BANCO HIPOTECARIO

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Dólar: ¿Por qué se logró revertir el alza y cuál es la solución?

 Por Walter Graziano

El peronismo siempre termina dando sorpresas. Puede que algunas de ellas terminen resultando agradables y otras no. Pero de lo que no caben dudas es de su enorme capacidad de adaptación a ambientes hostiles. Vale el ejemplo de la economía argentina actual: tras 45 días de intentar controles varios y cepos diversos para intentar que las variantes libres del dólar no se vayan de las manos finalmente se decide por aplicar una batería de medidas que aún cuando no fue anunciada como tal, su indudable orquestación habla a las claras de un silencioso cambio de rumbo.

Más aún: un viraje de ciento ochenta grados. Hasta hace semanas nomás en el BCRA se estaba intentando calcular que nuevo “parking” había que aplicar a las operaciones de compraventa de bonos con el fin de pulverizar al “dólar Contado con Liquidación”. La intención era eliminarlo. Solo semanas más tardes, cuando comienza a quedar muy clara la inutilidad de ese tipo de medidas comienza el viraje que se inició con la brusca reducción de las restricciones a comprar o vender ese dólar. Posteriormente madura la idea de colocar bonos “dólar linked” y secar la plaza de pesos sobrantes. Prácticamente al mismo tiempo se toma la decisión de seguir recortando el otorgamiento de IFE concentrándolos solo en los más necesitados. Y casi en simultáneo se dispone que a partir de 2021 los ATP los recibirán solo las empresas de los sectores más dañados por la pandemia, por lo que quedan afuera del cobro del mismo una gran mayoría de los actuales beneficiarios. Tras ello, ahora se dispone restringir al máximo la emisión monetaria con fines de auxiliar al Tesoro. Si esto no es el principio de un fuerte apretón fiscal y monetario…¿Qué otra cosa es?

Por este camino las autoridades han podido -al menos de manera provisoria- revertir buena parte del avance de las diversas cotizaciones libres del dólar a punto tal que el dólar MEP quedó prácticamente igualado con el “dólar solidario”, ambos en los $139, y el “villano de la película”, el “dólar Contado con Liquidación” solo está un magro 4% arriba, en torno de los $145. Si alguien hubiera predicho estas cotizaciones hace tan solo unos 10 días atrás, probablemente se lo hubiera tildado de no estar en sus cabales. Frente a esto resultan inadmisibles los argumentos de quienes dan como causa de esta mayor estabilidad cambiaria supuestos “aprietes” y persecuciones a diversos operadores del mercado para que no haya operaciones. Quienes ahora lanzan esas críticas son precisamente los mismos que hasta hace solo semanas trataban con gran desdén el tema de los “aprietes” porque -según esos mismos economistas- nunca dieron buenos resultados para calmar las aguas, sino todo lo contrario.

¿Cómo es entonces que ahora se logra bajar el dólar merced a presuntos “aprietes”? El argumento no tiene pies ni cabeza. Todos los gobiernos del mundo desde la antigüedad hasta los que están por venir siempre se quejan e intentan ejercer presión sobre los mercados financieros cuando las cosas no salen bien. ¿O acaso los gobiernos liberales son la excepción a la regla? No, no son las presiones sino las medidas monetarias y fiscales las que producen la calma actual en el mercado de cambios. Es que la cantidad de dinero (M3) ahora está creciendo prácticamente al 0% y la expansión de pasivos monetarios del Banco Central es prácticamente nula. Ahora bien, lograda ya la calma en el mercado financiero el tema es como hacer para que este tipo de medidas cercanas a la ortodoxia no terminen de derrumbar la incipiente suba en el nivel de actividad que se estaba evidenciando. No olvidemos que la pandemia dista mucho de haber quedado atrás y que el colapso productivo del segundo y tercer trimestre es de tal dureza que muy difícilmente pueda ser compatible con medidas fiscales y monetarias muy restrictivas durante un tiempo muy prolongado.

Desde ya que si ha sido posible encarar este tipo de medidas sin más que muy tibios reproches de los actores económicos es precisamente porque es el peronismo quien encara este sorprendente paso hacia la austeridad. Ningún otro gobierno de ningún otro color político lo hubiera podido hacer. Ahora bien, el hecho de que haya sido factible tomar medidas ortodoxas sin caos social no quiere decir que las mismas no van a tener efectos negativos en la economía. Eso no se puede evitar por lo que resulta vital que el Gobierno encuentre cuanto antes la salida para poder manejar la economía sin tener que abundar más en esta clase de remedios que están altamente contraindicados en economías con señales claras de anemia como la Argentina.

Para que eso sea posible es sin embargo necesario ir un paso más allá y tomar una decisión que en circunstancias normales sería tildada de “super ortodoxa” e incluso de “vendepatria” pero que en las actuales circunstancias no lo es: acudir en busca de dólares frescos al Fondo Monetario Internacional.

Quienes reniegan de eso buscando como excusa que el expresidente Kirchner optó por devolver al FMI hasta el último centavo que se le adeudaba a ese organismo con el fin de liberarse de ataduras para poder realizar las medidas económicas que consideraba necesarias, olvidan que la actual coyuntura del país es muy diferente a aquella. En aquella ocasión el BCRA tenía más de u$s30.000 millones de reservas de libre disponibilidad que podían hacer desaconsejable seguir estando endeudados con el FMI cuando se le podía pagar sacándolo así del tablero de ajedrez económico y político argentino.

Pero las diferencias no solo son de cantidad de reservas externas. Hoy se trata también de madurar que el FMI no tiene nada que ver con aquel FMI de la sra. Anne Kruger que quería hacer sentir todo su rigor con Argentina para mostrar al mundo entero lo que le podría deparar el destino a un país que se comporta económicamente como lo suele hacer el nuestro. Kristalina Georgieva tampoco tiene nada que ver con la mefistofélica Christine Lagarde que dirigió al FMI hasta hace un par de años. Este FMI es un organismo que sabe perfectamente bien el tamaño del “off side” en que incurrió al intentar financiar a manos llenas la reelección del expresidente Macri. Y entiende bien que eso no tiene atenuantes, hecho que puede quedar en la historia financiera como una de sus páginas más negras por haberse alejado totalmente de los criterios presuntamente técnicos que supuestamente deben regir a ese organismo, interviniendo como nunca en la política interna de uno de sus países miembros con total desfachatez. El FMI tiene que lavar su reputación y sus culpas y para ello, otorgarle un crédito grande en condiciones sumamente favorables a la Argentina puede venirle de perillas sin demasiados costos.

Además, es necesario recordar que en 2021 vencen casi u$s.4.000 millones de deuda con el FMI. Para poder refinanciar ese vencimiento y los que operan con otros organismos internacionales de crédito va a ser necesario firmar un acuerdo con el FMI, por lo que se va a necesitar sí o sí un programa firmado con ese organismo y proyecciones de metas económicas cuantitativas. Por lo tanto, dado que de una u otra manera deberemos quedar comprometidos con el FMI, la gran pregunta es por qué no hacerlo por un crédito grande con una buena cantidad de dólares que sirvan para reconstituir las reservas para poder así aplacar más fácilmente a quienes temen locuras como hiperinflaciones o cosas por el estilo. Así quizás se podría evitar tener que seguir tomando medida ortodoxa tras medida ortodoxa en espiral sin solución de continuidad. Tanto el gobierno como el FMI saben muy bien que ello conduciría a un callejón sin salida. No sea cosa que por no atrevernos a ir a orar a la catedral misma de la ortodoxia, paradójicamente tengamos que terminar padeciendo el mayor ajuste ortodoxo de nuestra historia.



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