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Exclusivo: La intimidad de la histórica negociación de la deuda, frialdad de Trump y ayuda demócrata

El CEO de BlackRock, Larry Fink, fue clave. Se lo menciona como secretario del Tesoro si Joe Biden es presidente. Los llamados de la influyente senadora demócrata Elizabeth Warren. Massa y David Martínez.

Cuando en febrero, el CEO de BlackRock, Larry Fink, le señaló a los bancos asesores de la Argentina que el acuerdo se iba a lograr en los "mid-fifties" no se equivocó. Fue el valor alcanzado en al entendimiento firmado el martes por la madrugada entre las partes. Fink, demócrata, será probablemente el próximo secretario del Tesoro norteamericano si Joe Biden derrota a Donald Trump en las elecciones del 3 de noviembre. Su fondo administra 6 billones de dólares, 15 veces el PBI de la Argentina. Pero la medianoche del lunes el acuerdo estuvo al borde del fracaso, un fantasma que asomó en varias oportunidades.



Del lado de los acreedores, contrariamente a lo que mencionaron varios medios, la postura más agresiva no provenía de BlackRock. Inicialmente ese rol lo tuvo el "Exchange Bondholders", los tenedores de los papeles surgidos de los canjes en 2005 y 2010. "A mí ya me restructuraron mis bonos en el pasado; tengo mejores cláusulas legales para iniciar un juicio y Cristina Kirchner en 2010 prometió pagarnos" sostenían en marzo en las primeras conversaciones.Los tres grandes grupos de acreedores aceptaron la propuesta y se cierra la renegociación de la deuda 



El "Comité Ad Hoc", los fondos de "real money" entre los que se encontraba el propio BlackRock, contó inicialmente con uno de sus ejecutivos, el mexicano Gerardo Rodríguez Regordosa, a quien los bancos asesores calificaban como "un patotero". Venía de desempeñarse exitosamente durante 14 años en la secretaría de Hacienda de México. Su amenaza en mayo a Guzmán acerca de que "voy a hablar con tu sucesor" finalmente no se cumplió. Los bancos participantes en la transacción se sumaron al pedido argentino de separarlo de las negociaciones.

El mexicano Gerardo Rodríguez Regordosa fue el interlocutor inicial que puso BlackRock. Los bancos asesores lo calificaron como "un patotero". Su amenaza en mayo a Guzmán acerca de que "voy a hablar con tu sucesor", finalmente no se cumplió. 




Pero BlackRock siempre tuvo, independientemente de la dialéctica, una actitud lógica o razonable de que las conversaciones no podían fracasar. De hecho, el sábado por la mañana, el llamado de la sucesora de Rodríguez Regordosa, Jennifer O´Neill , a Martín Guzmán destrabó la negociación final. "Partamos la diferencia", fue el mensaje esperado. Las limitaciones entre esos acreedores de "real money" las ponía Ashmore, un fondo especializado en mercados emergentes que mostró siempre escasa flexibilidad.
El CEO de BlackRock, Larry Fink.
El tercer grupo, el Argentina Creditor Committee (ACC), contaba con poco volumen de papeles de la deuda, pero era el mas accesible para el gobierno. Los asesoraba UBS, entidad que quería que avance el acuerdo y lo integraban fondos cercanos a Argentina como Fintech y Gramercy que contaban con participación accionaria en empresas locales. Pero coexistían con otros fondos que no tenían esa situación.



Otro mexicano, David Martínez, de Fintech, tenía línea directa con Alberto Fernández y fue clave para convencerlo de que existía la posibilidad de un acuerdo en torno a los 50 dólares (siempre la oferta en valor presente y con un exit yield al 10%), algo que finalmente no ocurrió. Sirvió únicamente Martínez para acercar a la oferta argentina a una zona de definición. Los ACC se terminaron dividiendo y fugando a la megafusión de todos los acreedores hace una semana.

David Martínez de Fintech y cercano a Sergio Massa, tuvo línea directa con Alberto Fernández y fue clave para convencerlo de que existía la posibilidad de un acuerdo en torno a los 50 dólares, algo que finalmente no ocurrió. Sirvió para acercar a la oferta argentina a una zona de definición. 




