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De-Fi y la rebelión del dinero

 

Especial de Nicolás Litvinoff para Diario La Nación

Pocas cosas resultan más gratificantes que sentirse entusiasmado con algo y poder compartirlo con otras personas que, probablemente, también se entusiasmarán.

Me pasó en 2007, cuando conocí la filosofía de inversión de Robert Kiyosaki, el autor de “Padre Rico, Padre Pobre”. A partir de aquella revelación, escribí decenas de columnas (¡y tres libros!) sobre cómo obtener ingresos pasivos.

Me volvió a suceder en 2012, cuando Facebook salió a cotizar en Bolsa. Lo vi como una oportunidad de inversión única y también decidí escribir para compartir mi visión. Las acciones valían 38 dólares entonces y hoy rondan los 300.

Pasen y vean de qué se trata.

Orígenes de las De-Fi

¿De qué estamos hablando? De criptoactivos. Por lo tanto, el origen remite indefectiblemente al Bitcoin, que hizo su aparición en enero de 2009 como respuesta a la crisis de las hipotecas en Estados Unidos, donde se desencadenó un dominó de quiebras que expuso las enormes fallas de los sistemas financieros centralizados. No obstante, el hito más importante para las De-Fi fue la aparición en julio de 2015 del Ethereum, del que les hablé en una columna publicada 3 años atrás. La creación de los Smart Contracts (en español Contratos Inteligentes) es la piedra angular del sistema de las De-Fi. Un contrato inteligente se programa para que sea capaz de ejecutarse y hacerse cumplir por sí mismo, de manera autónoma y automática, sin intermediarios ni mediadores. Estos contratos, sumados a la creación de los stablecoins en 2019, permitieron que todas las partes comenzaran a cuajar.

Un stablecoin es un criptoactivo que, a diferencia del Bitcoin, el Ethereum y otros está respaldado por dinero, commodities y demás activos le permiten reducir la volatilidad de su precio. ¿Cómo funciona? En el caso de un stablecoin de dólares, para poder emitirlo debe haber un dólar de respaldo detrás de la emisión. De esta forma, esa unidad de stablecoin se vuelve canjeable por un dólar en cualquier momento, con lo que su cotización debería tender a igualar al dólar.

En el presente, la industria de las De-Fi posee más de 22.000 millones de dólares circulando por sus redes, una cifra que se duplicó respecto de un año atrás y podría seguir multiplicándose, si es que termina recorriendo un camino similar al del Bitcoin.

Cómo funcionan las De-Fi y cuáles son sus ventajas

Lo primero que hay que entender aquí es que, al igual que el Bitcoin, se trata de activos que corren en un sistema descentralizado. Esto significa que no hay ni hace falta que haya reguladores públicos ni privados que garanticen la custodia y la transferencia de los activos digitales, sino que el mismo sistema lo hace mediante un mecanismo que combina incentivos económicos, encriptación y desarrollo tecnológico. Se trata de un sistema autosuficiente al que los gobiernos no pudieron aún prohibir ni regular debido a la ausencia de una cabeza visible y pasible de ser juzgada o limitada.

Para entender mejor esta ensalada de tecnología, ingenio y dinero, veamos las principales diferencias entre un sistema financiero tradicional y las De-Fi en lo que refiere al mercado de colocaciones y préstamos.

Mercado tradicional de préstamos y colocaciones: Se compone de tres actores fundamentales. El que presta capital y recibe intereses más la devolución del capital, el que toma prestado el dinero y paga intereses y capital, el banco que está en el medio y garantiza la operación. Las deficiencias de este sistema milenario que todos conocemos bien son: altos spreads y comisiones de los bancos que intervienen, riesgos propios y sistémicos, estafas, corralitos, mínimos de entradas, costo de mantenimiento de cuentas bancarias, difusión de información personal y la lista sigue. La diferencia entre el interés que se le cobra al que toma prestado dinero y el que se le paga al que lo presta la determina el banco, que gana más cuanto mayor sea esa brecha.

De-Fi: Necesariamente debe existir alguien que presta capital y recibe un interés y alguien que toma prestado y paga ese interés, pero hay una diferencia sustancial con las finanzas centralizadas tradicionales: no existe un banco en el medio que garantice la operación, sino una organización que corre sobre un protocolo montado sobre la blockchain y los contratos inteligentes. Esta estructura favorece bajos spreads y costos, resulta accesible para cualquiera que se anime a conocer la tecnología, no tiene requisitos, no obliga a exponer datos personales ni exige la apertura de cuentas bancarias. Los únicos requisitos pasan por contar con una computadora o smartphone y conexión a Internet. El interés que se cobra al que toma prestado y el que se le paga a quien presta lo determina automáticamente un algoritmo en función del ratio de tokens ofrecidos y demandados en cada mercado en particular.

¿Por qué hablamos de tokens? Porque aquí no se opera dinero sino, justamente, tokens, que pueden (y suelen) ser stablecoins atadas al valor de una moneda dura como el dólar o el euro, por lo que en la práctica se trata de “dólares sintéticos” o “dólares nube”.

Organizaciones como Aave crearon un money market (mercado de dinero) para tokens de Ethereum, stablecoins y Wrapped BTC (que es una forma de transformar los Bitcoins en tokens que posean más funciones para ser operados en el mercado De-Fi). Los tenedores de tokens que quieren ser prestamistas acuden a ese money market ofreciendo sus tokens. Esos tokens se envían a contratos inteligentes que ya tienen programados intereses, plazos y devoluciones de los tokens. Los tomadores de esos préstamos deben dejar en garantía otros activos que valen más que lo que están pidiendo prestado.

¿Por qué alguien pediría un préstamo en lugar de vender los activos que tiene y que debe dejar como garantía para obtener el préstamo? Esto puede ocurrir por diversos motivos: porque necesita dinero pero piensa que el precio de sus tokens subirá en un futuro y entonces no quiere venderlos, porque quiere retrasar el pago de impuestos a la ganancia de capital que significaría vender sus tokens ahora, porque quiere apalancarse (endeudarse) para hacer trading y buscar ganancias superiores a las que conseguiría con su capital.


Conclusión

Entiendo que para muchas personas buena parte de lo dicho aquí resulta difícil de comprender y que actualmente no están dadas las condiciones para ocurra una adopción masiva de las De-Fi en perjuicio de los bancos, pero a medida que la industria continúe creciendo las plataformas serán cada vez más amigables y fáciles de usar y entender. Lo principal que se debe saber es que los agentes económicos dejarán de confiar en los bancos e instituciones financieras centralizadas para pasar a confiar en protocolos y contratos inteligentes programables, es decir, en las tecnologías emergentes.

Al principio de la columna, repasé los momentos en que me entusiasmé con avances disruptivos y prometedores que terminaron generando resultados concretos. ¿Se subirán las De-Fi a la ola del éxito o son pura espuma? Lo iremos viendo con el tiempo. Lo cierto es que los riesgos de invertir en un mercado tan nuevo son altos, pero al paso que van las cosas difícilmente la tendencia cambie drásticamente y es probable que nuestros ojos vean cambios radicales en el exterior mucho antes de lo que imaginamos.

Seguiré atento la evolución de este nuevo y apasionante mundo para comentar los avances en futuras columnas. ¡Ustedes también pueden hacerlo!