar parte de los impuestos a las ganancias a trabajadores en relación de dependencia, para que ahorren en activos argentinos y no en dólares. Incluso se podría pensar en una alícuota menor para las personas jurídicas que suscriban nuevas emisiones de capital con oferta pública listadas. 

Aumentaría así la transparencia y se facilitaría el cumplimiento de las reglas del juego a largo plazo, sin necesidad de afrontar la “volatilidad legislativa” que tanto confunde a los inversores.