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Se cayó la careta

Hace un tiempo, después de las primarias y antes de las elecciones generales, tuve la oportunidad de hablar con una figura muy importante del mundo de las finanzas internacionales que me dijo lo siguiente, hablando de Mauricio Macri: "Nunca apostamos tanto, nunca nos fue tan mal". Esta es la sensación que quedó dentro del mundo de la inversión al final del gobierno anterior, tanto en la comunidad financiera privada como en la pública. Así quedaron los que deciden las corrientes de inversión de las que depende el país para mover su economía.

A continuación, sus principales conceptos:
  • Alberto Fernández, en el contexto de esa desazón, tenía un significado muy preciso para ese mundo: ofrecerse como alternativa a Cristina Kirchner. Ser la posibilidad tenue, dudosa, incierta de que no hubiera un reflujo de las políticas estatistas que dominaron a la Argentina entre los años 2003 y 2015 y, de modo eminente, entre 2007 y 2015.
  • La estatización de Vicentin es un cañonazo a esa expectativa, que era frágil, y termina de disolver la duda. El modelo que hoy domina al Gobierno, mentalmente, se asemeja muchísimo más a una reedición de aquel estatismo de la expresidenta que a lo que ambiguamente prometía Fernández. La careta se acaba de caer.
  • Esto lo percibió la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que manifestó su rechazo hacia la estatización, tras un amplio debate. Por su parte, la Unión Industrial Argentina (UIA) fue más contemplativa, menos drástica, respecto al anuncio del Presidente.
  • Esta novedad se produce en plena negociación de la deuda. ¿En qué consiste el negocio de los financistas, de los fondos que están negociando dificultosamente, lentamente, con el ministro Martín Guzmán? El corazón del negocio es recibir de Guzmán un bono que vale 55 centavos esperando que, por ese mismo acuerdo, haya una recuperación de la economía argentina y poder venderlo cuanto antes a 70 centavos.
  • Lo que sucedió con Vicentin es un cañonazo, porque deteriora las posibilidades de que este negocio se pueda hacer. La posibilidad de que haya una baja en el riesgo país, una baja en la tasa de interés que cobra no solo el Estado sino las empresas para financiarse, y que determina el valor de los bonos, queda descartada. Algunas incógnitas importantes se despejan. Lo que se impone es el modelo de sociedad que tiene en la cabeza Cristina Kirchner.
  • Vamos a rescatar algunos datos de cómo se llega hasta este momento y en qué problemas están Vicentin y Alberto Fernández. Vicentin es una empresa que invirtió muchísimo tomando una vasta cantidad de créditos. Se suele discutir respecto a si fueron racionales las inversiones que hizo en su sector. Hizo algunas muy importantes, como es el caso de Renova SA, que es una gran fábrica de aceite biodiesel de la que Vicentin tenía un 50%, en asociación con Glencore. Muy apalancada en el crédito internacional, local, con créditos de bancos públicos, privados y tomando un crédito de los productores, cuando llegan las PASO del año pasado, la empresa empieza a tener un inventario de problemas. Con la devaluación, con una perspectiva de que el nuevo gobierno podría subir las retenciones y con el estrangulamiento del crédito internacional para la Argentina, Vicentin entra en un problema financiero importante. Advertidos, el 2 de diciembre del año pasado, deciden vender a Glencore el 16% de Renova y dos días después, Vicentin les comunica a sus acreedores que no les va a poder pagar. Ellos, mientras tanto, se preguntan: ¿adónde fue la plata que Vicentin recibió de Glencore?
  • Desde el día que llegó Alberto Fernández tiene el tema Vicentin sobre la mesa, de esto hace 7 meses. Pero son los tiempos de este Gobierno, que tiende a postergar, demorar... Parece que Fernández es en todo así y también lo fue con Vicentin. El otro día ya hubo una referencia a esta misma situación, que puede caracterizarse con un verbo raro: procrastinar.
