BANCO HIPOTECARIO

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Monotributistas, autónomos y mipymes en zona de peligro

 Hace décadas que el país tiene cada vez menor volumen empresario por cantidad de habitante y un Estado que cobra más impuestos para sostener a los que se quedan afuera de la economía


En Argentina hay una pobreza intolerable, inflación, desempleo creciente, asistencia social récord y un Estado que gasta largamente por sobre sus ingresos, con un déficit fiscal que va a estar orillando el 8 por ciento.

Argentina va camino a tener la menor cantidad de empresas por cada 1.000 habitantes de América Latina. De acuerdo al Banco Mundial, Australia cuenta con 88 empresas cada 1.000 habitantes; Corea del Sur, 66; Chile, 58; Uruguay, 48; México, 34; Brasil, 25 y Argentina unas 14 empresas cada 1.000 habitantes. El 97% del volumen empresario argentino son pymes, pero muchas se han fundido en las últimas décadas. Tengo otra mala noticia, tampoco hay incentivos ni probabilidad de que se renueve la cantidad de empresarios pequeños y emprendedores por cada 1.000 habitantes si no cambian las reglas de juego. Además, a menor cantidad de empresas hay menos empleos y al crecer el desempleo es mayor la necesidad de asistencia social. La cuarta mala noticia ya la saben: en Argentina el gasto social representa más del 50% del gasto público y cada vez es más creciente.


Tenemos políticos que han destruido los manuales de la economía para hacer evidencia “acientífica” de que sus leyes en Argentina no se cumplirían y que ellos reescribiríamos el manual exitosamente.


En la década de 1990, mientras la región atravesaba por el Efecto Tequila, la convertibilidad y el Pacto de Olivos aportaban un nivel de informalidad para las transacciones de bienes y servicios récord. En 1998 se creó un régimen para incentivar la formalidad a un bajo costo a través de un régimen simplificado de pago de impuesto nacional único, obra social y aporte jubilatorio. Se lo llamó “monotributo”. El límite de facturación anual para pertenecer a este régimen fue de $100.000, que equivalían a USD 100.000. Con el tiempo, el régimen se transformó una trampa mortal para los emprendedores. Los límites no tenían formula de actualización y el paso al régimen simplificado, donde hay que pagar impuesto a las Ganancias, impuesto al Valor Agregado, Ingresos Brutos, impuestos provinciales y municipales, cada vez se acercaban más. Para la AFIP comenzó como una trampa con grandes resultados porque cada vez había más paso de emprendedores al régimen de responsable inscripto donde la recaudación es jugosa y cuantiosa. Pero como medimos los resultados por lo que queda hoy sin importar las consecuencias de mañana, nos hemos quedado con la menor densidad de pymes por cada 1.000 habitantes de América Latina, solo por debajo está Venezuela.


Hoy en el régimen simplificado del Monotributo el contribuyente no debe superar ingresos anuales facturados por más de $2.609.240 para la venta de bienes lo cual equivale a unos USD 15.170 tomando como referencia la cotización del dólar en el mercado paralelo, y no se deben superar $1.739.493 para la prestación de servicios, unos USD 10.100. Un régimen que se creó en el año 1998 con límite de USD 100.000, 22 años después no pueden superar los USD 10.000.


Las consecuencias son devastadoras para la generación de nuevas empresas, producción y empleo. El régimen de Autónomos tiene 400.000 contribuyentes. Son muy pocos por 3 motivos:


1 - Los que se pasan a este régimen se funden con los impuestos por los vaivenes de la economía argentina.

2 - Nadie se quiere pasar a este régimen por lo cual no genera ninguna inversión para crecer, solo sobrevive en la escasez.

3 - Los datos muestran que pasar a ser un mipyme es un castigo más que una bendición, crecer es un paso hacia adelante para dar varios hacia atrás incluso no poder continuar con la actividad e ir al cierre.

El empresario norteamericano Jack Welch, fallecido este año al comienzo de la pandemia, decía: “No puedes crecer a largo plazo si no puedes comer a corto plazo. Cualquiera puede administrar poco. Cualquiera puede administrar mucho. Equilibrar las dos cosas es administrar”. Hoy los emprendedores que están en el Monotributo no quieren crecer por que el salto es hacia el cierre en el medio de la pandemia, si son autónomos no pueden crecer porque la carga tributaria es enorme y no tienen espacio alguno para reinvertir utilidades en la adquisición de bienes de capital, incorporación de capital humano o tecnología para ser más productivo y competitivo en el tiempo. Mueren por la presión tributaria del Estado o fallecen por que esa presión no les da margen para la inversión y no pueden competir en el mercado.


