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Exclusivo: La planta flotante de gas licuado de Bahía de Macri y Dietrich amenaza a YPF con un quebranto de 50 millones de dólares

El proyecto emblemático de Macri y Dietrich para promocionar el regreso de la Argentina exportadora de energía, pierde 50 mil dólares por día.

En el verano del 2019, apenas a unos meses de la elección, Mauricio Macri anunció triunfal el arribo al puerto de Bahía Blanca de una planta flotante para procesar gas licuado (GNL) que permitiría a la Argentina industrializar el fluido que empezaba a entregar Vaca Muerta y volver así a convertirse en un exportador energético de primer nivel.

La iniciativa contaba con la participación activa de un ministro ajeno al área: el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, favorito de Macri en su etapa final en el poder.

El desembarco de la planta Caribbean FLNG, fue instrumentado por el abogado personal de Dietrich, Miguel Donadío. Se conocieron con el ministro en su juventud durante un posgrado y luego se volvieron a cruzar trabajando para la empresa arenera White Sea, que en el 2017 se hizo famosa por acopiar bobinas con cocaína en uno de sus galpones.

"Yo soy Dietrich pero también soy Macri. En el 2001 cuando estaba en Boca lo fui a ver y me recibió y me puse a disposición", repetía Donadío a quien quisiera escucharlo. En efecto, los vínculos eran intensos. En las elecciones del 2007 fue el candidato a intendente del PRO en Bahía Blanca, cuando el sello pasaba un mal momento en la provincia. Se presentó con boleta corta porque no hubo candidato presidencial y acompañó a Francisco de Narváez como candidato a gobernador.

En 2017 aquellos lazos se reactivaron y Dietrich lo nombró al frente del estratégico puerto de Bahía Blanca. "El gobierno local no juega en materia portuaria. La autoridad nacional es el Secretario de Actividad Portuaria", se jactaba Donadío. ¿A quién se refería? A Jorge Metz, primo hermano de Gladys González, senadora nacional de Cambiemos.

La decisión

Instalado en el puerto, Donadío se sumó a la decisión de Macri y Dietrich de impulsar la contratación de la planta licuefactora por parte de YPF, una decisión que se revelaría ruinosa para la petrolera con mayoría estatal.

En julio de 2018 empezaron los mails cruzados entre ejecutivos de alto rango de YPF, con distintos modelo de contrato. Los puntos álgidos de las discusiones documentadas son los costos y los plazos de la operación.

Finalmente, se impuso la presión política de la Casa Rosada y el contrato se aprobó, en una asamblea informada a horas de realizarse. Sin dar margen para mayor debate, se les anunció a los integrantes del Comité Ejecutivo que por contratación directa YPF y Exmar firmarían un contrato por 10 años de operación, con una inversión por parte de la compañía de aproximadamente 20 millones de dólares.

En el propio comunicado oficial de la empresa se destacó: "Si bien por cuestiones de estacionalidad es posible que el mercado aún requiera que se importe GNL en invierno, con este desarrollo, Argentina comienza a transitar un camino virtuoso". Lo cierto es que lo único que hizo este acuerdo fue agravar la carga financiera de YPF: la barcaza tiene un costo diario de 50 mil dólares.

El costo de la operación

Tener GNL listo para exportar implica una serie de costos previos. El primero es el del gas natural que se utiliza como base de la producción. Hoy la petrolera ubica su punto de equilibrio en la explotación de gas, en un costo cercano a los 3 dólares por millón de BTU (la unidad de medición del gas). Un precio inferior la hace producir a pérdida.

El segundo costo que implica la exportación de GNL es el transporte. Llevar el gas desde la cuenca neuquina hasta el muelle de Compañía Mega, en Bahía Blanca, suma 80 centavos de dólar por millón de BTU.

El tercer costo es el de licuar el gas. El proceso que se realiza en la barcaza alquilada por YPF a Exmar tiene un valor cercano a los 2 dólares por millón de BTU.

Contando sólo esos costos, la cuenta da un valor final de 5,80 dólares para el equivalente en GNL a la unidad estándar de métrica del gas natural.

Actualmente, el precio del GNL no sólo tiende a la baja en el mercado global, sino que incluso en las principales plazas del segmento se llegó a comercializar a fines del año pasado a valores cercanos a los 5,40 dólares por millón de BTU.

Ese valor ya es deficitario para YPF y todavía falta sumarle los impuestos nacionales y retenciones a las exportaciones que hoy están vigentes.

Analistas del mercado estiman que la petrolera estaría perdiendo con este contrato unos 50 millones de dólares. Situación agravada por la pandemia donde el negocio de exportar gas licuado prácticamente desapareció, por la baja demanda del fluido.