  • El Presidente empieza a mirar el problema y habla con alguien muy importante en este negocio de la soja y de las actividades a las que se dedicaba Vicentin, que es Roberto Urquía, líder de Aceitera General Deheza, una empresa bastante parecida a Vicentin, aunque da la impresión, mucho mejor integrada. Urquía es una figura muy importante en Córdoba, fue senador nacional, y es un hombre ligado al oficialismo y a Cristina Kirchner. Probablemente con aspiraciones de volver a la política como gobernador de esa provincia. Urquía manifiesta la intención de tirarle un salvavidas a Vicentin, de crear algún grupo para salvarla y quedarse con el 33% en Renova, que parece ser la joya de este conglomerado. Alguien le lleva esta propuesta al líder de la cerealera, Sergio Nardelli, y él contesta: "Yo antes de venderle a Urquía vendo la empresa". Una versión alternativa afirma que, en realidad, hubo una reunión cordial con la familia Urquía el 23 de diciembre, que no condujo a nada.
  • Un detalle a tener en cuenta es que el cuñado de Urquía es el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo. Posiblemente por eso Acevedo no tuvo el entusiasmo suficiente como para condenar el castigo a Vicentin. ¿Tendrá todavía Urquía expectativas en todo este revoleo sobre los activos de Vicentin de quedarse con algo de la empresa? No lo sabemos. Lo cierto es que la timidez de Acevedo para ir en contra de la estatización desató una gran polémica dentro de la UIA, porque había muchas empresas muy enojadas con lo que hizo Fernández con esta compañía.
  • Por su parte, Alberto Fernández no quiere hablar con Nardelli, y es ahí cuando el presidente de Vicentin toma contacto con José Luis Manzano, un experto en quedarse con empresas sin poner plata, quien le ofrece inyectar 240 millones de dólares con fondos de inversión que en el pasado estuvieron ligados a Cargill. Manzano tiene capacidad de lobby con el Gobierno, es amigo de Massa, puede llegar al BICE y al Banco Nación. Algo parecido había hecho Manzano meses antes con la generadora eléctrica llamada Araucaria y aparentemente a través de los mismos contactos que utilizó con Vicentin. Es una historia que está un poco en la bruma. Lo cierto es que esta versión de que Manzano quería ingresar a Vicentin es la que desata la ira de Cristina Kirchner.
  • La expresidenta estaba mirando Vicentin desde hace meses, precisamente desde febrero. ¿Por qué? Porque Ricardo Echegaray, el antiguo titular de la Afip, le avisó que la compañía estaba en llamas y que habría una forma de intervenir en ella, no estatizando, sino buscando que el Banco Nación como cabeza de los acreedores de Vicentin pida un interventor. Probablemente Echegaray ya tendría en la cabeza el nombre de ese interventor. En este contexto Cristina empieza a mirar el problema. Pero fue la semana pasada, cuando se entera del posible acuerdo entre Vicentin y Manzano, que le dice a Alberto que estatice ya, que Anabel Fernández Sagasti, la senadora por Mendoza tiene un programa de estatización para que lo realice con Matías Kulfas.
  • Atolondradamente el Presidente anuncia la estatización de Vicentin con una velocidad que evidentemente es más propia de Cristina que suya. Aquí no procrastinó, sino que decidió de la mañana a la noche. Por eso hoy está metido en un problema. La Cámpora en un primer momento emitió un comunicado adhiriendo a la estatización, a la idea de empresa testigo y de soberanía alimentaria. Pero, si se observa bien el juego, daría la impresión de que Máximo Kirchner no está del todo conforme con esta salida, ni lo estaba con la forma que se redactaron los decretos, lo que se tradujo en una actitud tímida en la mesa de decisiones. Si uno empieza a mirar después cómo se comportan los dirigentes de La Cámpora, se han llamado a silencio. O se bajaron de la revolución.
