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La democracia argentina frente al desafío de una nueva emergencia

La democracia argentina cumple en el mes de diciembre próximo 37 años de vida. Al mismo tiempo, un largo ciclo de emergencia tiene lugar desde el año 1989 hasta la fecha presente con algunos breves interregnos entre 1999-2001 y 2015-2018 ¿Argentina en emergencia permanente, parafraseando al politólogo Hugo Quiroga? Casi casi.

Permítanme llevar a cabo un breve recorrido por las diferentes etapas de emergencia.

El recambio presidencial del 1989 (primera emergencia) se desarrolló en un contexto inédito en la Argentina contemporánea de ese entonces: por primera vez en la discontinua historia constitucional de nuestro país se producía la entrega del poder entre presidentes de distinto signo partidario: Raúl Alfonsín por la Unión Cívica Radical y Carlos Saúl Menem por el Partido Justicialista. Al mismo tiempo, un contexto sociopolítico signado por una crisis económica de carácter terminal (hiperinflación) y social (saqueos) y del modelo de Estado implementado en Argentina a partir de la Segunda Guerra Mundial dio lugar al replanteo de la noción misma de la transición, sustituyendo la reforma-reconfiguración del poder estatal al cambio político como problema central de la democracia.

La combinación de una coalición electoral frágil sustentada en acuerdos inestables, un contexto económico interno de recesión, restricción fiscal y rigidez cambiaria, un ambiente financiero poco disponible para la cooperación en un marco de severas dificultades y una rebelión social encabezada por sectores populares y medios constituyen los principales factores que desencadenaron la crisis de comienzos de siglo en Argentina y que culminó con la renuncia de Fernando De La Rúa el 20 de diciembre de 2001 y el comienzo de una nueva etapa de emergencia.

Entrado el 2020 nos encontramos frente a una nueva emergencia, en esta oportunidad resultado no ya de una catástrofe económica como en 1989, o social como en 2001, sino de una crisis sanitaria internacional resultado de una epidemia declarada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Tras la subestimación inicial de la crisis por parte del ministro de Salud, Ginés González García, el Gobierno de Alberto Fernández ha llevado a cabo una estrategia realista y enérgica para enfrentar la emergencia sanitaria, la cual ha comprendido colocar en un segundo plano al propio ministro: extraña paradoja de un Gobierno que reivindica la recuperación del ministerio. Como diría un conocido entrenador de la década del ‘90, la base está.

Digresión al margen, es incierto el resultado de la puesta en ejecución de esta drástica estrategia, en un contexto inesperado para un Gobierno con las energías puestas hasta ese entonces en la renegociación de la deuda con el FMI y los acreedores privados como eje central de su agenda pública.

La democracia argentina ha dado sobradas muestras de resiliencia a lo largo de estas tres décadas de desarrollo institucional y ejemplo de ello han sido las crisis militares de 1987-1990, la económica de 1989-1990 e institucional y social del 2001-2002: todas estas pruebas fueron en mayor o medida superadas de manera satisfactoria.

No obstante, cabe formular algunos interrogantes sobre el futuro de nuestro régimen democrático superada la emergencia sanitaria.

¿Asistiremos al establecimiento de un vínculo más cooperativo entre oposición y Gobierno, tal como el que se ha hecho manifiesto en estas últimas semanas, o al retorno de la confrontación?

¿Será esta crisis la oportunidad para un verdadero salto de calidad de la democracia argentina o para la reedición del círculo vicioso emergencia, surgimiento de líder decisionista, resolución de la crisis, generación de condiciones para la próxima emergencia, crisis y nueva emergencia sin solución de continuidad?

Los interrogantes sobran, las respuestas escasean, la emergencia apremia.
Para finalizar, pregunto a usted, señor lector, si recuerda aquellos momentos en los cuales nuestras preocupaciones transitaban por un posible escenario de default e hiperinflación en Argentina o un contexto internacional dominado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), la crisis de la democracia y los incendios sociales en América Latina.

No cabe duda: todo tiempo pasado fue mejor.



eleconomista