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Argentina pobre: las dos Cristinas, aquel récord de Menem y piqueteros al poder

De los números ficticios del 2013 a la incertidumbre actual. El Estado ya le da de comer a un cuarto de la población.

Si Cristina Kirchner no mentía antes y Alberto Fernández no miente ahora, el actual Presidente podría pasar a los libros como el administrador del deterioro social más abrupto de la historia. Según el Indec, en el primer semestre de 2013, la Argentina tenía sólo al 4,7% de su población debajo de la línea de pobreza. Cerca de dos millones de personas. Mejor que Alemania. Cuando el miércoles 30 de septiembre, el mismo organismo informe el dato correspondiente al primer semestre de 2020, la cifra se habrá multiplicado casi por 10. En apenas siete años.
Como actual vicepresidenta, Alberto Fernández podría atribuirle el (triste) récord también a su compañera. Pero tiene otro resguardo oficial a su favor: aún hoy, en el Indec puede leerse una leyenda sugestiva. Dice así: "Se advierte que las series estadísticas publicadas con posterioridad a enero 2007 y hasta diciembre 2015 deben ser consideradas con reservas".
Con decoro, recuerda que Cristina efectivamente manipuló los datos. El mejor registro "real" de las últimas décadas corresponde al año 94: menos de 18% de pobres. Menem lo hizo. Los pisos que lograron circunstancialmente los dos Kirchner y Mauricio Macri fueron similares, en torno al 25%. Aunque claramente la peor herencia es la que dejó el líder el PRO, por arriba de los 35 puntos.
Pero estas comparaciones y aquel enchastre estadístico K, en el que Axel Kicillof como ministro de Economía tuvo rol estelar -ordenó directamente que dejarán de publicarse los números-, serán apenas un consuelo para la nueva realidad. "Sin dudas la pobreza está aumentando", admitió días atrás a Clarín el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. "Va a estar más cerca del 50% que del 40%", calcula un dirigente K que trabajó en esa cartera durante los 12 años de Néstor y Cristina y volvió con Fernández. "Arroyo vino para ser el ministro del 2020 y terminó siendo el del 2002", resume.
El recuerdo de aquella crisis de principio de siglo va y viene en cualquier análisis de la situación social que se haga hoy. Pero los volúmenes de ayuda actuales son incomparables y explican -en buena parte- por qué no hay un estallido. De acuerdo a estimaciones oficiales, el Estado les da comer actualmente a unos 11 millones de argentinos, un cuarto de la población. Cuando asumió el nuevo gobierno, eran 3 millones menos.
El salto cuantitativo, pero sobre todo político, se dio con el macrismo. A fines de 2015, el Gobierno de Cristina repartía cerca de un millón de kilos de alimentos por mes entre los grupos piqueteros. Cuando volvió en diciembre de 2019, el kirchnerismo se encontró con un nuevo mapa: el reparto en volumen se había multiplicado por ocho. Las organizaciones que lo recibían y lo repartían superaban las 1.000. Con la pandemia, los números de esta intermediación siguieron creciendo.
Apenas asumió, el nuevo Gobierno sí llegó a implementar una transferencia directa a los beneficiarios: la tarjeta alimentaria. Entre 4.000 y 6.000 pesos por mes, a los padres o madres con hijos de hasta 6 años. Se repartió 1 millón de plásticos antes del coronavirus y se sumaron otros 400 mil beneficiarios, a los que se les deposita el mismo monto, pero en las tarjetas que ya tenían para cobrar otros beneficios como la AUH.
Hay al menos otras dos transferencias de plata para alimentos, pero indirectas. Una es el "refuerzo para merienda", también implementado durante el macrismo, y que representa unos 30 pesos por día por chico asistido. "Para que te des una idea, el Movimiento Evita debe haber recibido unos 800 millones de pesos sólo por este programa durante la gestión de Cambiemos. Y la CTEP de (Juan) Grabois, 300 millones. Contra 40 millones, por ejemplo, que recibió Cáritas en el mismo período por el mismo programa. Ahora, con la pandemia, se les permitió aumentar un 50% la cantidad de chicos beneficiarios", explica un ex funcionario, crítico del reparto, aunque concede que "el rol de las organizaciones, más el de la Iglesia, también es lo que permite que hoy no explote todo".
El otro desembolso de Desarrollo Social es para los intendentes de unos 30 partidos del Conurbano. Ya se programaron dos pagos para que ellos también compren y repartan alimentos: uno de 10 millones y otro de 20 millones de pesos para cada municipio. Es similar para todos, con mínimas excepciones: La Matanza, por lejísimos el distrito más grande, recibe el doble.
Tensión y pelea para 2023
La disputa por el manejo de estos fondos millonarios no se da sólo en el territorio. También tiene su correlato dentro de Desarrollo Social. La vuelta del kirchnerismo a la Rosada implicó el retorno al ministerio de los referentes de las organizaciones sociales, como Emilio Pérsico (Movimiento Evita) y Daniel Menéndez (ex Barrios de Pie). Los jefes comunales, que también tenían su espacio, sufrieron un golpe con la depuración que hubo tras el escándalo por las compras irregulares de alimentos. Algunos de los echados respondían a ellos.
El otro actor en la puja es La Cámpora, cuya terminal en Desarrollo es Laura Alonso. Se descuenta que esta interna por los espacios quedará expuesta como pocas veces en 2023. Ese año, debería producirse una renovación inédita de cargos en los municipios: la mayoría de los intendentes ya no podrá reelegir. Algunos se ilusionan con un atajo judicial que les permita un período más. Los piqueteros y los (no tan) jóvenes K creen que es el turno de ellos.
Eduardo Paladini