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Para evitar un default, Alberto Fernández busca abrir negociaciones para un nuevo crédito con el FMI

A pesar de ser una de las decisiones más criticadas durante la gestión Cambiemos, el gobierno tomará deuda para pagar deuda. El objetivo es pedir fondos para poder mejorar las negociaciones con los acreedores extranjeros.

El presidente Alberto Fernández le dio una sorpresiva orden al ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, de no superar la última oferta económica a los bonistas, quienes en estos momentos evalúan la estrategia de llevar a la Argentina a un nuevo default en los tribunales de Nueva York.
La maniobra surgió de forma imprevista incluso para el propio Guzmán, quien ya había redactado el documento de prórroga de la oferta oficial para los acreedores internacionales. Fernández decidió no extender más los plazos y obligar a los bonistas a decidir si aceptan la oferta tal y como está o si llevan al país a una nueva situación de impago.
La posibilidad de que el mínimo necesario de acreedores acepten la última oferta es poco menos que utópica. Lejos del 70 por ciento de adhesión que necesita el acuerdo para ser válido, hasta el domingo el gobierno sólo había logrado un magro 40 por ciento. La imposibilidad de continuar con las negociaciones hasta el 28 de agosto, como estaba previsto, da por tierra con esta alternativa.
Conociendo la naturaleza cambiante del primer mandatario, desde Estados Unidos esperan un cambio de opinión de último momento. De lo contrario, sólo quedarán dos alternativas. El default o una figura conocida como “standstill”, que implica que se postergan las negociaciones hasta que una de las partes esté en condiciones de mejorar su postura.
Con el objetivo de que los acreedores acepten el “standstill”, el gobierno imitará la decisión del ex presidente Mauricio Macri e iniciará negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El objetivo es lograr un nuevo crédito con el organismo que permita al país fondear sus cuentas y, de este modo, volver a negociar con los bonistas desde una mejor posición.
Durante la gestión de Juntos por el Cambio, ésta fue una de las decisiones más criticadas por el actual gobierno. Se consideró, incluso, que era una “traición a la patria” pedir prestado dinero a tasas considerables y destinarlo, no a obras de infraestructura o inversiones estratégicas, sino a pagar deuda. Ahora, a poco menos de un año de haber asumido, Alberto Fernández repetirá la estrategia macrista y volverá a reunirse con Kristalina Georgieva, titular del FMI, para pedirle más dinero. Las tasas de interés, teniendo en cuenta la frágil situación de la Argentina, serán el punto más temido.