  • Matías Kulfas, el ministro de Producción venía hablando con la gente de Vicentin y estaba pensando en alguna articulación entre la empresa e YPF. Sin embargo, le impusieron la estatización desde la oficina de Cristina. Probablemente Kulfas tenga ganas de quedar bien con la exmandataria, sobre todo porque hay varios economistas dentro del Gobierno que están mirando el ministerio de Economía por si Guzmán se resbala en el tema de la deuda. Y es imposible hoy ocupar un ministerio sin el aval de Cristina.
  • Aquí hay un gran ausente que es el ministro de Agricultura, Luis Basterra, que no estuvo en la película, no apareció siquiera en la conferencia de prensa. Dicho sea de paso: en el anuncio tampoco estuvo Guzmán, que es quien tendrá que pagar Vicentin o absorber su deuda.
  • Lo curioso es que Basterra acaba de decir que no sabía lo del decreto y que no lo conoce, pero, como señaló el constitucionalista Osvaldo Pérez Sammartino, ¿cómo puede ser si se trata de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), que tiene que ser firmado por todos los ministros? Misterio. Basterra también dijo otras cosas raras como que había que intervenir Vicentin para que no se la lleve puesta Alfonso Prat-Gay. Otro misterio. No se conoce bien qué lee, qué información maneja, o qué sabe del sector para el cual es ministro.
  • Mientras tanto, se produce el anuncio de estatización y una crisis dentro de YPF porque el nuevo gerente general de YPF puesto por Miguel Galuccio- que es un competidor de YPF-, Sergio Affronti, no quiere saber nada con política y mucho menos con que se diga o se interprete que es alguien de La Cámpora, dispuesto a estatizar empresas.
  • Affronti había dicho hace una semana junto con Guillermo Nielsen: "Nosotros nos retiramos de cualquier negocio que no sea el petróleo y el gas". Ahora está viendo que en un proyecto de ley de estatización en el artículo 6 dice que todos los empleados de Vicentin se los transfieren a YPF. Con otro problema, si uno mira el objeto societario de YPF, no tiene nada que ver con granos y mucho menos con yogur y, como sabemos, una de las ramas de negocios de Vicentin son los yogures de Sancor.
  • Mientras tanto, hay gente que se pregunta: ¿Los que estatizan Vicentin entienden cuál es su negocio? Porque es un negocio de márgenes muy pequeños. Es el margen entre comprar el poroto de soja, molerlo y venderlo a una multinacional o venderlo a un cliente en el exterior. Ahora hay que conseguir que los productores le vuelvan a vender, porque hace meses y meses que no le venden, ya que la empresa está en concurso. Al mismo tiempo, ¿el Gobierno sabe que esos granos cuestan plata? Es decir, cuando se hagan cargo de Vicentin, al productor hay que pagarle los granos, ¿de dónde va a salir esa plata? ¿Guzmán tiene los recursos para empezar a pagar granos? ¿O confía en que le van a prestar los productores como lo hacían con Vicentin y están defraudados? Debe recordarse que Guzmán es el Estado. Es decir, somos nosotros.
  • En todo este problema hay un gran acreedor que es una asociación de cooperativas agropecuarias proveedoras de Vicentin, que son más o menos el 33% de las acreencias. Es decir, Vicentin tiene deudas con los productores asociados en cooperativas. Todo esto como vemos es un problema difícil de resolver para un Estado que no tiene recursos, y que no tiene demasiada inteligencia para manejarse en estos temas.
  • Claro, nos dicen que "lo que queremos para Vicentin es replicar el modelo YPF". Bueno, hoy, si uno mira la acción de YPF, el valor de mercado de la empresa es la tercera parte de lo que valía cuando entró Kicillof a estatizarla. Habría que ver cuál es el valor de los activos de Vicentin y más o menos apostar a cuánto van a valer dentro de ocho años, que es el tiempo que transcurrió desde la estatización de YPF.
