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Cristina Kirchner, al estilo de Amado Boudou en el Senado

 La vicepresidenta encabezó una sesión que sirvió para correr de sus puestos a jueces que la investigan o intervinieron en causas en su contra.

La vicepresidenta Cristina Kirchner marcó otro hito en la historia de la política argentina. Este miércoles presidió una sesión en el Senado en la que el bloque de senadores que la reivindican como jefa, con mayoría en el plenario de la Cámara alta, removió a un juez de un tribunal oral que debe juzgarla por uno de los casos de corrupción más escandalosos de la política nacional, la llamada Causa de los Cuadernos de las Coimas.

La carátula de ese expediente dice “Cristina Elisabet Fernández/ Asociación ilícita”. Ese juicio no tiene fecha de inicio, pero sí le fue asignado un tribunal oral en lo Criminal Federal para que desarrolle ese proceso. Es el número 7. Uno de los magistrados que lo integran es Germán Castelli.

En el orden del día de la sesión especial del Senado convocada por Fernández, con el número 203/20, se detalla que la Cámara alta trató el “Dictamen en el mensaje del Poder Ejecutivo, solicitando acuerdo para el traslado del Juez de Cámara de Tribunal Oral en lo Criminal N · de San Martin, provincia de Buenos Aires, al Tribunal Oral en lo Criminal Federal N 7 de la Capital Federal, Germán Andrés Castelli”.

En lenguaje más llano que el de la burocracia legislativa, esto significa que la mayoría automática K en el Senado rechazó votar el acuerdo para que Castelli empiece a desempeñarse en el Tribunal del caso Cuadernos, en el que ya está trabajando.

La sesión del Senado fue histórica, entonces, porque la titular de ese cuerpo, la vicepresidenta Fernández, presidió la discusión en la que los legisladores del partido de gobierno modificaron el tribunal que tendrá que determinar si ella es culpable de haber liderado la mayor trama de sobornos conocida y constatada en la Justicia nacional.

En la Causa de los Cuadernos de las Coimas, el juez Claudio Bonadio, y el fiscal Carlos Stornelli determinaron que la hoy vicepresidenta y su marido fallecido, Néstor Kirchner, fueron los jefes de una banda de funcionarios que usó al Estado para cobrar coimas multimillonarios de empresarios de la construcción y de obras viales, entre otros, para recaudar miles de millones de dólares que se habrían transportado a Santa Cruz en aviones presidenciales, y que luego se usó para enriquecer al matrimonio Kirchner y a sus funcionarios de mayor confianza.

El caso es diferente a otros porque no solo existen las anotaciones del chofer del ex ministerio de Planificación Federal sobre lugares, edificios, y cifras en las que se habrían cobrado esos sobornos, sino que también se sumaron empresarios a ese camino chequeado con diversos métodos de investigación, confesando haber pagado dinero negro a los funcionarios, varios de ellos también confesos de haber cobrado ese dinero.

Cristina permitió que sus senadores remuevan a Castelli, quien la está investigando en estos mismos momentos.

La sesión tuvo características similares a la de otra sesión del Senado con otro vicepresidente K enjuiciado en una causa de corrupción.

El 12 de agosto del 2012, el entonces titular de la Cámara alta, Amado Boudou, lideró el debate parlamentario que terminó decidiendo la estatización de la ex Ciccone Calcográfica, la imprenta de billetes que en ese momento se sospechaba que era suya. Luego, la Justicia determinó que Boudou y sus amigos habían comprado esa compañía única en el país de modo ilegal y fue preso por ese caso.

En aquel momento, algunos senadores de la oposición apoyaron con su voto la expropiación de la ex Ciccone. Otros denunciaron que se trataba de una maniobra que le permitiría al entonces vice garantizarse impunidad en un caso en el que se avanzaba demasiado con pruebas que terminaron siendo rotundas.

Cristina sigue el camino de Boudou, con otros métodos y otro poder.

Con el traslado impulsado por sus senadores, únicamente por ellos debido a que la oposición se retiró del recinto ante de que ocurran estos hechos, un magistrado debe juzgarla entrará en colisión con esa función.

Jamás había ocurrido un cruce de intereses semejante.

Castelli ya hizo declaraciones al respecto: “Si me quieren sacar que lo hagan a los empujones, delante de la gente”.

La Corte Suprema de Justicia resolverá el caso. Sea cual fuere el resultado de la acordada sobre el tema del máximo tribunal, Castelli ya quedó envuelto en una politización que no buscó de ninguna manera. Estrategia K.

Además de Castelli, los senadores K removieron de sus cargos actuales a otros dos jueces los camaristas Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, en una operatoria de gravedad similar.

Para el actual oficialismo, los traslados de los tres magistrados se realizaron por fuera de las reglas porque justamente no contaron con aprobación de la Cámara alta.

La Corte Suprema, sin embargo, los avaló cuando esos movimientos tribunalicios se realizaron, en medio de la instrucción de causas de corrupción que afectaron a Cristina Kirchner.

El oficialismo peronista ha incurrido en un descuido que tal vez no sea tal. De acuerdo a un análisis del Consejo de la Magistratura, los jueces que cambiaron de cargo del mismo modo que los tres que serían removidos por el Senado, eran trece en total.

La Cámara alta eligió tratar solo tres de esos casos.

¿Y los demás?

Por ahora, para la presidenta, del Senado, no son prioridad.

Nicolás Wiñazki