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Dólar: los US$ 200 siguen en la mira, pero está definido cómo devaluarán

El Banco Central continuará con la venta a los minoristas. Y el Gobierno descarta un salto cambiario.


El ex ministro Jorge Remes Lenicov, que timoneó durante la crisis de 2002, hizo centro en el Club Político Argentino sobre uno de los problemas más sensibles de la economía argentina en tiempos de incertidumbre como los actuales.
Al referirse al caso argentino de 2002 y la superación de aquella crisis, destacó la presentación de un plan integral mediante un "shock" en los primeros dos meses basado en un tipo de cambio alto con fuerte control fiscal y monetario.
Esas tres medidas, enfatizó el ex ministro, generaron un efecto "confianza" que hizo posible el ingreso de entre US$15.000 y US$20.000 millones que "permitieron el financiamiento de la cosecha agrícola y la recuperación del consumo".
Al comienzo de la gestión, una parte de los funcionarios soñaban con aquella resolución para sacar a la economía del estancamiento aún corriendo el riesgo, al decir de Carlos Marx, de que la historia se repita primero como tragedia y después como farsa.
Para el Gobierno, el dólar oficial no está atrasado -"está 20% arriba de la primera devaluación de Macri", sostuvo un alto funcionario para defender al mayorista en $74,71- y la apuesta de estos días es descartar tanto un "salto a lo Kicillof" como el desdoblamiento en un tipo de cambio comercial para canalizar exportaciones e importaciones y otro financiero para el resto de las obligaciones externas.
Respecto de los US$200 mensuales de cupo para las compras de los minoristas, la tensión dentro del Gobierno sigue en ascenso.
El 1° de septiembre fue un día de compras masivas de los US$ 200 y la proyección del Banco Central es que nuevamente este mes habrá cuatro millones de compradores, muchos de los cuales tendrán el billete a $102,37 del "dolar ahorro" para venderlo en el "blue" a $127 para hacer un "pure" minorista que deja $4.926.
Con la ventanilla de los US$200 el Banco Central no tiene otra opción, en el contexto actual, que perder reservas, ya que la venta de divisas por parte de los exportadores es cuanto menos exigua.
La pregunta obvia es por qué Miguel Pesce mantiene abierta una ventanilla en la que siempre la demanda supera a la oferta. Y la respuesta la viene ensayando el ministro de Economía, Martín Guzmán.
Tanto el presidente Alberto Fernández como su ministro quieren defender a esos cuatro millones de argentinos de clase media, muchos de los cuales creen haberlos votado y, además, apuestan al cambio de expectativas sobre un salto del dólar una vez que se consolide el exitoso canje de deuda y se encaminen las negociaciones para un acuerdo con el FMI.
En el Central creen menos en las expectativas que en cuestiones contantes y sonantes.
Dentro y fuera del Gobierno la visión, según la larga experiencia del peronismo en crisis cambiarias, es que la oferta de divisas aparece cuando el Central demuestra con claridad que está ganando reservas. Con la banca cargada, el punto no le hace frente.
El tema es que hoy el Banco Central no recupera reservas, en parte porque los productores agropecuarios están a la expectativa de la evolución de la soja sube en el mercado mundial (está en US$353 la tonelada ante la debilidad del dólar a nivel mundial), pero también por la profunda incertidumbre que desató la caída de la cerealera Vicentin.
El otro argumento, que las autoridades descartan de cuajo, es que los exportadores estén a la espera de una devaluación a partir de suponer, con criterio, que una "brecha cambiaria" de 60% o más resulta insostenible por mucho tiempo.
Desde el Gobierno la respuesta es categórica: no habrá un salto cambiario como el que aplicó el tándem Axel Kicillof-Juan Carlos Fábrega en enero de 2014 porque generaría inflación y no alcanzaría a convencer a los exportadores para que liquiden divisas ni a los tenedores de billetes para que los saquen del "colchón".
En aquella oportunidad el dólar subió 22% al pasar de $6,52 a $8,01, el traslado a la inflación fue bastante veloz y la caída del poder de compra se hizo sentir rápidamente.
En el Banco Central aseguran tener en claro que una devaluación de aquellas características profundizaría aún más la baja de los ingresos ya potenciada por la pandemia y la cuarentena.
Entonces, ¿desdoblarán el mercado cambiario?, fue la pregunta obligada un alto funcionario que respondió, a título personal, con un "No" rotundo.
El quid de desdoblar el mercado, algo que también conoce el peronismo, es definir qué actividades van por el dólar "comercial" y cuáles por el "financiero", que costaría un 30 o 35% más que aquel.
Cuando se desdobla los exportadores lo consideran una sanción porque tienen que liquidar sus dólares por el precio más bajo y las empresas, un castigo enorme en el caso que deban pagar sus deudas al exterior por un dólar mucho más caro. Y en la situación de crisis actual todo sería más grave.
Por tanto, y como lo afirmó Alberto Fernández hace pocos días, la estrategia cambiaria continuará siendo la de atar la suba del dólar, devaluando el peso, a la inflación.
La política de Miguel Pesce viene siendo subir el oficial en torno de 2,7% mensual para evitar que se atrase y así seguiría a pesar de que por esa vía le pondría un "piso" a la inflación del mes siguiente. "En economía la felicidad absoluta no existe", comentó un experimentado banquero que apuesta a que la actualización sin saltos bruscos del dólar seguirá a rajatabla. Muchos tienen dudas.
Daniel Fernández Canedo