  • Esta es una parte de la trama de problemas en la que se metió Alberto Fernández con esta iniciativa. Tiene otros. Tiene un problema político. En el fondo, cualquier político que esté mirando esta maniobra sobre Vicentin lo primero que piensa es en los votos. Muy probablemente haya menos votos para el Gobierno en una provincia que ya le es esquiva, como Córdoba, provincia sojera y agropecuaria por excelencia. Y ni qué hablar en Santa Fe, donde hubo un levantamiento, que lo paga su gobernador, Omar Perotti, que es un hombre que no suele tener ideas raras como estas.
  • La otra preguntas es: ¿Massa tiene el número de diputados? Ahora tiene que buscar votos para una estatización que va en contra de los intereses de su amigo Manzano. Massa dice, y puede ser cierto, que no tuvo nada que ver con esto. Pero necesita los votos. No los tiene.
  • Los votos con los que podría contar son los del peronismo federal donde están Eduardo Bucca, Graciela Camaño, Jorge Sarghini. Esos votos ya no están porque hay un proyecto de ley, que está elaborando un exsocialista santafesino, de la provincia de Vicentin, que es Luis Contigiani, que fue ministro de Producción de Santa Fe, para pensar otro modelo de solución para Vicentin que no afecte la legalidad. Porque es una empresa en concurso y el que manda es el juez del concurso que es el juez de Reconquista en Santa Fe. Roberto Lavagna hizo declaraciones haciéndose cargo de este proyecto de Contigiani y explicando muy bien cuál es la postura de su bloque, a partir de trabajos de los diputados.
  • Massa mismo, que sabe que el proyecto de estatización que le mandan desde el Gobierno no vuela, está imaginando otra salida, que es una estatización poniendo adentro a los productores; pagándoles la deuda con algo de acciones; pagándole a Vicentin lo que haya que pagarle, habrá que hacer la tasación, con algo de acciones; incluyendo a la provincia, al Estado nacional, armando una empresa más variada que una sencillamente estatizada y entregada a YPF. La petrolera a su vez tiene que crear una empresa para tomarla, porque no existe YPF Agro, que es una línea de negocios. Habría que crear una sociedad para que se haga cargo de Vicentin. Habrá que ver qué opinan los accionistas de YPF de eso. ¿Qué diría Mario Quintana de todo esto?: "Enorme falta de coordinación".
  • Todo esto se produce justo en el momento de una negociación de la deuda que se sigue demorando. Llega un plazo y Guzmán pide más tiempo y más tiempo y más tiempo. Se demora como el levantamiento de la cuarentena, como lo de Vicentin, como la reforma judicial, que tampoco conocemos.
  • En medio, declaraciones del Presidente. Hay mucha gente en el Gobierno que teme que Fernández hable demasiado. Habla muy improvisadamente. Este fin de semana dijo algo muy importante. Anunció que en algún momento en la postpandemia va a haber una "moratoria para todos". ¿Habrá pensado lo que estaba diciendo? Porque si yo me entero de que va a haber una moratoria, mi primer impulso es dejar de pagar los impuestos ahora, si los voy a pagar más baratos más adelante. ¿Era el momento de decirlo? ¿Las moratorias se anuncian con anticipación o cuando ya están lanzadas?
  • Guzmán sigue negociando. En las últimas horas tuvo aparentemente una oferta del fondo más importante, BlackRock, con el que tenía más conflicto. La gente de BlackRock comunica a Guzmán que estarían dispuestos a pagar 55 centavos por lo que él ofrece a 46 centavos. Guzmán estaría dispuesto a ir de 46 a 53. Quiere decir que estarían a una distancia entre 53 y 55, que sería el valor de mercado del bono. Lo que dice el bono en el papel es el mismo valor del bono que se está canjeando: no hay quita de capital. La cantidad de deuda argentina en relación con el producto va a seguir siendo la misma. Lo que se modifican son los intereses. El valor presente, pasó de 39 a 46 y ahora pasaría de nuevo de 46 a 53. En cada paso, en cada aproximación que hace Guzmán a los acreedores, quedan sobre la mesa, es decir, el Estado argentino se compromete a pagar de más, 5000 millones de dólares. Ya entregó 10.000 millones de dólares en lo que va de la negociación. Aclaremos que esto que hoy se está discutiendo entre el 53 y 55, cuando empezó la negociación en el mercado valía 25. El que contabilizaba ese bono a 25, si le dan 55, está más que duplicando el valor de lo que tenía. Es un gran negocio en un mundo que se desplomó.
