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¿Viene nueva Argentina o solo el verano?

Uno de los mayores riesgos para el nuevo gobierno es la suba impositiva a la clase media, además del campo y las retenciones. Y el cepo, que podría sumar tensiones, sobre todo si no afloja la inflación y se dispara la brecha con el blue creando todo tipo de problemas en la vida diaria y la cadena productiva.

Por cierto, no olvidemos que el modo que tiene el Estado de quitarle recursos a los ciudadanos, al mercado, no es solo la carga impositiva sino también la inflación -el exceso de emisión en tiempo real para cubrir gastos- y el endeudamiento que conlleva tasas exageradas.
Si no hay cambios, y aunque la inflación rebajó el salario real, parte de los trabajadores que en 2019 no pagaron Ganancias, el año próximo sí lo harán y los que estuvieron alcanzados pagarán más, según MR Consultores que toma como base un nivel de aumento salarial para 2020 similar al de 2019. Por este impuesto, el oficialismo perdió las elecciones legislativas de 2013 mientras el líder camionero se embanderaba bajo la consigna “el salario no es ganancia”.
Un supuesto acuerdo sobre precios y salarios que permita reactivar el consumo no parará a la inflación, en todo caso al IPC, y la suba de planes sociales, salarios y jubilaciones mínimas podrían traer una efímera distensión, que probablemente no alcance ni para pasar el verano. Y, por cierto, no queda claro quién va a pagar la cuenta.
Los impuestos, por el contrario, deberían bajarse. Y la generación de divisas como pretende Economía, se da de bruces con el cepo -el dólar abaratado- y la suba de las retenciones.
El ministro intentaría llegar al superávit fiscal primario y, de ese modo estabilizar la deuda. Según Eco Go, partirá de un rojo del 0,9 % del PBI que es de 3,9% si se suma el pago de intereses. El año que viene el Gobierno afrontaría vencimientos por unos u$s30.000 M con el sector privado. En 2021, u$s12.000 M y en 2022 y 2023, u$s32.000 M cada año ya que habría que empezar a devolverle al multiestatal FMI.
De aquí que es clave “reperfilar”, convencer a los acreedores de aceptar que no se les pague ni capital ni intereses en 2020-2021. No es descabellado pensar que el autodenominado comité de acreedores formado por un grupo de fondos -Greylock Capital, BlackRock, T. Rowe Price, etc.- que trabaja junto a bancos como BNP Paribas y el Citi, acepten que no se les pague durante dos o tres años y no estaría mal en tanto sea voluntario para los privados, el mercado.
Del total de la deuda externa de u$s270.000 M, unos u$s60.000 M corresponden a organismos multi estatales y u$s45.000 M al FMI que, irresponsablemente, no solo financió un plan económico a todas luces inviable, sino que, contra su carta orgánica, remitió a la Argentina alrededor del 50% de sus montos prestables, de modo que bien podría esperar y, por qué no, incluso aceptar una quita importante.
Por cierto, esto se da en momentos en que todo indica que las tasas a nivel global se estabilizarán para luego empezar a subir. Más de diez años de “lucha contra la crisis”, han llevado las tasas de interés a mínimos históricos e incluso negativas, después de más de 750 recortes desde 2008, lo que está deformando los mercados.
Al mismo tiempo, los principales bancos centrales están comprando bonos nuevamente, lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, y sabiendo que después de la compra de más de $12 B de activos financieros no se alteró la inflación.
Se pronostica que la Fed mantendrá estable la tasa en su reunión del 11 de diciembre y, un día después, el BC Europeo podría decidir permanecer en espera, mientras que el Banco de Japón haría lo mismo el 19 de diciembre.
Hacia el futuro, los operadores apuestan por subas de menos de 1 punto porcentual en los rendimientos a 10 años, mientras que J.P.Morgan ve la tasa de interés global promedio en 2% a fines de 2020.
Y ahora a los bancos centrales les ha surgido una nueva “amenaza” con las nuevas “monedas” privadas. “La efectividad del banco central ahora se ve desafiada por el aumento de la moneda cibernética privada”, según el jefe de asesores de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China. “Esto cambiará el juego”.
En fin, en cualquier caso, el “reperfilamiento” no es la solución de fondo, sino que el país deje de ser un gastador y deudor serial.
Por cierto, no se ve más la reja que encerraba a la Casa Rosada, y ojalá no se quede solo en un símbolo, sino que realmente sea el comienzo de una era de más libertades personales.
Alejandro Tagliavini
*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California