BANCO HIPOTECARIO

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Analistas preocupados por la semejanza con la crisis de 1857

La actualidad internacional parece haber superado la exuberancia irracional. Entre la crisis de 1837 y la primera Gran Recesión de 1873 el mundo vivió el Pánico de 1857, que guarda muchas similitudes con el momento actual.


La impresionante recuperación de los mercados internacionales, encabezada por Wall Street hace tiempo ya que empezó a incomodar a los inversores acerca de si no llegó la hora de tomar ganancias o salir “hecho” tras recuperar el valor de las tenencias. Ocurre que muchos advierten señales similares a otros históricos episodios de crisis o pánicos financieros. Es que basta con observar el recorrido de los índices. Por ejemplo, por la pandemia el Dow Jones se derrumbó desde los 29.420 puntos hasta los 18.591, luego se fue recuperando hasta los 27.272 y alcanzó un máximo de 29.100 puntos. Lo mismo en el caso del S&P500, que desde los 3.370 puntos se desbarrancó a 2.237 y luego empezó a revivir hasta los 3.232 y tocó máximos de 3.580 puntos. Todo esto en medio de la crisis sanitaria y económica mundial, que aún no finaliza. Quizás el Nasdaq es la prueba más virulenta de lo acontecido: se derrumbó desde los 9.718 puntos hasta los 7.000, pero luego empezó a trepar alcanzando zonas de 9.900/10.700 puntos y marcó récord en 12.420 puntos.
Todo el mercado ya recuperó lo perdido, salvo el tecnológico, que está más de un 25% por encima de la prepandemia. En las últimas jornadas se vienen sucediendo algunos ajustes de precios, sobre todo en el Nasdaq de la mano de papeles disruptivos como Tesla. No hay duda de que entre las inyecciones de liquidez de los bancos centrales, en particular la Fed, y la ayuda estatal a familias y trabajadores por la pandemia, donde la tasa de ahorro explotó ante las pocas chances de consumo y por precaución, se explica el flujo hacia los mercados financieros y bursátiles. Así y todo, algunos pregonan que en realidad la burbuja no está en las acciones, sino en el mercado de deuda. Esto a raíz de que entre los principales tenedores de bonos del Tesoro de EE.UU. detrás de inversores extranjeros, fondos de pensiones se colaron las familias estadounidenses. Algo ya se venía viendo tras el recorte del Impuesto a las Ganancias, que en lugar de ir a consumo se fue a comprar bonos. Al respecto, la tasa a 10 años de los bonos del Tesoro de EE.UU., cuyo promedio histórico es 4,6% anual, tocó mínimos de 1,6% y hoy deambula en el 0,6%.
El asombroso rally generó advertencias de todo el abanico de analistas, gurús y bancos de inversión. Pero nada detuvo el frenesí de la codicia. Pero ahora algunos analistas internacionales pusieron sobre la mesa de debate lo ocurrido hace 163 años, cuando comenzó el “Pánico de 1857” que como suele ser vino precedido por años de sobreinversión de bancos y fideicomisos de inversión, gran parte de ellos en infraestructuras terrestres y ferroviarias. En este caso el combustible para la especulación lo proporcionó un aumento en la oferta de oro. Luego un caída repentina en la disponibilidad de oro -debido al inesperado hundimiento del SS Central América con lingotes de oro a bordo- la caída de los precios de los granos y una importante quiebra bancaria en Ohio (Ohio Life Insurance and Trust Company) pusieron en marcha un mercado bajista prolongado y una recesión económica. La agitación política también fue un ingrediente, especialmente con respecto a la esclavitud, que luego conduciría a la Guerra Civil estadounidense.
Los historiadores hacen hincapié en que hay varios paralelismos con el Pánico de 1857, entre los que se destacan el miedo del mercado al coronavirus en marzo y los problemas políticos en EE.UU. Además, en la década de 1850 también las nuevas tecnologías estaban en aumento (por ejemplo, el telégrafo), había tensiones geopolíticas en marcha (la Guerra de Crimea acababa de terminar) y la abundante oferta monetaria junto con exuberantes acuerdos de inversión son también señales de estos tiempos. Hoy ninguna euforia ni récord bursátil encuentra sustento en los crecientes niveles de desempleo, el aumento del estrés crediticio, en medio de una emergencia sanitaria mundial y un caos político generalizado. Claro que en aquellos tiempos lejanos, las crisis y los pánicos se autorresolvían de manera malthusiana, ante la ausencia de lo que hoy se conoce como un banco central. Hoy la Fed, que explícitamente en Jackson Hole parece también “ir por todo” prometiendo más inflación, lo que dividirá más aun a la sociedad estadounidense entre aquellos que tienen acceso al capital y se benefician de la inflación de los precios de los activos (especuladores) y aquellos que tienen que vivir en condiciones de pánico con estrés crediticio, desempleo y aumento del costo de vida. También habrá un impacto intergeneracional ya que será más costoso, ante el deterioro del salario real, comprar una casa, pagar una universidad, financiar una jubilación y los gastos de salud. En este sentido, algunos ponen como ejemplo tanto el Split de Apple como el de Tesla, que vieron subir sus acciones un 30% cuando normalmente esto no impactaría mucho en los precios. Otros, en cambio, mirando la economía real, señalan que, por ejemplo, desde marzo los precios de la madera subieron un 250%. No hay ni boom inmobiliario ni caos en las cadenas de bricolaje o construcción doméstica, sino mera especulación. Muchos expertos han vaticinado colapsos, pero el mercado, por ahora, parece sordo. Más allá de 1857, está claro que los programas de estímulo se agotan, las quiebras y las reestructuraciones emergerán y las crecientes tensiones geopolíticas (Rusia-EE.UU. en el noreste de Siria, China-EE.UU. en el Mar de China Meridional, Turquía contra el resto en el Mediterráneo, junto con tensos juegos de guerra en el Báltico) están a la orden del día, mientras EE.UU. en medio de una elección presidencial muestra una sociedad agitada con reminiscencias de épocas convulsionadas.



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