  • Guzmán ahora está estudiando si le convence o no darle un estímulo a los acreedores agregando uno atado a las exportaciones, por eso es importante lo de Vicentin. Porque justo cuando él está hablando de seducir a los inversores con asociar su pago a las exportaciones argentinas, se le tira un cañonazo al sector exportador.
  • ¿Cuál es el problema de este bono atado a las exportaciones? Primero, es difícil de contabilizar, como pasó con el bono de Lavagna atado al crecimiento. No sabemos cuánto estamos pagando, pero fueron fortunas; tanto que ahora quienes lo tienen no quieren que se los quiten, quieren algo parecido. Segundo, si Guzmán está ofreciendo pagar más en la medida en que el saldo comercial de la Argentina mejora, hay que considerar que, normalmente, ese saldo mejora en la medida en que hay recesión. Por ejemplo, ahora, porque se importa menos, se fabrica menos. Quiere decir que en el futuro pagaríamos más en la medida en que crecemos menos. Cuando la economía argentina estuviera en un problema, el saldo exportable sería mayor y ahí estaríamos obligados a pagar más. Probablemente por esto no esté tan convencido Guzmán de ofrecer este bono.
  • Este bono tiene otra característica, si es que lo termina ofreciendo, y es una señal muy importante para todo el sector del campo. Si Guzmán se compromete a pagar la deuda atada a las exportaciones, se está comprometiendo a no tocar las retenciones por muchísimo tiempo. Olvidarse de bajar las retenciones. Ahora bien: el FMI, Kristalina Georgieva, que acaba de decir "los estamos esperando con los brazos abiertos a los argentinos para ofrecerles un nuevo programa", ¿admitirían ofrecer ese programa sin discutir las retenciones? Otra pregunta: estos 10.000 millones de dólares que entrega Guzmán para alcanzar un acuerdo, ¿el FMI los está computando en su diagnóstico sobre sustentabilidad de la deuda? ¿O ya la oferta de Guzmán no es sustentable, según los criterios que estableció el Fondo? ¿Guzmán está pensando que todo esto lo va a pagar con préstamos del FMI? ¿Le avisó a Cristina Kirchner las condicionalidades de esos préstamos? Mar de preguntas, pocas respuestas.
  • No es este el único problema. El problema es más general. El problema que vincula Vicentin con la deuda es conceptual. El bono que entregue Guzmán va a cotizar según lo que indique el riesgo país. Ese bono se va a poder contabilizar más o menos según la dinámica, el comportamiento, la salud o la fragilidad de la economía argentina. La idea de que frente a una crisis la Argentina responde interviniendo el mercado en un sector, restringiendo libertades, reduciendo el papel de la iniciativa privada es una idea que hace pensar en que el riesgo país aumenta y que, por lo tanto, el bono vale menos. Este es el problema en el que está Fernández cuando intenta arreglar la deuda y estatizar Vicentin al mismo tiempo. Pero es un problema mayor porque tiene que ver con el liderazgo político.
  • La máscara que se cayó es que en la medida en que la crisis se vuelve más visible, en la medida en que la economía entra en una recesión más dolorosa, en la medida en que el oficialismo empieza a asustarse por las posibilidades de tener un percance electoral, porque esta economía entra en un rumbo de crisis no pensada, interviene más Cristina. Cristina, que le había prestado el auto a Alberto, tomó el volante porque se puso nerviosa. Se cayó la careta.
Carlos Pagni