El régimen del monotributo se actualizaba hasta ahora por la fórmula de movilidad jubilatoria de la gestión Macri que consistían en tomar 70% de la evolución de la inflación y 30% la evolución del salario. De aprobarse la nueva fórmula y continuar la actualización por esta vía tendría una doble inconsistencia:


1 - La fórmula se actualizaría por un mix de evolución del salario y la recaudación. Mientras la fórmula es para un pasivo, como el jubilado o pensionado, el monotributista es un activo por lo cual lo único que sirve es que se actualice por inflación.

2 - Ni siquiera el ajuste por inflación es suficiente para un régimen que arranco en USD 100.000 de límite y hoy es de USD 10000.

3 - Durante la gestión Macri se eliminó la exclusión de oficio para aquellos que superen el límite del régimen hasta febrero 2020 y la AFIP lo volvió a extender esa eliminación en la pandemia. De haberse pasado al régimen simplificado los emprendedores no hubiesen podido subsistir por la presión tributaria.

Todas las gestiones extienden como beneficio para los contribuyentes la “exclusión de oficio” que encubre una farsa que es la “inclusión de oficio” de acuerdo a la capacidad tributaria para extender los límites del régimen. Si volviésemos al año 1998, actualizado por inflación al día de hoy, el límite para pertenecer al régimen no debería ser menor a los 10 millones de pesos. Uruguay resolvió esta situación con un régimen simplificado con límite de hasta USD 500.000 para su sistema emprendedor con porcentajes de tributación de hasta 15% por escalas de facturación para cada caso. El resultado, como se ve en el informe del Banco Mundial, es que Uruguay tiene 48 pymes cada 1.000 habitantes y Argentina sólo 14.


Los beneficios para monotributistas, autónomos y mipymes cumplidores incluidos en la ley de moratoria no compensan los perjuicios de cada uno de estos actores económicos. Para el caso de los monotributistas que hayan cumplido con todos sus pagos desde enero de 2017 hasta el 26 de agosto de este año estarán liberados, durante el primer semestre de 2021, de pagar entre dos y seis meses del componente impositivo de su aporte, dependiendo de la categoría en la que estén ubicados. Los mismos, resignados a no querer crecer, están atados a un régimen de baja carga impositiva pero que no les permite despegar de su estadio actual. No quieren ni crecer ni emplear. Observan lo que sucede en el escalón siguiente de crecimiento: los autónomos. Para estos habrá una deducción especial que es un importe adicional equivalente al cincuenta por ciento (50%) de la Ley de Impuesto a las Ganancias. Ese inciso se refiere a la ganancia no imponible, hoy de $123.861,17. Nada para un emprendedor que no soporta la carga tributaria de ese régimen. Para los que murieron ingresando al régimen de responsable inscripto luego de 3 años de caída consecutivo de la economía no hay velorio ni interpretación política que no se puede continuar de este modo. Para aquellos pocos héroes y los que desafían a la economía argentina que son mipymes se habilitará la posibilidad de hacer amortizaciones aceleradas por inversiones en bienes muebles y obras de infraestructura que se hagan en el período comprendido entre el 26 de agosto pasado y el 31 de diciembre de 2021. Sin embargo, tendrán que pagar doble indemnización y tienen imposibilidad de despedir en pandemia hasta febrero de 2021. La presión tributaria hasta ahora no tiene reforma alguna en camino ni horizonte futuro para generar mejores condiciones.


La sociedad de acciones simplificadas, SAS, que permitían a un emprendedor inscribirse fácilmente para armar una sociedad fue regulada nuevamente este año por la Inspección General de Justicia limitando su accionar. La Asociación de Emprendedores de Argentina (ASEA) tuvo que presentar un amparo a fin de que se declare la nulidad por inconstitucionalidad de siete resoluciones que sacó la IGJ. El emprendedor argentino se tiene que ocupar que no le entorpezcan el poco movimiento de la actividad que tiene sino además ir a la justicia para que no le cambien las reglas de juego permanentemente. Las Sociedades de Hecho del régimen simplificado fueron eliminadas en la gestión Macri.


En esta columna se dieron muchas malas noticias para el sistema emprendedor y mipyme en Argentina. Pero hay una más, que es peor aún. El sistema político no parece estar al tanto de nada de lo arriba escrito, no le interesa, no lo entiendo ni le parece relevante. Hace décadas que tenemos cada vez menor volumen empresario por cantidad de habitante y un Estado que cobra más impuestos para sostener con ayudas a los que se quedan afuera de la economía. Es un círculo vicioso sin salida. Quienes desde la política entienden todo lo que se informó en esta columna porque alguna vez pagaron una quincena, ahora del otro lado del mostrador lo ignoran y hacen la vista gorda. Es mucho más fácil la vida con el cobro de los impuestos al otro que el riesgo.


Damián Di Pace