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Amigo, ¿me prestás 10 lucas?


Especial de Nicolás Litvinoff para el diario La Nación.

Casi todos, alguna vez en la vida, nos encontramos con un mangazo inesperado por parte de un conocido, familiar o amigo. Por lo general, no se trata de una experiencia placentera. Ni siquiera suele ser un momento fácil de atravesar. Nos puede impactar en lo emocional y en lo financiero, pero por más incómodos que nos sintamos, debemos brindar una respuesta rápida. Y ya sabemos que la ansiedad y el apuro no son buenos consejeros.

¿Cómo conviene responder? ¿Debemos acceder al pedido si está dentro de nuestras posibilidades monetarias para no resquebrajar la amistad o, por el contrario, debemos rechazarlo con argumentos que consideramos válidos? En la columna de hoy analizaremos el tema y propondremos algunas soluciones.

Escenarios posibles

El primer análisis parte de nuestra propia situación financiera. La respuesta será relativamente sencilla si no tenemos dinero para prestar. Con toda honestidad, contestaremos que nos gustaría ayudar, pero no podemos. Sin embargo, si los tambores suenan es porque hay fiesta detrás. En este caso, lo que está detrás es la convicción del solicitante del préstamo de que algunos ahorros tenemos para dar. Mentir en la respuesta está dentro de las posibilidades, pero no suele ser lo más aconsejable, en especial si el vínculo con la persona es estrecho.

Ahora bien, el dicho “por prestar dinero gané un amigo, por cobrarle lo perdí” se encarna en muchos de nosotros y todos queremos evitar el peor final: perder la amistad y el dinero al mismo tiempo. Como habrán notado por el tono de la columna, en contra de lo que afirman muchos, considero que no es aconsejable mezclar afectos e intereses. Eso de que está bueno trabajar con amigos en quienes uno confía y ser socios en proyectos donde ambos pueden complementarse, no está muy en línea con lo que sucede en la realidad.

Puede salir bien, pero cuando sale mal, sale realmente mal y el fracaso no responde tanto a la naturaleza del proyecto, sino a esa receta muchas veces tóxica que combina afectos con intereses. Es más, no hay que hurgar demasiado para encontrar historias de proyectos económico o artísticos sumamente exitosos que terminaron en disputas legales de ribetes bélicos. A veces, es el éxito y la dificultad de lidiar con él lo que genera diferencias irreconciliables en las parejas o grupos de amigos.

Lo dicho habla a las claras de que hay límites que no conviene superar si no se quiere poner en juego una amistad. En el caso que estamos analizando hoy, quien pone en riesgo la relación es el que solicita el préstamo, no quien recibe el pedido. Por lo tanto, debemos intentar conocer las premisas que guían su pensamiento para analizar mejor la situación.

Un razonamiento posible sería: “Para él/ella 10 lucas no es nada. Después veo cómo se las devuelvo.” Más adelante, “si le devuelvo ahora la plata me quedo sin vacaciones y él/ella no la necesita. Mejor se la devuelvo después.”

Por el lado del amigo/a que presta: “Le presté hace meses dinero y no me lo devuelve. Para colmo, con la inflación vale cada vez menos. ¡Estoy perdiendo plata por hacer un favor!

Para poder evitar los malos tragos, veamos algunas opciones a tener en cuenta.

La amistad en peligro

¿La amistad está en peligro a causa del pedido? Ya vimos que la respuesta es afirmativa, aunque hay una forma de resolverlo donde se desarma la lógica del pedido y el riesgo disminuye a cero porque las obligaciones se cambian por gestos. Por supuesto, depende de nuestra situación financiera, pero es la que más recomiendo. Si viene un amigo/a y nos pide 10.000 pesos, podemos explicarle que no tuvimos buenas experiencias en el pasado, pero que no queremos dejar de ayudarlo/a. En consecuencia, en lugar de prestarle todo el dinero que solicita, le regalaremos la mitad para que le resulte más fácil llegar al monto que necesita. De esta manera, si bien queda el antecedente del pedido en la relación, el afecto y los intereses no logran mezclarse. Por supuesto, puede que no estemos muy a gusto con la idea de regalar dinero, pero pocos sentimientos se comparan con la posibilidad de ayudar realmente a alguien por quien sentimos afecto y que, sabemos, necesita una mano.

El préstamo o nada

Si no se cuenta con el dinero para regalar, pero sí para prestar siempre y cuando se recupere, la persona que quiere ayudar debe evitar cometer el error más frecuente: evaluar si se acepta prestar o no el dinero en función de la relación existente. “¡Nos llevamos muy bien y lo quiero mucho! ¿Cómo no le voy a prestar!”. Tranquilo, amigo. En lugar de ponderar la relación, en la balanza lo que más debe pesar es la relación que el potencial deudor tiene con el dinero.

Un conocido que vivía de prestar dinero me dijo algo que me quedó grabado: “La gente piensa que un prestamista debe cuidarse de los tránsfugas que piden con la intención de estafar, pero se equivocan: muchas de las personas que no devuelven los préstamos son buenas y tienen toda la intención de hacerlo, pero su mala relación con el dinero se los impide y terminan debiéndole a cada santo una vela”.

El punto central no es si queremos mucho a nuestro/a amigo/a o no, sino cuál es su relación con el dinero. Si es buena, pero está pasando por un mal momento económico, entonces podemos prestarle con cierta tranquilidad. Si, por el contrario, vemos que siempre está a un paso del accidente financiero, entonces lo mejor será optar por regalarle una parte de lo que necesita o directamente decir “no” con argumentos válidos y, si es posible, consejos. Una buena amistad no debería verse afectada por el despecho.


El valor temporal del dinero

Asumamos que nuestro amigo es responsable en términos financieros y, por motivos puntuales, está pasando por un mal momento. Antes de dar el “sí”, debemos tener en cuenta que el valor del dinero va cambiando con el tiempo. No es lo mismo 1.000 pesos hoy que 1.000 pesos dentro de 3 meses. Si bien se trata del mismo monto, la inflación hace que el poder de compra se vaya reduciendo.

Si prestamos 10.000 pesos para que nos los devuelvan dentro de 3 meses, el dinero tendrá un valor adquisitivo terminado el plazo de aproximadamente 9.000 pesos de hoy (a un ritmo del 3% mensual de inflación) ya pérdida de poder adquisitivo se profundiza a medida que el plazo del préstamo se estira.

Acodar intereses con un amigo no significa ser usureros, sino buscar un trato justo para ambos. La inflación bien puede dictar las condiciones del pacto.

Las reglas son importantes

Aunque para muchos no sea relevante o resulte incómodo acordar de puño y letra la instrumentación de un préstamo entre amigos, considero esencial poner por escrito todas sus condiciones. Debe tratarse de una exigencia del prestamista, no por desconfianza, sino por necesidad: para evitar olvidos, malos entendidos o problemas con terceros que puedan entrar en la discusión.

Conclusión

Sé que la columna de hoy generará tanto adhesiones como enojos. Lo cierto es que no se trata de cuestionar el valor de la amistad, sino justamente de respetarlo. No hay necesidad de certificar las firmas en un pacto ante escribano público, pero sí conviene establecer un trato justo y claro.

Si la amistad está primero, ambas partes lo aceptarán.

No hay necesidad de certificar las firmas en un pacto ante escribano público, pero sí conviene establecer un trato justo y claro. Si la amistad está primero

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Nicolás Litvinoff
Director de Estudinero.org