Para envidia de los funcionarios argentinos, Ecuador en paralelo avanzaba y cerraba el canje de su deuda con Lazard también de asesor, y los mismos fondos acreedores del otro lado del mostrador. Ese país posee una economía más chica que la Argentina, dolarizada, el común denominador de una deuda insostenible. Su crisis se había desatado por la caída del petróleo; la crisis argentina viene desde 2018.Ecuador consiguió el aval del 98% de sus acreedores para reestructurar su deuda



El peor momento del proceso de reestructuración de la deuda argentina fue el 5 de mayo cuando Martín Guzmán difundió, en contra del consejo de sus asesores, la oferta que le había presentado BlackRock. Fue tras la pobre adhesión que había tenido su propuesta, 18 por ciento, con un valor de menos de 40 dólares. Pese a lo previsible de su fracaso, Guzmán nunca se imaginó tan baja adhesión. En ese entonces, la diferencia entre las dos puntas era de 65 dólares que pedían los fondos a los 40 que ofrecía la Argentina.



Martín Guzmán seguía enfrascado en su dogma de "sostenibilidad de la deuda", es decir, no pagar más de lo que la Argentina pueda hacer frente en los próximos años. Pero la realidad es que no se puede proyectar a más de un año en el país. ¿O estamos seguros de que, tras este acuerdo, no habrá un próximo default en 2028 cuando venzan 8.000 millones de dólares? La intervención del ala política ubicó al ministro argentino, quien quemó los libros y descubrió que en 40-45 dólares no iba a haber un acuerdo.
El mexicano davir Martínez de Fintech.



Pero, a decir verdad, Guzmán no era el único inconveniente. Junto a él se sentaba Sergio Chodos, representante argentino ante el FMI. Hijo de Gregorio Chodos, empresario de la Cámara de la Construcción en los años 2000, -con todo lo que eso significa-, es abogado e integró el equipo de Lavagna y Nielsen en el canje del 2005.



Sergio Chodos detesta a los bancos, a fondos de inversión, al FMI, a pesar de que ser representante argentino. Le desagrada Estados Unidos y la vida en ese país. Por ello pasa gran parte de su tiempo en Buenos Aires. Cuasi bolivariano. Esa desconfianza en los bancos hizo que recién en las últimas semanas se les diera participación a los bancos colocadores, HSBC y BofA, en las conversaciones.

Chodos fue un impulsor de aplicar la teoría del "pacman", es decir en sucesivos canjes, y reasignando aceptaciones de oferta, ir comiéndose a los bonistas. Esta combativa alternativa nunca se analizó seriamente, pero sirvió de amenaza.




La paranoia de Guzmán-Chodos hizo que por ejemplo esas dos entidades recién conocieran la fracasada oferta de abril minutos antes de que sea lanzada oficialmente. Inédito. En enero, cuando Guzmán fue al Council of the Americas en Nueva York le pidió a Susan Segal, la anfitriona, no sentarse al lado de ningún banquero. Es como ir a Disney en Orlando y evitar a Mickey y a Minnie.Redesignación, el atajo de Guzmán para eludir a BlackRock y cerrar el canje



Chodos fue un impulsor de aplicar la teoría del "pacman", es decir en sucesivos canjes, y reasignando aceptaciones de oferta, ir comiéndose a los bonistas. Esta combativa alternativa nunca se analizó seriamente, pero sirvió de amenaza.



¿Y el FMI? El organismo es nuevamente el ganador en la restructuración. Mantuvo su rol de acreedor privilegiado pese a una nueva andanada de críticas y presiones de fondos privados. La Argentina lo usó para no moverse demasiado de sus propuestas, algo que no tuvo demasiado efecto en la opinión de los acreedores. Rodríguez Regordosa cuando estaba aún negociando por BlackRock le aseveró a los funcionarios argentinos: "Olvídense del FMI; yo los cambio; Larry Fink habla con Donald Trump y baja la orden". Nunca ocurrió.



