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La deuda en el centro de la escena: malestar oficial y silencio opositor

El rechazo de los tres principales grupos de acreedores externos a la última oferta presentada por el Gobierno repuso el tema de la deuda al tope de la agenda política. Hubo cierta sorpresa en la Casa Rosada, que rechazó la contrapropuesta de reestructuración de los papeles bajo legislación extranjera, pero no cerró totalmente la posibilidad de seguir negociando. El silencio fue la reacción dominante en la oposición, que buscaría así no agregar ningún condimento local de mayor incertidumbre, según sus voceros.
            La contraoferta de los acreedores es considerada de hecho como la primera propuesta conjunta del Comité de Acreedores de la Argentina (ACC, por sus siglas en inglés), el Grupo Ad Hoc y el Grupo Exchange, que en conjunto expenen capacidad para bloquear las tratativas.
            De acuerdo con los cálculos que trascendieron, la diferencia de posiciones sería de unos tres dólares por cada cien de valor nominal: la última propuesta argentina ronda los US$ 53,5 de Valor Neto Presente y la respuesta conocida ahora se ubicaría en los US$ 56,5.
            Alberto Fernández dio una primera respuesta a través de declaraciones públicas y dispuso que también el ministro Martín Guzmán saliera a ratificar la posición oficial. El argumento, como ocurrió en las anteriores presentaciones, es que el país no tiene capacidad de mejorar su oferta.
            “Nosotros hemos hecho la oferta posible, y es imposible que nos podamos mover de este último esfuerzo”, dijo el Presidente. Y agregó: “Como nosotros queremos actuar de buena fe, seguiremos discutiendo”.
            Guzmán se expresó en la misma línea. Dijo que la intención no es confrontar sino “resolver un problema enorme en el que se dejó a Argentina”. “Queremos resolver el problema. Fue con esa vocación que hicimos una oferta definitiva que incluyó nuestro máximo esfuerzo”, completó.
            En medios opositores, más allá de roces aislados y declaraciones restringidas por ahora a algunos de sus referentes económicos, la idea más difundida es evitar pronunciamientos y acompañar una salida que evite el default, según dejan trascender.