La postura inicial de los acreedores era más agresiva. Primaba el slogan de "no tienen un problema de solvencia, sino que es financiero; les pasamos los vencimientos unos años, les damos una ligera baja de tasas y hay acuerdo".
El Gobierno no cede en la oferta económica, pero aceptaría cambios legales que piden los fondos
Las cláusulas legales fueron otro capítulo en la negociación. Pero las dos partes las ponían como para mostrar que cedían y compensar con ganancias financieras. BlackRock inicialmente pidió contar con las cláusulas de los bonos del 2005, más ventajosas ante futuros defaults. Guzmán aceptó el fin de semana pasado actualizar las cláusulas a nuevos estándares internacionales a cambio de concesiones financieras. Hay que reconocer que el ministro fue evolucionando a medida que transcurrieron las semanas de negociación. Ayudó Lazard.



A lo largo de las conversaciones, nunca se mencionó a Cristina Kirchner. La vicepresidente tuvo poder de veto siempre. Nunca lo utilizó. La sensación, del lado de los acreedores, era que Cristina Kirchner apoyaba un acuerdo. Sabía del impacto político y económico de un default para las legislativas del 2021. Nunca escucharon la frase: "no me puedo mover porque Cristina no quiere".
Hay relación muy cercana entre Cristina Kirchner y Martín Guzmán. Cuando el ministro insistió en lograr esa carta de apoyo de economistas internacionales a su propuesta de abril, quien lo ayudó en la recolección de firmas fue Cecilia Nahón, ex embajadora argentina en Washington entre 2013 y 2015, muy cercana a Guzmán, y ahijada política de la vicepresidenta.

La vicepresidente tuvo poder de veto siempre. Nunca lo utilizó. La sensación, del lado de los acreedores, era que Cristina Kirchner apoyaba un acuerdo. Sabía del impacto político y económico de un default para las legislativas del 2021. Nunca escucharon la frase: "no me puedo mover porque Cristina no quiere". 




Sergio Massa hablaba en paralelo con todos los fondos norteamericanos. En un momento en que Guzmán-Chodos se pintaban para la guerra, en abril, tuvo un rol importante para que el mensaje de bonistas llegara sin ideologías a Alberto Fernández.



También ayudó Peter Orszag, CEO de FInancial Advisory en Lazard. Este ejecutivo, del Partido Demócrata, estuvo en la oficina de Presupuesto en la gestión Obama, y logró que Elizabeth Warren, precandidata a la presidencia por el Partido Demócrata, pidiera en twitter un "trato justo" para los acreedores de la Argentina, un mensaje para el "compañero" Larry Fink, otro demócrata. Fink obviamente no participaba del día a día de las negociaciones; sólo en las grandes decisiones. Por BlackRock además de Jenniffer O´Neill, discutía el ex banco central de Suiza, Philipp Hildebrand.



Orszag fue clave también para convencer a Guzmán de los beneficios de abandonar dogmas: el ejecutivo de Lazard tiene excelente relación con Joseph Stiglitz, el padre de la criatura. Jeffrey Sachs fue quien derrapó entre todos los economistas por sus declaraciones anti-acuerdo, anti-mercado y falsas promesas sobre el futuro de la Argentina.
Los demócratas Elizabeth Warren y Joe Biden.



Otro actor que ayudó al acuerdo fue el COVID-19. Inicialmente las conversaciones por zoom todo lo dificultaron. Es diferente estar todos los bonistas sentados en una mesa, Larry Fink en el piso de arriba, y observar el lenguaje corporal que verse todos en una pantalla de 15 pulgadas. Pero el COVID-19 sirvió para que Guzmán abandone sus proyecciones de largo plazo y la sustentabilidad de la deuda, lo que irritaba a bonistas en el inicio de las negociaciones. "¿Con la pandemia, no sabemos lo que pasará mañana y vos querés proyectar al 2038?", fue el argumento que terminó de borrar ese pensamiento de la mente del ministro.



¿Qué viene para los próximos días? Una alta aceptación a la oferta argentina, del 90%, y el inicio del camino más difícil para Guzmán. El FMI es más duro que los bonistas. Más con un país que tiene un rojo fiscal de 9% del PBI y que se financia con emisión. Al menos, tiene tiempo. Recién en 2022 existe un vencimiento impostergable. La saga continúa.